El repartidor del futuro viaja con alas

UPS consigue permiso en Estados Unidos para operar su propia flota comercial de
drones autónomos, lo que le permitirá empezar a entregar paquetes con estos aparatos


Redacción / La Voz

Los repartidores del futuro -no tan lejano- no serán de carne y hueso. Tornillos, metal y (lo que es más importante) alas, serán los principales componentes de la gran revolución del sector logístico. Porque el aterrizaje definitivo de los drones en este tipo de compañías está muy cerca. A pesar de que los aviones no tripulados llevan ya años instalados en todo el mundo, su uso no acaba de dar el salto necesario para convertirse en una tecnología de gran potencial económico. La escasa legislación y las múltiples restricciones con las que cuentan encorsetan su uso e impiden su despegue definitivo.

Pero las cosas empiezan a cambiar. Al menos al otro lado del charco. UPS acaba de convertirse en la primera empresa estadounidense a la que la Agencia Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) ha permitido operar su propia flota comercial de drones. O lo que es lo mismo, serán los primeros en tener carta blanca para usar estos cacharros como medio para entregar mercancías. No ha sido un camino fácil el de UPS. Años de trabajo duro y mucha investigación les han permitido firmar el hito. La compañía fue una de las primeras en integrarse en uno de los proyectos piloto puestos en marcha por la Administración americana para comprobar hasta qué punto los drones podrían convertirse en un problema para temas como la privacidad o la convivencia con otras aeronaves. Ha sido solo la primera piedra de un largo camino que ahora empezarán a recorrer de manera mucho más autónoma. Eso sí, todavía queda mucho que mejorar porque por ahora el experimento se ha limitado a trasladar productos entre hospitales y clínicas. Y es que durante el proyecto piloto, los drones de UPS solo entregaron 1.100 muestras médicas en un hospital de Carolina del Norte.

El visto bueno de la FAA permite ahora a la firma de logística dar un paso de gigante. ¿Podrá traspasar fronteras hasta ahora prohibidas como hacer volar sus aparatos durante la noche o transportar paquetes de más de 25 kilos? Con ciertos límites. Seguirán sin poder sobrevolar zonas urbanas mientras la Agencia Federal de Aviación no dé un lavado de cara a la legislación vigente y amplíe algunos de los límites marcados.

El organismo se muestra positivo sobre el futuro. Y lo defiende en cifras. Según las previsiones que manejan, un total de siete millones de drones pulularán por el espacio aéreo estadounidense en el 2020. De ellos, calcula que 4,3 millones servirán a fines particulares y 2,7 millones a usos comerciales.

¿Y en España?

En España habrá que esperar: «Que esto haya pasado en EE.UU. no implica que se puedan volar mercancías en España», explica Analía López Fidalgo, ingeniera del Instituto Tecnolóxico de Galicia (ITG) y directora de Sensóica. Esta experta añade que es la legislación la que está marcando ahora el camino en nuestro país: «El reglamento que está vigente en España ahora mismo excluye completamente el uso de drones para el traslado de mercancías». Pero la revolución no se demorará mucho. Europa está puliendo los últimos detalles de una legislación que afectará a todos los Estados miembro, un texto que ya no excluye el uso de drones para el transporte de mercancías y que verá la luz, previsiblemente, en julio del 2020. «Pero no por eso ya todo el mundo va a poder transportar mercancías», advierte López.

Garantizar la seguridad y mejorar la autonomía serán solo algunos de los baches que tendrán que salvaguardar las compañías para conseguir instaurar esta tecnología en su día a día. Los expertos aseguran que lograrlo merecerá la pena. El pastel es jugoso. La industria del dron se encuentra en pleno auge y hay algunas voces que aseguran que las previsiones de negocio de esta actividad se cuentan por miles de millones de euros. Así que, mientras la sociedad y la normativa se ajustaban y acostumbraban a lo que venía, las grandes empresas se ponían las pilas. No querían que les pillara el carro. Muchos gigantes han ido mejorando sus tecnologías para, llegado el momento, salir al tablero de juego con la mejor baza. Google y Amazon llevan ya un tiempo retándose a ver cuál de los dos llegará con los deberes mejor hechos. El primer tanto se lo sumaron los del buscador. A través de su filial Wing, comenzaron en mayo de este año a hacer algunos experimentos en Virginia y en Australia, donde sus cachivaches se plantaban en la puerta de un domicilio para, sin aterrizar, descolgar los pedidos de los clientes. Amazon prefiere ir haciendo las cosas despacito y con buena letra. Hace unos meses patentó algunas tecnologías con las que hacer sus aparatos mucho más efectivos para el reparto de paquetes.

Y Galicia tampoco ha querido dejar pasar este filón. Desde entidades como el ITG o el aeródromo de Rozas se pelea por conseguir que las compañías patrias no dejen pasar esta ola. Porque, tal y como explica Analía López, la previsión es que los drones cambien mucho las cosas. Aunque, añade, no supondrán la muerte absoluta del transporte por carretera. Convivirán las dos opciones en armonía: «Vamos a empezar con transporte de objetos pequeños y poco pesados. Un dron necesita ciertas cosas, como un sitio para aterrizar o aerovías para circular, que no todas las mercancías permiten».

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