La UE teme salir herida en el fuego cruzado entre Estados Unidos y China

La vorágine de aranceles y la devaluación del yuan ponen en aprietos a las economías del euro. En este escenario de guerra comercial, los europeos solo figuran como convidados de piedra

Las dos pontencias, frente a frente
Las dos pontencias, frente a frente

Aranceles y divisas, son las dos armas con las que tradicionalmente se libran las guerras comerciales entre potencias rivales. La economía es el terreno de batalla. Las empresas y sus trabajadores, los rehenes y víctimas.

Estados Unidos y China llevan inmersos dos décadas en una feroz batalla por el poder monetario en la que la UE es el convidado de piedra. Cuando las cosas se pusieron feas en los 2000, quien acabó pagando los platos rotos fue Europa. El gigante norteamericano bajó los tipos y el valor del dólar cayó. El yuan siguió a su rebufo, pero el euro no tuvo la misma capacidad de reacción. Las economías europeas sufrieron la apreciación del euro: Encarecimiento de las exportaciones y pérdida de competitividad.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en el 2017 trajo consigo una nueva vorágine bélica. De arancel en arancel, el magnate estadounidense ha tratado de domar al gigante asiático, que se muestra insumiso. Lejos de plegarse al dominio yanki, Pekín contraatacó el pasado lunes con una nueva depreciación de su moneda tras los malos resultados de su sector manufacturero en julio y ante la perspectiva de que Washington aplique un nuevo correctivo tarifario en el mes de septiembre. Hoy con un solo dólar ya puedes adquirir siete yuanes. «Puede que sea solo el comienzo», alerta el Instituto de Finanzas Internacionales. Sus expertos apuntan a las presiones tarifarias como causantes de este movimiento sísmico en los mercados que puede poner en aprietos a las economías del euro. Sin embargo, algunos ex funcionarios del Tesoro estadounidense han apuntado que detrás de esta depreciación también hay un reflejo de la creciente debilidad de la economía china, que se ha marcado unos objetivos de crecimiento altamente insostenibles. Más que de un acto de agresión, los expertos del think tank Bruegel apuntan que la caída del yuan podría responder a «la pérdida de confianza en China» o en «la debilidad económica».

Nubarrones

Esta situación de escalada y tensión comercial ha obligado al presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, a mostrarse especialmente cauto en la última etapa de su mandato, el cual expira el próximo 31 de octubre. El italiano fue el primero en ver los nubarrones que se avecinan. Manejó bien sus cartas para no quemar demasiado pronto la escasa munición que le queda en los bolsillos para reaccionar ante el enfriamiento de la zona euro y las amenazas exteriores. Su último movimiento para luchar contra los vientos en contra que soplan desde Washington y Pekín: Anunciar una posible bajada de tipos de interés en septiembre y la reactivación del programa de compra de deuda. Aunque las perspectivas de la Comisión Europea es que la zona euro crezca un 0,2 % más en el 2020 (hasta el 1,4 %), sus portavoces admiten que estas previsiones se pueden ver ensombrecidas por factores externos, incluidas estas tensiones comerciales. La cruzada de Trump contra China y los contorsionismos monetarios de Pekín para defenderse «continúan pesando sobre la confianza del sector manufacturero, el más expuesto al comercio internacional y el que debilitará las previsiones de crecimiento para el próximo año», aseguran las autoridades europeas. Bruselas asegura tomar nota de la decisión del Tesoro estadounidense de declarar a China «manipulador de divisas», pero se niega a anticipar si dará un paso en la misma dirección. No a menos de estar convencidos de las razones por las que el yuan sigue cayendo: «Estamos siguiendo la situación con mucha cautela. No hay ganadores en las guerras comerciales. Su prolongación y el riesgo de escalada causa un daño significativo a la economía mundial», aseguran los portavoces comunitarios, quienes siguen de cerca el impacto de estas disputas sobre el euro y sus economías. Por el momento ya han catalogado este tipo de maniobras como una amenaza potencial: «Ya hemos identificado el clima del comercio global como un riesgo para las previsiones económicas», aseguran. Y es que el desplome del yuan facilitará la exportación de productos chinos, más baratos y competitivos en precio. Ante las dificultades de penetrar en el mercado norteamericano sería previsible que se redirigiesen a la UE.

Hay poco margen para actuar desde los cuarteles de Bruselas. Las cancillerías confían en asirse de nuevo al salvavidas del BCE si la eurozona vuelve a ser herida en el fuego cruzado de Washington y Pekín. Draghi ya les ha advertido de que no puede obrar milagros. Los tipos siguen en el suelo del 0 %: «La política monetaria ha hecho mucho para apoyar a la eurozona. Pero si continuamos con este empeoramiento, la política fiscal será esencial», advirtió recientemente. Se acaba la magia, se acaba el colchón de dinero barato y un euro débil para exportar de forma masiva. Los años de recuperación y bonanza tras la crisis financiera se han desaprovechado con el corsé de políticas fiscales demasiado conservadoras. Sus recetas han recortado el potencial de crecimiento de las economías del euro que deberán seguir buscando nuevas vías para ganar competitividad si Estados Unidos sigue encareciendo las importaciones europeas a golpe de arancel y China hace los suyo devaluando el yuan. Por el momento, el euro ha tenido que encajar la mayor subida en año y medio (1,2 %). Una mala noticia para sus economías exportadoras como Alemania, que tendrán más difícil colocar sus productos en los mercados en pleno invierno de crecimiento. La locomotora europea lleva tres trimestres consecutivos azuzando las máquinas para evitar que sus motores se paren del todo y las cifras en el ecuador del 2019 no mejoran. Cerrará el año en un exiguo 0,5 % de crecimiento. «Las previsiones para el resto del año se presentan menos brillantes y el crecimiento del PIB para el cuarto trimestre se ha revisado respecto a primavera. En el segundo trimestre parece que ha habido un declive de la actividad económica», señala Bruselas en sus previsiones. No es el único país que ha llegado a coquetear con la recesión. Italia, tercera potencia del euro, solo crecerá un 0,1 % marginal este año. La guerra de divisas podría acarrear sorpresas negativas a las cuentas de ambos países y la eurozona en su conjunto, cuyos principales socios comerciales son Estados Unidos y China.

Si Washington y Pekín se enfrascan en un ciclo de depreciación de sus monedas, el euro estará expuesto a merced de las decisiones de las dos potencias rivales porque al BCE se le han acabado las herramientas y no dispone de mecanismos directos de intervención en los mercados de divisa. Y esto podría ser solo el comienzo porque si se recrudece la ofensiva, el Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula una reducción del 0,5 % del crecimiento global en el 2020

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