No tan lúgubre

Xosé Carlos Arias
Xosé Carlos Arias CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA DE LA UNIVERSIDADE DE VIGO

MERCADOS

Fernando Alvarado

20 oct 2019 . Actualizado a las 05:04 h.

Lamentamos decir que los economistas están fallando a la civilización humana, incluyendo a nuestros nietos y bisnietos». Estas dramáticas palabras proceden de un reciente artículo de Nicholas Stern y Andrew Oswald y fueron recordadas por Xavier Labandeira en un acto en el que la Academia Galega de Ciencias le expresó su reconocimiento, junto a otros investigadores gallegos de alto nivel. Stern y Oswald se referían a la insuficiente implicación que el razonamiento económico ha venido teniendo en un campo crucial para el futuro de todos, en el que ellos mismos son grandes autoridades: el análisis del cambio climático y la búsqueda de soluciones para combatirlo.

Esa decepción se advierte también en otros terrenos. En particular, la forma en la que la profesión de los economistas asintió sin apenas críticas ante la gestación de la gran bomba que estalló en el 2008, ha sido objeto de un cierto escarnio social en los últimos años. Parece innegable, en todo caso, que una parte importante -y desde luego, la más influyente- de las ideas económicas de los últimos cuarenta años tuvo mucho de platónico, en el sentido de basarse en supuestos muy poco realistas, como los de plena racionalidad o la eficiencia natural de los mercados; supuestos que, en todo caso, la realidad ha desmentido con contundencia en los últimos años. Y al tiempo que ello ocurría, problemas centrales de nuestro tiempo, como el ya mencionado del cambio climático o la rampante desigualdad, permanecían en buena medida olvidados. El viejo título de «ciencia lúgubre» parecía cobrar plena justificación.

Pero algo importante parece estar cambiando. De hecho, en los últimos años la economía académica se ha abierto a grandes debates en todos los planos: desde los puramente metodológicos a los que se refieren a argumentos y propuestas de solución muy concretos. En esos debates -en los que participan algunos de los principales economistas actuales- se detecta una mayor búsqueda de realismo, pero también un acercamiento a los problemas económicos más vivos. Y aquí habría que matizar la frase de la que hemos partido: precisamente gracias a autores como Stern o, entre nosotros, el propio Labandeira y su equipo, la economía centrada en los problemas ambientales está ahora mismo consiguiendo apreciables avances.