Alberto Toril: «Conseguir un parque de generación limpio no es fácil»

Si se pudiese aplicar un término futbolístico a su caso, el suyo sería el de cedido. Hace dos años que este ingeniero industrial aterrizó en el equipo de inversiones de la Agencia Internacional de la Energía, localizada en París, procedente de Iberdrola para analizar las tendencias del sector energético desde una perspectiva financiera


Redacción / La Voz

Alberto Toril (Móstoles, 1988) habla con pasión de un sector complejo y en plena transformación por las exigencias de la transición energética y los retos medioambientales que afronta el planeta. Conversador inteligente y afable, hace unos días visitó Galicia para tomarse un breve respiro de un trabajo tan intenso como fascinante. Ingeniero industrial de formación, Toril es uno de los integrantes de un equipo de alto nivel dentro de la AIE que reúne a talento procedente de algunas de las mayores utilities del mundo. Antes de aterrizar en París, trabajó durante cinco años para Iberdrola en Oriente Medio en el diseño y desarrollo del centro de innovación de Doha (Qatar), en el que implementó mejoras en el ámbito de la digitalización de la red y la eficiencia energética.

—¿En qué consiste su trabajo en la AIE?

—Formo parte del equipo de inversiones de la AIE, se trata de un pequeño equipo ubicado dentro de la división encargada de la redacción y producción del informe World Energy Outlook, informe buque insignia de la agencia y el libro sobre el sector energético más vendido del mundo. Además de este informe, nos encargamos de otra de las publicaciones estrella de la AIE, el informe titulado World Energy Investment: en él analizamos tendencias recientes del sector energético desde un ángulo económico y financiero, cuantificando por un lado la totalidad de las inversiones de toda la cadena energética, desde la exploración y extracción de hidrocarburos hasta la eficiencia energética, pasando por el gasto en plantas de generación y redes eléctricas; así como de analizar los esquemas financieros que vertebran el sector. Como analista económico, mi rol dentro de la AIE está enfocado en estudiar estos comportamientos dentro del sector eléctrico, para después analizar y redactar los resultados en nuestras publicaciones.

—¿Cómo y cuando desembarca en la agencia?

—Formo parte de la AIE desde hace casi dos años, a través del programa de cesiones que la AIE establece normalmente con diferentes organismos públicos y empresas líderes dentro del sector energético y a través del cual se produce un intercambio de conocimiento. En mi caso vine cedido desde Iberdrola, empresa para la que anteriormente trabajé en Oriente Medio durante cinco años, en el diseño y la creación del centro de innovación que inauguramos en el 2018 en Doha, Qatar, y desde el cual realizamos trabajos dentro del ámbito de la innovación en los sectores de las renovables, la digitalización de red y la eficiencia energética.

—La AIE calcula que en cinco años habrá 100 millones de hogares con paneles fotovoltaicos. ¿Es esta la explosión definitiva de esta tecnología?

—En el último informe Renovables 2019, la AIE prevé un crecimiento de la generación fotovoltaica distribuida hasta los 530 gigavatios instalados en el 2024 en la totalidad de los sectores. Esto supone doblar la capacidad actual de solar fotovoltaica instalada a nivel global. Una gran inversión en la tecnología ha supuesto la semilla cuyos frutos veremos en los próximos años.

—¿Está España alineada con esta transformación del sistema?

—España será uno de los países, de la mano de Alemania, Francia, los Países Bajos y Turquía, que lideren las adiciones de capacidad renovable en Europa en los próximos cinco años. Hablamos de un incremento de un tercio de la actual, hasta los 209 gigavatios, siendo la energía solar fotovoltaica la protagonista de este crecimiento (con alrededor del 50 % en su versión distribuida). Los cambios regulatorios y la nueva propuesta sobre el autoconsumo tienen mucho que ver en estos números, y eso ha hecho que España ocupe en las proyecciones el segundo puesto en Europa en términos de capacidad renovable instalada en el 2024, sobrepasando a Francia.

—¿Por qué ahora? ¿Qué ha ocurrido para que asistamos a un bum de estas características?

—Hay dos hechos fundamentales. Por un lado, tenemos la tremenda reducción en los costes de fabricación y producción de los sistemas, producto innegable de las economías de escala tras años de inversión y desarrollo de la tecnología; pero por otro lado también facilitado en gran parte debido a la proliferación de políticas que favorecen y promueven la conexión a la red de este tipo de tecnología en diversos mercados. Todo esto hace que los costes finales de generación solar fotovoltaica distribuida estén por debajo de la parte asociada al consumo de energía en las facturas eléctricas de muchos países, convirtiéndola en una alternativa atractiva.

—Este furor por la fotovoltaica ha despertado interés a nivel residencial, pero su potencial parece aún mucho mayor para las empresas, ¿Es así?

—Es correcto, a diferencia de lo que se creía tradicionalmente, la generación fotovoltaica distribuida tiene su mayor exponente en el sector comercial e industrial. Esto es debido en gran parte a un mejor acceso a economías de escala, que permiten abaratar costes; así como a una mejor aproximación de los perfiles de consumo eléctrico de estos sectores con el de la generación fotovoltaica, coincidiendo ambos con el transcurso de la jornada laboral.

—El autoconsumo y el bum de la generación distribuida supondrán un reto en materia de redes. ¿Habrá que multiplicar las inversiones para permitir que el excedente se vuelque a la red?

—España cuenta actualmente con una red de transporte y distribución robusta y puntera, siendo además uno de los primeros países europeos en conseguir el completo despliegue de contadores inteligentes, los cuales son un elemento imprescindible para posibilitar cualquiera de las modalidades de autoconsumo fotovoltaico a las que nos referimos. Si bien es cierto que un despliegue masivo de generadores distribuidos podría conllevar la necesidad de refuerzos puntuales de la red, la alta digitalización de nuestras redes de distribución posibilita hoy en día tener todo tipo de información sobre la congestión y una operación proactiva, reduciendo en el otro lado de la balanza la necesidad de nuevas inversiones en muchos casos.

—La eólica ha vivio una profunda transformación tecnológica. Hemos pasado de aerogeneradores de apenas 100 kilovatios a máquinas de cuatro y cinco megas en tierra, diez en los parques marinos. ¿Asistiremos a una revolución similar con la fotovoltaica?

—En el último informe publicado el pasado mes de octubre sobre el futuro de la eólica marina (Offshore Wind Outlook 2019) hablamos de una reducción esperada de alrededor del 60 % en los costes de generación de esta tecnología en el 2040. Esto como bien señalas es debido a un desarrollo tecnológico en materia de turbinas, estructuras marinas y mejoras en los costes de financiación. No obstante, esto mismo ya ha ocurrido en la industria fotovoltaica. Desde la AIE observamos una reducción de hasta un 80 % en los costes de generación desde el 2010. La revolución fotovoltaica ya está aquí.

—¿Serán estos dos sistemas, el eólico y el fotovoltaico, los auténticos protagonistas de la transición energética?

—Ambas tecnologías son sin duda pilares de la transición. No obstante, conseguir un parque de generación limpio y libre de emisiones no es un reto fácil. Ambas tecnologías producen energía de manera variable, esto es, que finalmente dependemos de las horas de sol y viento para su producción. Para conseguir obtener lo que llamamos seguridad de suministro, necesitamos también de otras tecnologías; muy importante en el caso de España nuestro potencial hidráulico, que además nos aporta de un elemento imprescindible a la hora de hablar de energías renovables, el almacenamiento energético de larga duración.

—¿Qué papel le va a tocar jugar a España en esta transición? La posición en renovables es a día de hoy destacada en Europa.

—Por nuestra situación en el mundo y la excepcional geografía con la que contamos, somos un país boyante de recursos naturales que podemos y debemos aprovechar para producir energía limpia. Como comentaba, España es uno de los países de Europa donde se esperan mayores adiciones de energía renovable (segundo mercado en términos de capacidad total renovable instalada en los próximos 5 años tras Alemania). No obstante, es importante no olvidar que este tipo de energías de generación están mayoritariamente reguladas por algún tipo de contrato, lo que las hace muy dependientes de las decisiones que tomen nuestros gobernantes para garantizar un desarrollo estable y sano. La convicción debe ser clara.

—Sostiene el presidente de la patronal eólica que, en unos años, es posible que en España haya un excedente de generación. ¿Es posible?

—Como comentaba, es necesario una planificación regulatoria transversal para poder integrar de manera correcta todas las tecnologías renovables con las que contamos en nuestro parque de generación. Si esto falla, es posible que en un sistema ocurran dos cosas: o bien que la electricidad generada no sea suficiente para satisfacer la demanda de una región en un momento puntual (casos como el ocurrido en Australia hace un par de años); o todo lo contrario y que se produzca lo que llamamos vertido eléctrico, que supone tener un excedente energético no aprovechado. Si bien es cierto que hoy en día nuestro sistema necesita de una generación de respaldo en ocasiones puntuales de alta demanda, es necesario hablar de ese almacenamiento energético que comentaba, ya sea a través de nuestros embalses o de tecnologías como las baterías, que nos permitan acumular los excedentes en momentos pico y utilizarlos en estos momentos de necesidad. Además de esto, la eficiencia energética y la respuesta a la demanda adquieren un papel importantísimo a todos los niveles, permitiendo acomodar generación y consumo en la mayoría de las situaciones.

—¿Tener placas solares en el tejado de casa será un estándar en unos años?

—Es posible, el Código Técnico de Edificación establece desde el 2006 un mínimo de aporte solar para producir agua caliente sanitaria (ACS) mediante paneles solares térmicos. Incluso el documento HE5 incorpora una serie de indicaciones para la contribución mínima de energía eléctrica fotovoltaica en edificios de carácter comercial y/o industrial que cumplan unos requisitos establecidos. En el otro lado del globo terráqueo, California ha sido el primer lugar en el que actualmente es obligatorio la instalación de paneles fotovoltaicos en viviendas de nueva construcción. De momento no podemos prever el futuro, pero sin duda el desarrollo tecnológico y la transición energética en la que estamos inmersos nos puedan llevar hacia ese camino.

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