China le declara la guerra a la NBA: el tuit que valía 4.000 millones

Daryl Morey, el general manager de los Houston Rockets y uno de los ejecutivos más respetados de la liga, ha desatado un terremoto de consecuencias imprevisibles tras apoyar a los manifestantes de Hong Kong


Redacción / La Voz

Ocho palabras en Twitter. Solo eso ha hecho falta para poner en jaque un negocio de 4.000 millones de euros. Que es, según Forbes, lo que el mercado chino, sus audiencias y patrocinadores, le procuran cada año a la NBA. Lo curioso del asunto es que el protagonista del lío, el tipo que puso la presunta bomba, era hasta esta semana una de las mentes más preclaras de la liga. Una especie de genio de las matemáticas, quién lo diría, reconocido por muchos de sus colegas por haber llevado el basket profesional norteamericano a otro nivel gracias al uso de la estadística avanzada. Es Daryl Morey (Wisconsin, 1972), el general manager de los Houston Rockets.

Resulta que el buen hombre tuvo la semana pasada la idea (por lo visto mala) de tuitear lo siguiente: «Lucha por la libertad, apoya a Hong Kong». Lo dicho, una detonación de consecuencias imprevisibles en estos momentos. La hipersensibilidad de China con el conflicto que vive la ex colonia británica desató una furibunda reacción del Gobierno de Pekín y de las poderosas multinacionales bajo su control (todas, vamos), que no han dudado en amenazar a la NBA con cancelar sus negocios y patrocinios. Y eso que el ejecutivo borró el tuit (otro clásico) apenas unas horas después a la vista del cirio que había montado. No sirvió de nada. La polémica estaba servida.

A ello había contribuido, y mucho, el cargo que ocupa Morey, un ingeniero obsesionado desde niño con los números y las matemáticas. Y es que si hay un equipo en la NBA conectado con China, esos son los Rockets. En Houston hizo toda su carrera la gran leyenda del baloncesto asiático, Yao Ming, siete veces all star, un icono en su país. Yao es al basket chino lo que Pelé al fútbol brasileño. Una leyenda.

 Es por eso que la opinión del respetado ejecutivo ha generado un terremoto de proporciones desconocidas. Y no solo económicas. También políticas. A uno y otro lado del Pacífico. Porque a la airada reacción de Pekín se han sucedido numerosos pronunciamientos de congresistas estadounidenses cargando contra la NBA por censurar a Morey y defendiendo la libertad de expresión de este. El asunto no es cosa menor en una liga en la que muchas de sus estrellas, como Lebron James o Stephen Curry, habían mostrado en el pasado sus opiniones políticas en asuntos sensibles como la violencia policial o el racismo. Nada comparado con lo ocurrido ahora. China es harina de otro costal. Que el negocio es el negocio.

Y Morey debería saberlo. Ese es el mensaje que le han lanzado desde la liga. Solo el patrocinio de la multinacional Tecent a la NBA le procura 1.500 millones de dólares. Las audiencias de los partidos en el gigante asiático tienen un potencial de 500 millones de personas y la captación de seguidores en redes sociales se contaba por cientos de miles... Hasta ahora. Houston, la franquicia que pilota el de Wisconsin, ya está pagando los platos rotos. La televisión china ha cancelado la emisión de los partidos que la franquicia está disputando en el país, y que deberían haber servido para consolidar aún más la imagen del equipo de Harden y Westbrook.

Al general manager del equipo se le han atragantado esas ocho palabras, un traspiés inesperado en una trayectoria profesional plagada de éxitos desde que decidiese aplicar la estadística avanzada al juego y transformase el transcurso de los partidos de la NBA, ahora inclinados de forma obsesiva hacia el tiro de larga distancia. Su aportación se ha popularizado incluso con un término propio, Moreyball, un juego de palabras con el apellido de su arquitecto y el Money Ball de Billy Beane (Brad Pitt protagoniza una película con el mismo nombre), el pionero que transformó el béisbol y, por el camino, los deportes profesionales estadounidenses. Lo de Morey, se ha convertido en la discusión del momento, eran efectivamente los números. No las palabras...

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