Alemania flirtea con la recesión, pero no siembra el pánico entre los analistas

Pese a que el PIB germano ha cerrado en negativo un trimestre por segunda vez en un año, los expertos creen que aún muestra fortalezas como para no caer en el pesimismo


Redacción / La Voz

Alemania es a la economía europea lo que Messi al Barça: el gran referente, el termómetro que determina el estado de las cosas. Como con el astro argentino, cada vez que las finanzas germanas se constipan, un escalofrío recorre el Viejo Continente por lo que pueda pasar. Es por eso que las incertidumbres que rodean a la locomotora teutona de un tiempo a esta parte se han convertido en el objeto de desvelo de gobiernos e instituciones. Hace solo unos días, sin ir más lejos, la Oficina Federal de Estadística confirmaba que el PIB alemán se había contraído una décima entre abril y junio. Era la segunda vez que ocurría en menos de un año. Si se hubiese repetido en dos trimestres consecutivos, técnicamente se estaría hablando de recesión, la bicha para Bruselas por el recuerdo latente de una crisis que hizo estragos sobre todo en los países del sur.

Así las cosas, y pese a que de las tierras de Goethe manan algunas señales inquietantes, los analistas ponen en cuarentena la amenaza de recesión y aluden a las aún visibles fortalezas de Alemania para contener los fantasmas de la depresión: unas cuentas públicas saneadas, inflación contenida, pleno empleo, salarios creciendo a buen ritmo... «Ahora se está hablando de recesión -sostiene Gonzalo García, responsable de economía de Analistas Financieros Internacionales-, pero dos trimestres negativos de crecimiento pueden significar cosas muy distintas. Pueden suponer lo que vivimos hace diez años, que en muchos países fue una enorme depresión, o un catarro que se supera fácilmente».

Sostiene García que la pérdida de peso del PIB germano está focalizada en el sector industrial, en incertidumbres como el impacto de una eventual salida del Reino Unido de la UE -«ahí sí se están anticipando los efectos del brexit»- y en los problemas de países emergentes como Turquía, que lastran las exportaciones de Alemania, el gran pilar de su economía. No ve tan claro sin embargo que la guerra comercial esté erosionando ya las cuentas del país («el otro día veíamos una gráfica sobre la evolución del sector exterior alemán y ni Estados Unidos ni China estaban contribuyendo negativamente»), aunque sí reconoce que el gigante asiático va a crecer menos en los próximos años y eso va a tener consecuencias.

 

Con todo, el analista de AFI contiene el nerviosismo desatado por las señales procedentes del norte de Europa: «Que todo esto vaya a suponer que la economía alemana vaya a entrar en un período de recesión, nosotros no lo vemos».

Demanda interna

En la misma línea se expresa Antonio Bonilla, profesor de finanzas de la European Business Factory, quien cree que detrás de las alarmas surgidas al calor de las cifras divulgadas por la Oficina Federal de Estadística hay cierta «sobreactuación». Cree Bonilla que la demanda interna en Alemania todavía es lo suficientemente sólida como para poner en cuarentena la posibilidad de una recesión severa. Y es que pese al retroceso del PIB en el segundo trimestre del año, el consumo mantuvo una senda positiva (+0,1 %), al igual que la inversión pública (0,5 %). Si a ello se le suma un superávit de las cuentas del Estado de 45.000 millones de euros solo en los seis primeros meses del 2019 y un repunte neto de los salarios del 2 %, todo ello configura un escenario que permitiría conjurar los vientos de pesimismo. «Es probable que la cercanía de la crisis económica influya en este nerviosismo actual alrededor de Alemania; veo cierta sobreactuación» en las valoraciones de este tema.

Sea como fuere, ambos analistas coinciden en que, de persistir esta atonía alrededor de la producción industrial germana, inevitablemente afectará a economías como la española. «No podemos olvidar que Alemania es nuestro segundo mercado exportador tras Francia, hablamos del 8 % de los bienes de equipo y del 21 % de los automóviles que producimos, por lo que es evidente que si allí cogen un catarro, aquí lo notaremos», argumenta el profesor de la EBF.

Antonio Bonilla incorpora al turismo como el otro sector que podría verse azotado por los vaivenes del momento, por cuanto Alemania es, tras Reino Unido, el país que mayor volumen de visitantes le procura a España año tras año. «Sobre cuál será la cuantía de este impacto, creo que es un poco pronto para pronunciarse porque hay muchos factores que podrían influir», explica.

Gonzalo García, por su parte, incide en los problemas que atraviesa la industria de la automoción alemana y en su eventual impacto en países como España por la fuerte indexación de las cadenas de valor, pero concluye con un mensaje ciertamente optimista para encarar el momento. «Quizás haya que hacer una matización en todo este debate. A Alemania le ha ido muy bien mientras a los demás nos iba muy mal, pero tampoco es seguro que porque ellos durante un tiempo crezcan menos, el resto vayan a notarlo», detalla. El hasta la fecha sólido comportamiento del PIB español en lo que va de año avalaría esta tesis que plantea el experto de AFI. 

Apertura a los estímulos, pero sin caer en el entusiasmo

Hace solo unos días, el ministro alemán de Finanzas, Olaf Scholz, ponía sobre la mesa la posibilidad de que su Gobierno activase un paquete de estímulos por valor de 50.000 millones de euros para tratar de reanimar al paciente. Scholtz abría así la puerta a lo que ha sido casi un anatema en Alemania a lo largo de los últimos años: la ruptura de la ortodoxia fiscal, firmemente trasladada incluso a instituciones de carácter comunitario como el Banco Central Europeo, aunque con escaso éxito.

«Hace tiempo -subraya Gonzalo García- que se ha abierto un debate en Alemania sobre este asunto en el que participan economistas, institutos de investigación... y que cae de cajón. En otros países lo hubieran visto claramente». El analista de AFI cree que el Gobierno de Merkel va a dar alguna señal, «de inversión o de rebaja de impuestos», pero en ningún caso con una visión keynesiana del proceso. «Pensar que lo van a hacer como en los países anglosajones, reactivando la economía a corto plazo, eso no lo vemos». 

Estabilidad garantizada

Tanto García como Antonio Bonilla intuyen que la estabilidad presupuestaria va a seguir siendo uno de los pilares de la acción de gobierno porque la praxis más reciente ha incorporado este principio al tuétano del Estado germano. «Esta ortodoxia la tienen muy interiorizada y como además les ha ido muy bien siguiéndola, políticamente allí es un tema muy sensible», repara el primero. El experto de Analistas Financieros Internacionales insiste en que habrá algo más de flexibilidad, «alguna señal, pero no se van a poner de repente a inyectar dinero en su economía como para que tenga un impacto serio».

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