Luces y sombras en el pulmón de la economía europea

Los analistas reclaman al Gobierno alemán un impulso a la inversión pública. Vaticinan que las exportaciones alemanas seguirán contrayéndose el año que viene mientras el consumo interno se mantiene al alza


Berlín / La Voz

Tras casi una década de crecimiento sostenido, la locomotora europea está de capa caída. La economía alemana ha escapado por los pelos de la recesión técnica, al cerrar el tercer trimestre con un leve repunte del 0,1 %, y los expertos creen que el frenazo se mantendrá por el momento. «El 2020 también será un año complicado para el país», reconoce el economista Uwe Burkert, que hace hincapié en las luces y sombras que rodean al país.

La razón principal de que el PIB germano haya dejado de crecer es el lastre que ha supuesto la guerra comercial entre China y Estados Unidos para sus exportaciones. Por no hablar del brexit, con el que Alemania ha perdido al Reino Unido como su principal socio comercial dentro de la UE. Las empresas reciben bastantes menos pedidos desde el extranjero, sobre todo las de la automoción y las de los sectores metalúrgico y químico.

 En los primeros nueve meses del año, los ingresos derivados de la exportación de mercancías cayeron un 0,9 %, al pasar de 997.000 millones de euros a 988.000. Es más, la Cámara Alemana de Industria y Comercio ha pronosticado que el batacazo continuará en el 2020. «La coyuntura global está muy debilitada y por eso hay muy pocos impulsos para las exportaciones», explica el presidente del Ifo, Clemens Fuest.

Todo ello ha repercutido en el mercado laboral, especialmente en los estados federados industrializados, como Baviera y Baden-Württemberg. Allí, consorcios de la talla de la química BASF y la siderúrgica Thyssenkrupp acaparan cada semana los titulares con sus despidos masivos. Con todo, el mercado se muestra estable. De hecho, en el mes de noviembre la cifra de parados se redujo en 24.000 personas y, según los cálculos del consejo de expertos del Gobierno alemán, el desempleo solo subirá una décima porcentual el año que viene, hasta el 5,1 %. Las dinámicas internas, en todo caso, son complejas. Muchas empresas han empezado a sustituir al personal fijo por temporales, como ya hicieron tras la crisis de 2009. Paralelamente, muchos sectores sufren la falta de mano de obra cualificada, como el de la ingeniería mecánica y electrónica, con unas 6.500 vacantes por cubrir. «O la construcción, donde esperar al menos seis meses para cubrir un puesto ha pasado a ser la norma», cuenta el analista Martin Müller.

La buena salud del mercado laboral, unida al aumento de los salarios y al hecho de que la inflación se mantiene en su nivel más bajo desde hace año y medio, con un IPC que se sitúa en el 1,1 %, ha incentivado el consumo interno, y nada indica que la situación vaya a cambiar en el 2020. Animados además por los bajos tipos de interés del BCE, los alemanes están gastando e invirtiendo más, sobre todo en construcción y productos financieros.

Sin embargo, el clima en los bancos está enrarecido. Muchos se preparan para cuando llegue el momento en el que sus clientes dejen de poder pagar los créditos que piden. «Porque la mala coyuntura nos deja sin apenas capacidad de reacción a la hora de intentar obtener más capital», plantea el jefe de la Caja de Ahorros de Baviera, Ulrich Netzer.

Por eso no son pocos los que apuestan por aumentar la inversión pública como única solución a largo plazo, incluso a pesar de tener que endeudarse y violar con ello el mantra germano del déficit cero. Los políticos socialdemócratas lo exigen desde hace tiempo, pero los conservadores, defensores acérrimos de la austeridad, se niegan pese a las claras deficiencias que presentan la sanidad, la educación y las infraestructuras del país.

No obstante, también la banca y la industria le achacan al Gobierno que, pese a unos ingresos fiscales récord, haya permitido que Alemania se quede muy rezagada en asuntos como digitalización, tecnologías, transición energética y lucha contra el cambio climático. «Hace años que se aprecian los riesgos sobre una economía cuyo modelo de crecimiento se basa solo en la construcción y el consumo. ¿Necesitamos más muestras de que es hora de cambiar?», sostiene Carsten Brzeski, analista de ING.

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