La economista de los pobres

La francesa Esther Duflo acaba de recibir el Nobel junto a Michael Kremer y Abhijit Banerjee por su contribución a la lucha contra las desigualdades


Redacción / La Voz

Seguro que está Esther Duflo (París, 1972) encantada con su flamante Nobel de Economía. ¿Quién no lo estaría? Lo que quizá no le haga tanta gracia es la notoriedad que eso conlleva. Y es que lleva muy mal la gala, tímida y reservada, eso de ser el centro de atención. Premio princesa de Asturias de Ciencias Sociales (2015), se acaba de convertir Duflo en la segunda mujer de la historia que recibe el prestigioso galardón sueco, tras Elinor Ostro (2009) y en la más joven de todos los premiados.

Comparte el Nobel con el estadounidense Michael Kremer y el indio Abhijit Banerjee, su pareja. Los méritos del trío: haber «introducido un nuevo enfoque para buscar los mejores caminos para luchar contra la pobreza global, concentrándose en aspectos concretos y manejables como, por ejemplo, la búsqueda de las intervenciones más eficaces para mejorar la salud infantil o la educación». Eso, según la academia sueca. En cristiano: su capacidad para aplicar al mundo real las teorías de la lucha contra la pobreza.

El rostro de Duflo comenzó a ser conocido hace ya algunos años, allá por el 2013, cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la incluyó en su exclusivo comité presidencial para el desarrollo. Su arma para promover ideas con las que acabar con las desigualdades.

«Hace medio siglo que gastamos dinero en los países en vías de desarrollo sin habernos preocupado de verificar si funciona o no lo que hacemos, cómo y por qué». Esa es una de las frases que emplea Duflo cuando explica su trabajo, que no es otro que el de conseguir que esas ayudas sirvan realmente para sacar del pozo a los necesitados o, por lo menos, hacerles el calvario más llevadero.

«La clave está en saber cómo hay que gastar el dinero, no cuánto», subraya en su Repenser la pauvreté (Repensar la pobreza), donde la francesa explica su divorcio de la macroeconomía para bajar al barro y aplicar sus tesis.

 De «izquierda pragmática», desecha el discurso «de la derecha» de que el problema del subdesarrollo surge del mal gobierno. Lo considera un argumento para no hacer nada o reducir los presupuestos. Criada en el extrarradio de París, es la segunda de los tres hijos de una pareja formada por una pediatra y un matemático. Protestantes. De izquierdas.

Se formó en la elitista Escuela Normal Superior (ENA) de París. Y eso la llevó hasta Moscú para estudiar sobre el terreno, como le gusta a ella, la revolución bolchevique. Fue allí donde le picó el gusanillo de la economía. Y hasta ahora. Pronto dejó constancia de su talento para eso de los números y sus aplicaciones. Y con 32 años ya estaba impartiendo clases en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), en Cambridge. Y eso después de haber rechazado ofertas de otras grandes universidades. Fue allí donde puso en marcha su ya famoso Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab, un laboratorio donde testar la eficacia de la ayuda al desarrollo. Su verdadera obsesión. Hasta Bill Gates le pide consejo.

A Banerjee lo conoció en 1999. Fue uno de los asesores de su tesis de doctorado. Han publicado docenas de trabajos de investigación juntos. Tienen dos hijos. De cinco y siete años Y en casa hablan poco de trabajo. «Nuestros niños creen que son el centro del universo y no aceptan conversaciones de ese tipo en la mesa», explicaba Duflo esta misma semana. Eso y que cuando la llamaron por teléfono para comunicarle lo del Nobel diciéndole que tenía una llamada importante desde Suecia, soltó: «Bueno, ya que me has despertado, pásamela».

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