«La forma de financiar la renta básica es a través del IRPF»

Jordi Arcaróns, profesor de Economía Aplicada de la Universitat de Barcelona, es uno de los autores del trabajo investigador de referencia sobre la posibilidad de establecer esta herramienta en España


Redacción / La Voz

Profesor de Economía Aplicada de la Universitat de Barcelona, Jordi Arcaróns Bullich es, junto a sus colegas Daniel Raventós y Lluís Torréns, el autor de uno de los trabajos científicos de referencia sobre la posibilidad de establecer una RBU en España. Su investigación, recogida en el libro Renta básica incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa (Ediciones del Serbal, 2018), pasaría por una reforma radical del IRPF. Su objetivo, poner remedio a las crecientes desigualdades económicas.

-¿Pide el contrato social una revisión a gritos? Me refiero a que las crecientes desigualdades se manifiestan ya de forma preocupante en lo social, lo político, por descontado lo económico...

-Es un hecho incontestable que en la última década ha habido un aumento desenfrenado de la desigualdad y la pobreza. En el capítulo de la desigualdad, España ha ocupado siempre posiciones por encima de la vigésima en la ordenación de la UE-28 utilizando el índice de Gini en el período 2008-2017 (en tres de esos años la 26, en otro la 25 y en dos más la 24), según los datos que publica Eurostat. Con un valor medio en dicho período que se sitúa 7,5 puntos por encima de la media de los tres países escandinavos que forman parte de la UE-28 y cuatro puntos por encima de Francia y Alemania. En el capítulo de la pobreza, la media de la tasa Arope, según publica el INE, para el mismo período 2008-2017, se ha situado en el 26,8 % utilizando para su cálculo todos los hogares; en el 29,3 % para los hogares unipersonales y en el 50,2 % cuando se analizan únicamente los hogares monoparentales. El panorama, por tanto, no es nada halagüeño, la desigualdad en la distribución de la renta se amplía año tras año, al punto de que se ha abierto una brecha entre ricos y pobres realmente difícil de reconducir. En consecuencia, existe una necesidad de revisar algunos aspectos del gasto social que permitan una recuperación de esta situación.

-¿Por qué ha cobrado tanta fuerza el debate alrededor de la renta básica universal? ¿Será indispensable en el mundo que viene?

-Vistos los resultados después de la supuesta salida de la crisis que se inició en el 2008, el llamado estado del bienestar, en lo concerniente al gasto social destinado a paliar desigualdades y carencias o la mera receta del crecimiento, no parecen ser la solución. Por ejemplo, en cuanto a las cifras de paro, aun cuando han mostrado una clara recuperación en los últimos tres años, se observa que sigue existiendo una bolsa importante de desempleados, que se concentran en los perfiles más desfavorecidos que señala la tasa Arope. Según la EPA, desde el último trimestre del 2016 hasta el segundo trimestre del 2019 se ha reducido en un millón la cifra de parados, pero siguen existiendo más de 3,2 millones, lo que supone una tasa de paro que roza el 16 %. El problema es que si analizamos por grupos de edad estas cifras, vemos que para la franja entre 16-30 años, la proporción en lugar de disminuir ha aumentado en más de un punto porcentual, situándose muy cercana al 28 %. La creación de empleo no repercute en la población joven y una parte importante de los puestos de trabajo que se crean lo son a tiempo parcial. Es en este punto donde la renta básica universal (RBU) puede configurarse como una medida de política económica capaz de dar solución a parte de estos problemas, por supuesto a la eliminación de la pobreza y la exclusión social y a la mejora de la desigualdad en la distribución de la renta. Lo que no puede predecirse es si la va a hacer indispensable el mundo que viene, pero desde luego la coloca en una posición muy visible en este contexto. De RBU se habla en los círculos académicos desde hace más de 30 años, pero probablemente en los últimos cinco se empieza a conocer en muchos otros ámbitos, la proliferación de libros y artículos y también los experimentos realizados en distintos países son factores que han ayudado a popularizar el concepto.

-¿Es financiable la RBU? ¿Tiene el sistema recursos para sostenerla cuando las administraciones preconan lo contrario, el cada vez más estrecho margen para garantizar el estado de bienestar?

-La RBU sí es financiable, existen diversos modelos elaborados para España que así lo demuestran. Recursos también existen, pero el empeño en las últimas décadas por demostrar cuál es el gobierno que se apunta antes a reducir impuestos y, sobre todo, a reducirlos a los que más deberían pagarlos, es una de las razones por las cuales el estado del bienestar se empieza a tambalear. No hay estado del bienestar que pueda mantenerse sin impuestos, y sin el efecto redistributivo que esos impuestos generan. La presión fiscal en España sigue alejada de la media de los países integrantes de la UE a los que pretendemos emular y puede cifrarse, según Eurostat, en entre 6 y 8 puntos porcentuales. La lucha contra el gran fraude fiscal existente, pero también contra la elusión fiscal (aquella ingeniería fiscal que establece mecanismos para aprovechar vacíos legales para no pagar impuestos), la existencia de paraísos fiscales en los que se acumulan ingentes cantidades de dinero sustraídas al fisco (con una escasa oposición por parte de los gobiernos a combatir sus prácticas defraudadoras) ponen de manifiesto que recursos no faltan.

-Uno de los elementos centrales de la RBU es la incondicionalidad del cobro. ¿Por qué se propone en estos términos?

-Según la Basic Income Earth Network, la RBU ‘es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad, incluso si no quiere trabajar de forma remunerada, sin tomar en consideración si es rico o pobre o, dicho de otra forma, independientemente de cuáles puedan ser la otras posibles fuentes de renta y sin importar con quién conviva’. Por tanto, el principio de incondicionalidad es una de las partes más sustantivas de la RBU. Otro argumento muy importante es porque la incondicionalidad de la RBU permite diferenciarla de otros conceptos que podríamos agrupar dentro de la denominación de garantía de rentas, esto es, los conocidos subsidios condicionados a los pobres. Contra los cuales la RBU se muestra como una medida infinitamente más eficiente, puesto que elimina de raíz las principales carencias de dichos subsidios: la estigmatización por parte de quien lo recibe, la trampa de la pobreza en la que incurren y el alto coste de gestión y de desvío de recursos que conlleva su fiscalización.

-¿Cómo se financia una propuesta tan ambiciosa?

-Existen estudios y modelos que se han ocupado de investigar la viabilidad económica y la financiación de una RBU para España. El resumen es que la forma de financiarla debe ser a través de una reforma fiscal del actual IRPF, el impuesto que por definición debe ser el mejor instrumento para conseguir una más justa redistribución de la renta y, por extensión, para reducir su desigualdad.

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Sostiene una institución tan poco sospechosa de anarquista como la Cámara de los Comunes británica que en el año 2030 el 1 % de la población mundial controlará dos tercios de la riqueza del planeta. Su advertencia es la consecuencia de una carrera desenfrenada: desde el año 2000, el patrimonio de las grandes fortunas ha crecido a un ritmo del 6 %, mientras el del 99 % restante lo hacía al 3 %. El aviso de los legisladores británicos no es en absoluto aislado. Organismos como el Foro Económico Mundial o el FMI, bancos como Credit Suisse, consultoras como Capgemini y por supuesto Naciones Unidas han alertado sobre la creciente desigualdad, sobre la concentración del capital en muy pocas manos (ver gráfico adjunto) y sobre los riesgos que ello implica para sostener las democracias modernas. Y es en este contexto en el que ha empezado a ganar enteros un debate con varias décadas de vida, pero que hoy tiene más altavoces que nunca: la posibilidad de crear una renta básica universal (RBU).

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