«Siempre fuimos una empresa fuerte que supo reinventarse»

Es una de las empresas familiares punteras en Galicia, y quizás el secreto esté en la cultura del trabajo y el esfuerzo que Bienvenido Acebrón inculcó a sus tres hijos, de tal manera que, cada uno en su campo, siguen desarrollando el proyecto empresarial que inició su padre hace 40 años. Rebeca Acebrón pilota ahora la revolución tecnológica de la firma.


Redacción / La Voz

Cuando nació Rebeca Acebrón hace 40 años, su padre, Bienvenido Acebrón, cimentaba las bases de Rodabell, la empresa de mecanizados que comenzó en San Cibrao (Lugo) la trayectoria empresarial de una familia referente en el sector. Sus tres hijos siguen vinculados a la firma, pero es ella la que figura como consejera delegada de Acebrón Group, que extiende sus tentáculos desde As Pontes a toda Europa.

-¿Cómo empezó la aventura?

-Acebrón Group se creó en el 2000, pero no surgió de la nada. El germen lo puso mi padre con la creación de Rodabell en los años 70, y luego en los 80 se vino a As Pontes para trabajar en la mina. Cuando se supo que iba a cerrar creó Acebrón Group, enfocado hacia lo que él creía que iba a ser el futuro, que eran las energías renovables. Empezamos con el sector eólico, que entonces estaba en pleno crecimiento y con Galicia en la vanguardia. Lo cogimos en un buen momento y el grupo creció muy rápido. Empezó con Mecace, dedicada a mecanizado y calderería, sobre todo para el sector eólico. Después, en el 2003 se creó Acesan, en la que se incorporan servicios de tratamiento superficial que hasta ese momento se subcontrataban, como la pintura o el chorreado... Pero la demanda fue creciendo, los generadores eran cada vez más grandes y se nos quedaban pequeñas las instalaciones, por lo que se constituyó Acemetal, la segunda empresa de mecanizado del grupo en el 2005. Y luego, en el 2008, se constituyó Acecal, en la que se apuesta por la calderería, con una inversión fuerte y una nave de 6.000 metros. Y ahí nos pilló la crisis. La parte buena es que siempre fuimos una empresa fuerte que supo adaptarse al momento y reinventarse.

-¿Cuál fue el secreto?

-Era una plantilla joven abierta a los cambios, incluso en la dirección, con mi hermano Javier y conmigo al frente. Hicimos una transformación muy fuerte y pusimos en marcha una actividad comercial en ferias y en el mundo de nuestro sector para darnos a conocer, también en el ámbito internacional. Y tuvimos muy buena acogida porque también teníamos una gran capacidad de fabricación y estábamos acostumbrados a trabajar con piezas difíciles, con un nivel de calidad alto y a un precio competitivo. Poco a poco nos fuimos haciendo con nuevos clientes líderes en su sector, y fuimos homologándonos y abriéndonos a nuevos sectores como el aeroespacial, el nuclear, hidráulico, ferroviario... La verdad es que no tenemos casi nada que ver con la empresa que éramos en los inicios.

-¿Usted tuvo claro desde el principio que quería estar ahí?

-La verdad es que en el instituto tenía curiosidad por todo y no lo tenía claro, pero el mundo de la empresa me acompañó y lo mamé desde niña y mi padre siempre nos inculcó la importancia del trabajo y del esfuerzo. Y así, finalmente hice Económicas y Empresariales, y en el 2003 vine a hacer las prácticas aquí, en el departamento financiero y administrativo, y me di cuenta de que, si quería trabajar en la empresa, tenía que formarme más. Fui a hacer un máster MBA a Madrid y luego fui a Inglaterra para mejorar mi inglés y me saqué el advanced. Luego trabajé en una multinacional de la perfumería en Madrid y, en el 2007, mi padre, que siempre quiso traerme de vuelta y necesitaba reforzar la gestión internacional, me llamó y me vine. Y en el 2008 empezó la crisis. Yo viví poco los años de bonanza.

«La incertidumbre política está afectando mucho a las empresas electrointensivas»

Rebeca Acebrón se sumó a la gestión en el 2015, con su hermano en la gerencia, y en el 2017 fue nombrada consejera delegada. Su padre, que ahora tiene 83 años, sabe que el grupo sigue en buenas manos, la de la familia. Una facturación en torno a los 11,3 millones de euros y una plantilla en torno al centenar de personas lo avalan.

-¿Se avecina, como se dice, una nueva crisis?

-Se nota. Estoy en la directiva de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia, y todos coincidimos en que se ve venir una recesión. Nosotros llevamos tiempos preparándonos, apostamos por la industria 4.0 para hacer la empresa más competitiva.

-¿Afecta la incertidumbre política?

-Está afectando mucho a las empresas electrointensivas porque no hay una política energética estable; el precio sube y sube y nos resta competitividad. Endesa es un cliente histórico y le está afectando muchísimo. Hay muchas cuestiones, el precio del gas, las emisiones de CO2, el céntimo verde... Endesa está haciendo pruebas con resultados muy positivos para reducir las emisiones, y es verdad que nunca volverá a ser lo que fue, con cuatro grupos funcionando, pero al menos que se mantengan dos, no podemos quedarnos de brazos cruzados.

-Ustedes apuestan también por la formación profesional. ¿Por qué?

-No encontramos personal cualificado y creemos que es porque no se explican los atractivos de un sector con buenos sueldos y sin paro. Por eso hemos firmado un convenio de FP Dual, para poner nuestro granito de arena.

El ocio, para la familia y en los rincones más familiares

«Trabajo muchísimo, no conozco otra manera de aprender más que trabajando». Fue lo que le inculcó su padre, así que Rebeca, antes de tener a sus hijos, se pasaba la vida en la empresa. Ahora que tiene dos niños pequeños procura conciliar y procura que pueda hacerlo el resto del personal, porque esa es una de las filosofías del grupo. «Yo me llevo el portátil y trabajo por la noche, cuando los niños están en la cama». Reconoce que no tiene tiempo para nada y que su prioridad es la familia. Por eso, aunque vive en A Coruña, sigue escapándose a San Cibrao, donde ella se crio y donde sigue viviendo su hermana, para disfrutar de esos rincones y para que los conozcan sus hijos, porque no quiere que pierdan ese vínculo. Por eso es allí donde está su rincón preferido, en ese pueblo y en esa preciosa playa. «Es un remanso de paz», asegura.

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