Vivir en pesos, pensar en dólares

La última devaluación de la divisa argentina respecto a la norteamericana le resta a los argentinos al menos un 30 % de su poder adquisitivo


El peso argentino se desploma frente al dólar norteamericano. En este escenario, la mayoría de los ciudadanos viven al día con lo que tienen, otros sobreviven sin lo que les falta, y otros tantos echan cuentas para salvar sus ahorros en vista de una situación venidera compleja. La economía del país es tan frágil que las elecciones primarias no vinculantes del pasado 11 de agosto, casi una consulta popular sobre el posible nuevo Gobierno, provocó una voraz caída en los mercados y un nuevo valor que sitúa a su divisa actualmente, tras una nueva semana de turbulencias económicas, rondando los 60 pesos por dólar -frente a los 45 previos- y empobrece a la población un 30 % más.

En Argentina, debido entre otras cuestiones a la falta de confianza y a la alta volatibilidad del peso, la influencia de la moneda estadounidense está muy extendida hasta el punto de que los pagos de cantidades elevadas -como pueden ser la adquisición de una propiedad- se hacen en la divisa extranjera. Quienes pueden permitírselo y aquellos que pueden ahorrar algo de su salario lo cambia a dólares.

Sea como sea, las consecuencias de la devaluación afectan tanto a quienes disponen de liquidez como a los que no llegan a final de mes. Esta situación ha provocado un incremento en los precios de los productos, que en algunas tiendas y por iniciativa propia llegó a limitarse su venta -nunca hubo desabastecimiento- hasta conocerse los precios definitivos, lo que obligó al Gobierno a tomar medidas de urgencia como la eliminación del IVA a los alimentos básicos (arroz, leche, aceite, etc…) para paliar las consecuencias. Ante esta situación, la inflación se ha incrementado, la cesta de la compra se ha encarecido y la pérdida de poder adquisitivo es cada vez mayor. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos que estudia la evolución de este indicador durante el segundo trimestre del 2019, previo a la debacle tras las elecciones primarias que se traducirá en un aumento notable, la cesta básica total que marca la línea de la pobreza se situaba en 10.334 pesos (234 dólares de julio del 2019).

En las calles de la City porteña, hay paneles electrónicos con la cotización actualizada, que los ciudadanos siguen con atención. Durante muchas jornadas esas imágenes han acaparado las portadas de los periódicos: muestran el cambio del dólar. Y seguirá haciéndolo porque la situación no mejorará durante los dos meses que restan antes de las nuevas elecciones presidenciales. En la misma manzana de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, el lugar que vive y piensa en números rojos y verdes, solo la tienda de comestibles regentada por Mariano de 49 años de edad permanece abierta cuando la jornada bursátil llega a su fin. «Esta semana hemos incrementado el precio de media de los productos alrededor de un 20 %», dice detrás del mostrador. Explica que la mercancía le llega ya con unas tarifas más elevadas y añade que «les han avisado de que mañana los cigarrillos subirán otro 12 %». Para que uno se pueda hacer una idea de estas subidas muestra el producto por excelencia de esta región, el alfajor, que, aún dependiendo de la marca por término medio diez pesos en unos días, «si estaba en 30 ahora tengo que venderlo en los 40 pesos». Mariano asegura contar con sus ahorros en pesos, consciente de que han perdido valor, y con una cantidad pequeña de moneda norteamericana. «Tengo pocos. No vivo en dólares, pero le doy importancia porque todo funciona en dólares», concluye.

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