Laura Rodríguez  Herrera: «Decidí cambiar los molinos de viento por los libros»

De vender componentes en Filadelfia para parques eólicos a dirigir una editorial desde A Coruña. Se puede decir que lo llevaba en la sangre. Su padre fundó Hércules Ediciones en 1985. Tras la jubilación de su progenitor ella lleva la batuta, aunque matiza: «Realmente nunca se ha ido. Siempre dice que la empresa es como un hijo más para él».


Laura Rodríguez Herrera (Bilbao, 1976) no había planificado convertirse en editora, pero la vida le llevó por ese camino. La vida, y la obra de su padre, fundador de Hércules Ediciones. Hoy dirige los pasos de una empresa familiar que, como tantas, se tuvo que reconvertir para sobrevivir a una doble crisis. 

-Antes vendía componentes para parques eólicos. Nada que ver con su actual ocupación, vaya.

-A los 18 me fui a Madrid, a estudiar Derecho y Empresariales. En casa no se había tocado quién iba a continuar con el negocio familiar, así que yo me labré mi destino. Me surgió la oportunidad de trabajar en Filadelfia, como encargada del departamento de compras para parques eólicos que se estaban construyendo en EE. UU.

-Y un buen día decidió cambiar las aspas de los molinos por las páginas de los libros. ¿Le tiró la sangre?

-Fue una concatenación de circunstancias. Distintas filosofías de trabajo, agotamiento. Pero mi marido aún tenía trabajo allí así que decidí buscar algo que hacer.

Me puse a visitar universidades, bibliotecas, y empecé a ofrecer nuestros libros, sobre todo el Proyecto Galicia.

-No se sintió como una vendedora de enciclopedias, sino más bien como una embajadora de la cultura gallega...

-Tuvo muy buena acogida. Todo el mundo con el que hablo me dice que la colección es una joya. Los Caminos de Santiago también tuvieron mucho éxito. Los hispanistas saben lo que es Galicia y el gallego, pero también me encontré a gente que solo asociaba ese nombre a la Galicia de Polonia. ¡De nosotros no tenían ni idea! Por eso fue un orgullo difundir nuestra tierra al otro lado del charco, sobre todo, echándola tanto de menos.

-Dice que en las escaleras del museo Metropolitan de Nueva York vivió uno de los momentos más felices de su vida...

-Aquel lugar que yo había visitado como turista y del que salía, esta vez, con mi traje y mis libros. Venía de una reunión con los responsables de su biblioteca, y acababan de comprarme una colección de obras de arte. Fue un subidón.

-Luego hicieron las maletas y volvieron a España.

-Sí, pero no Madrid, y mira que Filadelfia es grande. Sin embargo, es una ciudad cómoda para vivir. En ese momento, nos apetecía volver a A Coruña.

-Su llegada a la editorial habrá supuesto una inyección de savia nueva... ¿Qué ha cambiado desde que usted está al mando?

-Le he dado a la empresa el enfoque de mi generación, y de mi género, como mujer. Lo primero que hice nada más llegar fue cambiar la página web, dar más importancia a las redes sociales, crear una tienda on line, y establecer un contacto más directo con los libreros. ¡Ah! Y tengo muy en cuenta la parte estética.

-Mantiene una dura batalla contra el presencialismo...

-Intento acabar con esa cultura absurda. Hay que cumplir unos objetivos, pero para conseguirlo no hace falta estar horas sentada en una oficina. Quiero cambiar los horarios.

-También se ha ampliado el espectro de contenidos...

-Seguimos trabajando en obra de consulta porque no tendría sentido dejar de hacer lo que se nos da bien, pero hemos introducido colecciones infantiles y juveniles, moda, gastronomía... Hemos ampliado fronteras, para vender a más público, en el resto de España y en el extranjero. 

«Mi padre me advirtió: ´Has llegado en el peor momento´ »  

Laura aterrizó en la empresa en septiembre del 2009. «En EE.UU. la crisis había empezado un año antes, así que salí de una para meterme en otra», recuerda. Aunque reconoce que el bache más gordo ha sido superado, también admite que «los tiempos dorados ya no volverán». Hasta el 2014, el sector editorial se redujo alrededor de un 30 %. «Nosotros vivimos la recesión por partida doble. La que afectó a todo el mundo y la que tuvo que ver con la irrupción de nuevas formas de consumir cultura». Nuevas formas que obligaron a adaptarse a otras realidades: «La de leer menos, porque se dedica más tiempo a ver series o al teléfono móvil». Sin embargo, no ve en el libro electrónico la principal amenaza. «Llevo diez años escuchando ‘Que llega, que llega’, como si fuese el lobo, pero lo que vemos en las ferias no es eso. Las ventas, de hecho, se han estancado. El verdadero peligro es la piratería. Eso sí que hace daño».

«Comprar un libro me da placer, como a otro comprar unos zapatos bonitos»  

Una habitación propia, de Virginia Woolf, es su última adquisición: «Estoy leyendo mucho sobre temática feminista. Estamos preparando una colección de autoras extranjeras actuales traducidas al gallego, que saldrá en noviembre». ¿El olfato editorial es innato? Laura siempre está «con la antena puesta, como vosotros los periodistas, atenta a lo que se mueve, a lo que interesa». Pero no hay una fórmula mágica. «Ojalá todos los días llamasen a la puerta con ideas brillantes y originales». A veces, sin embargo, talento y suerte confluyen para dar un auténtico pelotazo, como ha ocurrido con El mundo en que viví, de Ilse Losa, «una obra de los años 50 que hemos traducido del portugués, donde tuvo muchísimo éxito y que aquí no se conocía». Se confiesa una romántica, de las de tocar y oler papel. «Para mí comprar es libros es un placer, como para otra persona pueda ser comprar unos zapatos bonitos. Ir a una librería, explorar, esa sensación de encontrar algo como si fuera un tesoro. Una vez me descargué un libro en el móvil. Nunca lo leí. Estamos tantas horas ante la pantalla que ya no me apetece».

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