La comisaria de la patata caliente

Cecilia Malmström dejará en unas semanas la cartera de Comercio en plena guerra de aranceles con Estados Unidos


Redacción / La Voz

Se va en unas semanas. No antes del 1 de diciembre, eso sí. Y el legado que deja sobre su mesa es de los de echarse a temblar. Nada más y nada menos que una guerra. La que enfrenta a Estados Unidos y la Unión Europea y que tiene en el sector agroalimentario español a uno de sus principales rehenes. Así que hasta entonces, es ella, la actual comisaria de Comercio, la sueca Cecilia Malmström (Estocolmo, 1968), la encargada de defender los intereses de los damnificados por la decisión del siempre polémico Trump de elevar un 25 % los aranceles de una larga lista de productos. Un golpe de 7.500 millones de dólares que, para España, dice el Gobierno, supondrá una bofetada de 765 millones de euros.

Curioso. Porque no ha sido la relación de Malmström con nuestro país lo que se dice un camino de rosas. Porque antes que de Comercio, la sueca fue comisaria de Interior. Y desde ese puesto criticó con dureza la política del Ministerio del Interior, entonces en manos de Jorge Fernández Díaz, en materia fronteriza tras el trágico suceso de Ceuta en el que murieron quince inmigrantes. Aunque, bien es cierto que luego, donde dijo digo, dijo Diego, y se sacudió la polvareda que había levantado con sus declaraciones con un simple «cada Estado tiene derecho a defender sus fronteras», incluso empleando concertinas. Y ahí quedó eso.

Licenciada en Ciencias Políticas, su pasión por la política europea le viene de lejos. Brotó durante una visita a un cementerio de la Segunda Guerra Mundial en Normandía. Y ahí sigue. De su europeísmo habla bien a las claras la cantidad de idiomas en los que se desenvuelve. Habla sueco, inglés, español y francés con soltura. También se atreve con el italiano y el alemán. Y hasta con el catalán Lo aprendió en Barcelona, donde estudió durante algún tiempo. Allí, ha relatado en más de una ocasión la sueca, «mi amiga Blanca me contó que su abuela la llevaba al sótano a cantar canciones infantiles catalanas, porque no estaba permitido bajo la dictadura fascista de Franco».

Antes que comisaria fue Ministra de Asuntos Europeos del Gobierno sueco, entre el 2006 y el 2010. Y antes de eso, eurodiputada. Desde 1999 al 2006. Miembro del Partido Popular Liberal, integrado en la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, llegó a Estrasburgo procedente del Ayuntamiento de Gotemburgo, la ciudad donde se crió y donde reside actualmente con su marido y sus hijas.

Europeísta convencida, a Malmström le gustaría que su país ingresase en el club del euro. De hecho, en el 2007 fue uno de los políticos que apoyó un nuevo referéndum en Suecia sobre la adhesión al euro, rechazada por los nórdicos en una primera consulta allá por el 2003.

Dicen de ella que es franca y abierta. De ahí que durante su mandato haya levantado más de una ampolla. Y con esa franqueza que la caracteriza ya ha dejado claro que Europa no podrá hacer mucho para amortiguar el impacto de la última ronda de aranceles impuesta por el presidente estadounidense, respaldada esta vez por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y eso que después de que la amenaza se convirtiese en realidad, la sueca admitió que la Unión Europea no tiene «otra opción» que tomar represalias. «Esta medida no nos deja otro camino que seguir adelante a su debido tiempo con nuestros propios aranceles». De ahí que en los despachos de Bruselas anden desempolvando aquella lista de productos estadounidenses -sobre todo alimentarios- que en su día elaboraron y con la que se cocinará la receta de la represalia europea llegado el momento. Pero, Malmström ya no estará dirigiendo los fogones. Para entonces, será Phil Hogan, el actual comisario de Agricultura, el jefe de cocinas.

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