Efecto «brexit»: las ventas gallegas al Reino Unido caen ya un 13 %

Manuel Blanco Casal
Manuel Blanco REDACCIÓN / LA VOZ

MERCADOS

La incertidumbre que rodea al proceso se ha dejado sentir en el primer semestre del año tanto en la exportación como en la importación. Galicia ha perdido negocios en la isla por valor de más de 100 millones de euros solo en ese período. Se trata del cuarto mercado en importancia

07 nov 2019 . Actualizado a las 13:33 h.

«Espléndido aislamiento». A finales del siglo XIX, Lord Salisbury definió en estos términos una suerte de principio fundacional de la política exterior de su país. El que fuera primer ministro de la Gran Bretaña hasta en tres ocasiones recurría a la proverbial flema británica para definir un sentimiento que, lejos de difuminarse, se ha ido consolidando con el paso de las décadas. La percepción más socorrida en buena parte de Europa desde mediados del siglo pasado es que Reino Unido ha sido una grieta en el proyecto comunitario. Ese ser y no ser, estar y no estar, que ha desembocado en el brexit. La epítome de una tensa e inestable relación que ya deja huella a nivel económico. En Galicia, sin ir más lejos, las exportaciones de los principales sectores con intereses en la isla han caído casi un 13 %, de acuerdo con los datos del Ministerio de Comercio, solo en el primer semestre del año. Traducido a dineros: más de cien millones de euros. 

Y todo ello pese a que aún no hay nada. A que sigue abierta cualquier posibilidad relacionada con la eventual salida del Reino Unido de la UE. Es precisamente esa incertidumbre la que explica el impacto de este proceso en la economía de territorios como Galicia. «Se están anticipando los efectos del brexit», afirma rotundo Gonzalo García, responsable de Economía de Analistas Financieros Internacionales (AFI). 

Los datos del Instituto de Comercio Exterior (ICEX) apoyan esta tesis. De los diez sectores de la economía gallega que más exportan a la isla (ver gráfico adjunto), solo cuatro han logrado contener la sangría al mejorar sus ventas a la isla. Todos los demás han perdido negocio. Algunos como el de las empresas del textil (-23 %), automoción (-32 %) o componentes (-17,2 %) hasta niveles desconocidos desde los años de la crisis.

Que las aguas bajan revueltas es un hecho también constatable al analizar las cifras de importaciones. Las más de 400 empresas gallegas que de forma regular adquirían bienes y servicios en el Reino Unido han dejado de hacerlo con la misma intensidad por temor a lo que pueda pasar. En el primer semestre del año, esta cifra cayó un 12 %, desde los 855 millones del año pasado a los 747 millones del 2019.

Ocurre que en esta ocasión no estaría de más atender a las enseñanzas de Murphy y a uno de sus principios más célebres. Aquel que dice que si algo puede ir mal, saldrá mal. El brexit duro, una salida sin acuerdo, a las 00.00 horas del próximo 1 de noviembre, dejaría las señales registradas en el arranque de este año en apenas una llovizna antes de la tormenta. O del tsunami, a los ojos de muchos analistas. «Tendríamos imposición automática de aranceles -vaticina Federico Steinberg, analista principal del Instituto Elcano-, pérdida de derechos de los ciudadanos europeos en el Reino Unido y a la inversa, en principio los aviones no podrían despegar, las fronteras de Irlanda del Norte y de Gibraltar se cerrarían, nuevas regulaciones y controles, problemas logísticos y de abastecimiento... A partir de ese caos solo podrían venir cosas malas», detalla. 

El Banco de España le ha puesto luz y taquígrafos al problema: unos 10.000 millones de euros. Una décima del PIB español durante cinco años en caso de una salida sin acuerdo y de que el Reino Unido dejase de ser lo que es hoy, un socio estratégico: el primer proveedor de turismo a la economía del país, un comprador masivo de bienes de equipo, productos agrícolas y semimanufacturas españolas... Eso es lo que la institución calcula en el informe de referencia que ha elaborado para analizar el eventual impacto de un desenlace inesperado.

Steinberg admite que esa es la opción que nadie quiere, «y a la que se podría llegar por un accidente; hay que asumirlo dada la situación política actual», pero confía en que se imponga la razón. De hecho, se muestra un tanto optimista pese a que solo quedan unas semanas para el día D: «Creo que el brexit sin acuerdo no va a ocurrir porque sería muy malo para todos y porque no hay ninguna necesidad. Creo incluso -continúa- que si Boris Johnson quisiera eso, podría haberlo hecho ya. El 31 de octubre era solo una fecha límite».

El panorama, no obstante, se ha enrarecido hasta extremos insólitos, con el Parlamento de Westminster cerrado y dificultades para encontrar una salida al conflicto. La más razonable sería una prórroga a esa fecha ante la convocatoria de elecciones en la isla, para reabrir la negociación con la Unión Europea, pero incluso esta opción se encuentra ante una encrucijada dado el colapso de la política británica.