Los papis dejan a la criatura: el paso atrás de los fundadores de Google

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Larry Page y Sergey Brin dejan sus responsabilidades ejecutivas en Alphabet en un momento especialmente sensible para la multinacional, asediada por las regulaciones antimonopolio, los problemas con la privacidad de los usuarios y las acusaciones de discriminación

15 dic 2019 . Actualizado a las 20:59 h.

No está documentado oficialmente, pero las conversaciones de alcoba de Larry Page (East Lansing, Míchigan, 1973) y Sergey Brin (Moscú, 1973), los padres de Google, podrían pasar a la posteridad como las más rentables de la historia. Ambos compartieron cuarto en la prestigiosa Universidad de Stanford a mediados de los noventa. Allí habían coincidido para hacer el doctorado después de graduarse en Matemáticas e Informática siguiendo, en ambos casos, los pasos de sus progenitores. Y allí parieron el buscador de Internet más popular del planeta, una multinacional con ramificaciones en infinidad de sectores que los ha convertido en dos de los ciudadanos más acaudalados del planeta: la séptima y octava fortuna del mundo, según Bloomberg, con un capital conjunto de más de 126.000 millones de dólares.

Fue en aquellos días universitarios cuando alumbraron a la criatura. Se les ocurrió crear un motor de búsqueda, llamado originariamente BackRub, para ordenar toda la información que empezaba a transitar por la red. El suyo tenía que ser mucho más potente y sofisticado que los que por aquel entonces dominaban el panorama, principalmente Altavista y Yahoo. Trabajaron durante un año. Por supuesto en un garaje. Cuánto han dado de sí estas estancias por Silicon Valley... Se lo alquiló Susan Wojcicki, que luego sería esposa de Brin y vicepresidenta de gestión de producto de la multinacional. Allí idearon la marca definitiva, que nació de un juego de palabras a partir del término googol, un concepto matemático para referirse a un número que equivale a 10 elevado a 100.

 Y empezó el festival. En septiembre del 98 Google irrumpía como un tsunami en los ordenadores de todo el mundo y en poco menos de tres años ya era el buscador más utilizado por los internautas. En el 2002, los dos fundadores rechazaron una oferta de Yahoo por 3.000 millones de dólares. Habían aprendido la lección. En el 99, un año después del feliz alumbramiento, se habían propuesto vender su ingenio por apenas un millón de euros. No consiguieron comprador. Hoy, seguramente los dos sonrían con su mala fortuna.