Sincronización y convergencia de las economías de la Unión Europea

El proceso de construcción del proyecto común corre peligro de desvirtuarse si se acentúan las señales de divergencia entre las economías del Viejo Continente. La existencia de tres bloques de países, con comportamientos muy distintos en cuanto a tasas de crecimiento, productividad e inversiones, son una evidencia clara de la necesidad de explorar nuevas actuaciones


Catedrático de Economía Aplicada de la UdC

La Unión Europea adopta el dicho latino de in varietate concordia (unidos en la diversidad). La variedad hace referencia a la diversidad histórica y estructural del continente, resaltando la presencia de países, culturas, grupos étnicos y lenguas diferentes. Ahora bien, la cuestión es si con tanta heterogeneidad hemos sido capaces de converger y sincronizarnos en los ciclos económicos. O, por el contrario, aumentan las diferencias y las desigualdades entre espacios y áreas dentro de la UE.

La literatura científica subraya que una diversidad económica excesiva constituye una limitación al buen funcionamiento de una unión económica y monetaria. Además, atendiendo a los postulados de las áreas monetarias óptimas, del premio nobel de economía R. Mundell, la sincronización de los ciclos económicos constituye, con la movilidad del trabajo y del capital, una condición crucial para mejorar la resiliencia económica frente a los shocks externos. Los últimos estudios sobre las dinámicas de convergencia en la UE han supuesto un gran avance en la interpretación de los hechos pasados y son una buena fuente de claridad para afrontar el presente. Veamos algunas de sus sugerencias.

En lo tocante a los escenarios macro, a lo largo del período 2000-2015 los Países Bajos registran el crecimiento más elevado, quedando Italia en el puesto de cola. Lo llamativo es que el crecimiento del PIB de Alemania es inferior al de Austria, Francia o España. Sin embargo, Alemania ha sido la economía más reactiva después de la crisis financiera del 2007, seguida de Austria y Francia. O sea, Alemania reacciona vigorosamente a la recesión del 2007 y, por el contrario, los datos de España muestran un crecimiento más volátil, con tasa de crecimiento elevadas al comienzo del siglo, seguida de una profunda crisis en los años 2007-2008, y una recuperación posterior.

En lo que hace referencia a la deuda pública y su relación con el PIB, los estudios señalan que los países con niveles de endeudamiento elevados poseen tasas de crecimiento más moderadas (Italia y España); en tanto que países con baja deuda pública aumentan su PIB (Países Bajos y Alemania). Lo que supone aceptar que la crisis económica del 2007/2008 contribuyó a agravar las divergencias, revelando dos grupos de países. El primero, compuesto por las economías del sur, caracterizadas por crecimientos volátiles y con deuda elevada; y, el segundo, las economías del norte, donde el crecimiento es fuerte y más resiliente a los efectos negativos de la crisis.

En lo que hace mención a la productividad, los países del norte revelan performances superiores a los del sur. Austria, Alemania y Países Bajos ganan; en tanto que España e Italia contabilizan economías menos eficaces, aunque el sector manufacturero español ha conocido un fuerte incremento de sus ratios después de la crisis. Destaca, asimismo, una cierta heterogeneidad en la medida que las tasas de crecimiento de la productividad de Italia y Francia, después de la crisis, son muy inferiores a las de Alemania y Países Bajos.

El análisis de las similitudes y especializaciones productivas nos permite avanzar que una mayor similaridad estructural indicaría que Europa pueda ser percibida como un bloque productivo único, con una cierta especialización unificada en determinadas actividades. Al contrario, una baja similitud subrayaría que cada país posea su propio perfil de especialización. Es evidente, siguiendo al premio nobel de economía Paul Krugman, que estructuras productivas heterogéneas podrían generar distintos choques asimétricos en los países europeos y que los procesos de integración tenderían a incrementar los grados de especialización regional.

Estructuras productivas

Utilizando índices, como el de las ventajas comparativas reveladas, definidas por Bela Balassa, se observa que los niveles de similitudes divergen y que solo se producen procesos de acompasamiento en los niveles y estructuras productivas por grupos de países. De esta manera, Austria y Alemania acrecientan su similitud productiva, en tanto que Países Bajos, Francia, España y el Reino Unido registran una dinámica de especialización más volátil. Sin embargo, después de la crisis, Alemania ha podido parecerse más a Francia, en tanto que las otras economías han disminuido su similitud con respecto a la especialización de la UE. La conclusión, que los parecidos de las estructuras productivas son significadamente más débiles en el 2015 que a comienzo de siglo.

Por ultimo, las conclusiones del análisis de la sincronización de los ciclos industriales revelan cuatro períodos temporales: 2001-2003; 2004-2006; 2007-2009; y 2010-2012. En un principio, se aprecia una significativa sincronización industrial entre los países de la UE, merced a la internacionalización de los procesos de producción y a la inclusión de los nuevos países europeos en las cadenas globales de valor. Solo Grecia y Portugal registran débiles signos de divergencia. La sincronización es casi perfecta en el período de la crisis, ya que los impactos de la misma han afectado a todos los países en la misma dirección. Después de la crisis, la coyuntura comienza a variar. Emerge una nueva divergencia divida en dos bloques, identificables a lo largo del eje norte/sur (países mediterráneos versus Europa Central; siendo el segundo, Europa del Norte versus Europa del Este). Esta nueva dinámica es muy diferente a la manifestada a comienzos del siglo XXI, que apuntaba a un único eje este/oeste diferenciador.

¿Cuáles son, pues, las conclusiones de nuestra historia pasada reciente? En primer lugar, después de la crisis destacan tres grupos de países. En el primer grupo (Alemania y Austria) registran mejores performances tanto en sus tasas de crecimiento, productividad e inversiones. El segundo grupo, compuesto por economías del sur (como España e Italia), contabilizan performances de índole mediana, mostrando variaciones significativas en el tiempo. Asimismo, mientras España presenta signos de mejora, Italia sigue estando bloqueada en una trayectoria de declive. Finalmente, un tercer grupo de países, Francia y Países Bajos, anotan comportamientos heterogéneos, con tasas de crecimiento medianas, ya sea en lo concerniente al crecimiento, productividad e inversiones, que las sitúan entre los dos grupos de países mencionados con anterioridad.

Modelos de especialización

Una segunda conclusión es que el eje norte/sur subraya el análisis de la convergencia y de las especializaciones productivas en el seno de la UE. Y una tercera, que los modelos de especialización de los países son bastantes similares hasta la crisis del 2007-2008. Alemania y Austria han mantenido su especialización en línea con la media europea. Por el contrario, las especializaciones industriales del Reino Unido, España, Países Bajos e Italia divergen del resto de Europa después de la crisis. Lo que significa que los ciclos económicos serán cada vez menos sincrónicos en el futuro.

Ante estas circunstancias, la Unión Europea debe ser consciente de la actual divergencia y debe interrogarse sobre la eficacia de sus acciones puestas en marcha. Porque una cosa son los discursos, programas y objetivos; y otra cuestión, bien diferente, son los resultados obtenidos. La construcción europea no puede seguir su camino si se mantienen las amenazas de un proceso de divergencia territorial y de desincronización de sus economías.

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