Jubilación, la meta que no han cruzado 8.000 autónomos gallegos

En Galicia, la jubilación media de un autónomo es de 597 euros ? Muchos amplían su vida laboral para mejorar su pensión ? En diez años, el número de mayores de 65 años se ha disparado un 71 %


El comercio, en su día especializado en novedades del menaje del hogar, parece haberse quedado atrapado en la historia. Al otro lado del mostrador, un hombre mayor deja pasar el tiempo. La realidad lo ha arrollado y él parece rendido. «Estoy esperando para poder jubilarme», confiesa con voz de resignación. Con 65 años sobradamente cumplidos, ¿a qué aguarda? Pues a lo mismo que una gran cantidad de autónomos gallegos: a conseguir un retiro digno.

Los datos son rotundos. En los últimos diez años, el número de autónomos de más de 65 años ha crecido un 70 %. Hablamos de unos 122.000 profesionales en toda España, unos 8.000 si nos ceñimos a la realidad gallega. ¿Qué ha provocado esta situación? Obviamente, hay quien decide estirar su vida profesional por el simple deseo de continuar en activo: disfrutan de su trabajo y se sienten en forma para seguir en plena faena. Pero no es la mayoría; de hecho, y a falta de datos oficiales al respecto, se calcula que este grupo representaría un 20 % del total. Según las principales organizaciones de trabajadores por cuenta propia, el caso más extendido es el del autónomo que se ve obligado a prolongar su vida laboral por una cuestión estrictamente económica, porque las cuentas no le dan. Y las razones de este fenómeno hay que buscarlas en la crisis que en el 2007 comenzó a sacudir los cimientos del sistema y del cambio de modelo laboral en el que todavía seguimos inmersos.

Tope mínimo

Pero vayamos por partes. Los autónomos son profesionales que tienen la potestad de decidir cuánto quieren cotizar a la Seguridad Social. El Estado marca un tope mínimo y otro máximo entre los que cada uno puede mover su cotización en función de sus propios criterios. Pero veinte años antes de la jubilación se acaba la posibilidad de subir la base de cotización, y esto es así porque de esos números va a depender la pensión. Así que si al cumplir los 47 años un autónomo está cotizando por la base mínima, así seguirá durante los siguientes veinte años siguientes. Su cuota será muy baja, pero otro tanto ocurrirá con su pensión.

«Os momentos máis violentos da crise económica colleron a moitos autónomos nos últimos anos de cotización. O rendemento económico dos seus negocios baixou e en moitos casos non puideron subir as súas bases de cotización», explica Eduardo Sabarís, presidente de UPTA. Eso oscurece el futuro de los trabajadores por cuenta ajena gallegos, que tienen las pensiones más bajas de España: el 45 % de ellos entran en edad de jubilación en los próximos diez años. Y a la mayoría, las cuentas no le van a salir.

Rafael Granados, de ATA, ahonda en la idea de estrangulación económica de los autónomos. «Los gastos de los negocios han subido, la rentabilidad baja, y es necesario recortar. ¿De dónde? Los pagos a proveedores hay que hacerlos. A los trabajadores hay que pagarles y hay que hacer frente a su cotización para la Seguridad Social. Así que el autónomo de donde recorta es de su propia cotización». Y con ello, suele estar firmando su condena a una «jubilación activa», un eufemismo tras el que se esconden, en muchos casos, historias de estrés, de agotamiento y de desesperanza.

Hay más casuísticas. «Está el caso de los autónomos por necesidad, gente que se vio expulsada del mercado laboral, que viene rebotada del régimen general y se convierten en autónomos porque no les queda otra. Los primeros años de un negocio no son fáciles, y el autónomo suele cotizar lo mínimo». Y en estos casos, esos primeros años coinciden con la etapa final de cotización, la que marcará la pensión a percibir. La sentencia está dictada.

«Están, tamén, os traballadores autónomos que iniciaron a súa vida laboral moi tarde, e que se atopan con que teñen que seguir en activo despois dos 65 anos para compensar», explica Sabarís. Él señala, también, un último caso: el autónomo que percibe la cotización a la Seguridad Social como un impuesto. Una losa que trata de aligerar cotizando lo mínimo. «Pero a cotización non é un imposto, é un dereito... É unha forma de aforrar para cando nos xubilemos, porque, malia todo, ninguén dá máis garantías que o Estado», explica Eduardo Abad desde UPTA. Considera que es necesario hacer una labor didáctica para trasladar a los autónomos la importancia de subir su base de cotización. Asociaciones como la suya, y como ATA, están en ello, explicando a los trabajadores por cuenta propia la importancia de hacer un esfuerzo en ese terreno. «Dende a Administración habería que facer unha campaña informativa clara para que os autónomos saiban que van percibir polo que cotizan, e que pasaría se subisen esa base de cotización», argumentan desde UPTA.

Un ejemplo concreto

Veamos un ejemplo concreto, el de un trabajador autónomo, nacido en 1954 y que se jubile tal día como hoy. Lleva 40 años cotizados, y en los últimos veinte ha aportado según la base mínima (944 euros), por lo que paga una cuota mensual de 283 euros. Percibirá por la jubilación 950 euros. Si su base mínima subiese a 1.140 euros, pagaría al mes 340, pero percibiría una pensión de 1.040. Y si optase por una base de 2.000 euros, las cuotas cada treinta días serían de 598 euros; su jubilación llegaría a los 1.627.

 

Elisa Estévez, autónoma que ha retrasado su jubilación 

«Durante muchos años pagué la cuota mínima; gran error»

La academia Elisa es una institución en Vilagarcía de Arousa. Y otro tanto se puede decir de la mujer que le da nombre: una empresaria con vocación de profesora o una profesora ansiosa por emprender y marcar su propio camino. Elisa siempre fue así, por eso hace casi cuarenta años alumbró un negocio: un centro de estudio dirigido a esos alumnos que necesitan un empujón extra en algunas asignaturas. Con el paso del tiempo se labró una fama y un prestigio que le llenaban las aulas. Y entonces ella decidió explorar nuevas vías y se lanzó al complejo mundo de la educación de adultos. La aventura, dice, marcha viento en popa. Y tiene garantizada la continuidad, porque al frente del barco, junto a Elisa, trabaja su hija.

La decepción

Con el relevo garantizado, y la edad de jubilación a la vuelta de la esquina, la empresaria autónoma fue a la Seguridad Social a preguntar de cuánto sería su pensión si optase por el retiro. Y se llevó un chasco. «Yo estuve muy mal asesorada. Durante muchos años pagué la cuota mínima», dice. Y eso la dejaba con una pensión muy reducida. «Mi marido está jubilado; entre los dos nos daría para vivir. Pero entre lo baja que iba a ser mi paga, y que me encanta lo que hago y el estar codo con codo con mi hija, sigo trabajando», relata. Elisa quiere «animar a todos los autónomos a que se informen. Que pregunten en sus gestorías, que vayan a la Seguridad Social. Y si tienen la posibilidad, que hagan una aportación más alta para tener una pensión digna», recalca. Esta vilagarciana considera que el colectivo del que forma parte es «el hermano pobre del país», también en lo que a información sobre sus derechos se refiere. «La gente tiene que apoyarse en las asociaciones», recalca. Y lanza un mensaje de optimismo: pese a todo, «ser emprendedor, ser tu propio jefe, es muy bonito».

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