El usar y tirar se va a acabar: las alternativas al plástico que vienen para quedarse

La creciente concienciación sobre el medio ambiente está forzando una revolución en la forma de producir nuevos materiales con menor huella. El almidón de maíz, el aguacate, el agar agar o el bambú surgen como alternativas


Redacción / La Voz

Hace casi una década nacía en la India la empresa Bakeys. Desde su fábrica, y con poco más que las manos de su fundador, Narayana Peesapathy consiguió evolucionar hasta conseguir en el 2016 más de 30.000 euros a través de un portal de crowdfunding para llevar a cabo su proyecto: comercializar cubiertos comestibles para evitar la contaminación que generan «los 40.000 millones de cubiertos desechables» que se utilizan anualmente solo en Estados Unidos.

Sin llegar a estos extremos, desde los laboratorios de todo el mundo se trabaja para poder conseguir materiales que cumplan la función del plástico pero que tengan una huella medioambiental menor y así demostrar que el desarrollo económico es compatible con el desarrollo sostenible. Sin embargo, para que la rueda empiece a girar es necesario enfocar la formación en ese sentido, como apunta el director de la Escola Universitaria de Deseño Industrial, José Ramón Méndez Salgueiro. Desde su centro, en la Universidade da Coruña, aprovecharon el cambio del plan de estudios para «incorporar varias asignaturas específicas sobre el tema», reconoce. De hecho, en el catálogo de materias del grado se puede ver Reciclaje y Medio Ambiente o se puede encontrar en el currículum de las docentes de física su especialización en biopolímeros. Para Méndez, es básico que «los estudiantes sepan desde el primer momento a qué se están enfrentando» y además les ayuda a generar «una sensibilidad respecto al tema con la que ya abordan de forma diferente los proyectos».

Desde las bolsas del supermercado, pasando por los envases de comida a domicilio o los cubiertos desechables, el plástico ocupa más lugares en nuestros estantes de lo que podemos llegar a ser conscientes. Cada año acaban en los océanos unas ocho millones de toneladas de plástico, un material que, al no ser biodegradable, seguirá presente en el medio durante, en algunos casos, cientos de años, ya sea en su forma original o como microplásticos. Para paliar los efectos que supone esto en el medio ambiente, en los últimos años han salido diferentes alternativas biodegradables (que se descomponen por organismos vivos) y compostables (puede utilizarse como abono) como sustitutas del plástico. Con ellas se pretende reducir, entre otras cosas, la utilización de combustibles fósiles en el proceso de reciclaje debido a su elevado nivel de contaminación.

Algunos de los materiales sustitutivos más populares son el bambú o el almidón de maíz. El primero cada vez está más extendido en la fabricación de pajitas que, además, son reutilizables y se pueden lavar para alargar el ciclo de vida del producto. En cuanto al almidón de maíz, sus similitudes estéticas con el plástico pueden hacer arquear la ceja a más de un incrédulo. Los productos derivados de este bioplástico son especialmente utilizados en hostelería para crear envases de comida a domicilio ya que, al ser además compostables, se podrían tirar al contenedor orgánico junto con los restos de alimentos facilitando el reciclaje.

Entre la enorme lista de alternativas se encuentra también una sustancia que a los más acérrimos fans de Masterchef o de la alta cocina no les resultará extraña. Se trata del agar agar. Y es que, además de ser un gelificante utilizado para las cada vez más comunes esferificaciones, es también un sustituto del plástico. Esta sustancia se extrae de las algas y su polivalencia es, junto con la rapidez de biodegradación, su principal punto fuerte. Con el agar se pueden diseñar desde botellas hasta sacos de café e incluso algunas empresas como la laureada Evoware tienen envases comestibles que aseguran que apenas tienen sabor. 

Desde México ha surgido también otra alternativa al plástico. La empresa Biofase ha conseguido crear cubiertos utilizando huesos de aguacate, que sería todavía más respetuoso con el medio ambiente ya que la propia semilla no tiene una utilidad y es un desecho en sí misma a la que se le estaría dando otra vida.

Entre la interminable lista de bioplásticos están también los derivados de la celulosa, la caña de azúcar o la soja. Sin embargo, el uso de este tipo de materiales no solucionaría el problema medioambiental de golpe. Sin un cambio en la forma de consumo por parte de los individuos, la huella no se reduciría de forma drástica. Esto se debe a que el cultivo extensivo de los productos en base a los que se fabrican los nuevos materiales también tienen un impacto ambiental notable que no supondría una mejora sustancial directa.

Hacia la reutilización

A pesar de que el desarrollo de bioplásticos compostables es menos perjudicial para el medio ambiente una vez se ha utilizado el producto ya que podrá biodegradarse, estos avances tendrían que ir de la mano de un consumo más responsable centrado en productos reutilizables y no desechables cuya obsolescencia sea más tardía, como así constata Javier Aliste, del estudio de diseño Cenlitrosmetrocadrado, situado en Ames. «Uno de nuestros ejes es la sostenibilidad, centrándonos sobre todo en el ciclo de vida del producto, buscando que sea más largo y que tenga más durabilidad», comenta. Para ellos, «no es un esfuerzo, es una filosofía» buscar materiales para sus diseños más respetuosos con el medio ambiente. Desde el estudio reconocen también que hay «una sensibilidad creciente» por parte de los clientes y que el uso de materiales reciclables siempre aporta un «valor añadido».

Un proceso que afecta a empresas, ciudadanos y administraciones

Como recoge el informe El estado de los plásticos elaborado por la ONU, es necesaria la acción de empresas, ciudadanos y administraciones para que el impacto se reduzca de forma real. Como el propio estudio cita, «solo se han reciclado el 9 % de las 9.000 millones de toneladas de plástico que se han producido en el mundo», un dato nada alentador que obliga a tomar medidas cuanto antes. Según la ONU, los gobiernos deben garantizar una gestión eficiente de los residuos, así como aportar más recursos a las investigaciones sobre nuevos materiales. Igualmente, se muestran esenciales regulaciones para reducir el consumo de plástico como la medida recientemente adoptada en España de pagar en los establecimientos por las bolsas desechables. En cuanto a las empresas, en su mano está sustituir en la medida de lo posible los materiales más perjudiciales para el medioambiente desde el conocimiento de que su uso suele suponer un ahorro en materiales.

Por último, en lo tocante a las decisiones individuales, desde la ONU piden un esfuerzo para la concienciación sobre el problema y la importancia de la educación. Aunque desde el organismo supranacional reconocen que «no es posible ni deseable eliminar todo el plástico de la sociedad», saben que es necesario desarrollar materiales alternativos para frenar el grave impacto ambiental generado.

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