Sincronización y convergencia de las economías de la Unión Europea

Fernando González Laxe
Fernando González Laxe CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA APLICADA DE LA UDC

MERCADOS

El proceso de construcción del proyecto común corre peligro de desvirtuarse si se acentúan las señales de divergencia entre las economías del Viejo Continente. La existencia de tres bloques de países, con comportamientos muy distintos en cuanto a tasas de crecimiento, productividad e inversiones, son una evidencia clara de la necesidad de explorar nuevas actuaciones

13 oct 2019 . Actualizado a las 05:12 h.

La Unión Europea adopta el dicho latino de in varietate concordia (unidos en la diversidad). La variedad hace referencia a la diversidad histórica y estructural del continente, resaltando la presencia de países, culturas, grupos étnicos y lenguas diferentes. Ahora bien, la cuestión es si con tanta heterogeneidad hemos sido capaces de converger y sincronizarnos en los ciclos económicos. O, por el contrario, aumentan las diferencias y las desigualdades entre espacios y áreas dentro de la UE.

La literatura científica subraya que una diversidad económica excesiva constituye una limitación al buen funcionamiento de una unión económica y monetaria. Además, atendiendo a los postulados de las áreas monetarias óptimas, del premio nobel de economía R. Mundell, la sincronización de los ciclos económicos constituye, con la movilidad del trabajo y del capital, una condición crucial para mejorar la resiliencia económica frente a los shocks externos. Los últimos estudios sobre las dinámicas de convergencia en la UE han supuesto un gran avance en la interpretación de los hechos pasados y son una buena fuente de claridad para afrontar el presente. Veamos algunas de sus sugerencias.

En lo tocante a los escenarios macro, a lo largo del período 2000-2015 los Países Bajos registran el crecimiento más elevado, quedando Italia en el puesto de cola. Lo llamativo es que el crecimiento del PIB de Alemania es inferior al de Austria, Francia o España. Sin embargo, Alemania ha sido la economía más reactiva después de la crisis financiera del 2007, seguida de Austria y Francia. O sea, Alemania reacciona vigorosamente a la recesión del 2007 y, por el contrario, los datos de España muestran un crecimiento más volátil, con tasa de crecimiento elevadas al comienzo del siglo, seguida de una profunda crisis en los años 2007-2008, y una recuperación posterior.