El tren transoceánico ve la luz

Brasil, Bolivia y Perú proyectan una infraestructura ferroviaria que conecte el Pacífico con el Atlántico El presupuesto de la obra se elevaría por encima de los 14.000 millones


Bogotá / La Voz

Abruptas pendientes. Montañas majestuosas. Frondosas selvas. Zonas inundables. Cruzar Sudamérica de este a oeste ha sido un reto desde que el hombre puso el pie por primera vez en el continente. Pero ahora Brasil, Bolivia y Perú están dispuestos a asociarse para, sorteando todos los obstáculos, construir un tren transoceánico que una el Atlántico con el Pacífico. La tarea será titánica. El que La Paz ya ha bautizado como «el canal de Panamá del siglo XXI» sería una de las mayores obras que han emprendido los tres países en su historia.

El proyecto, abandonado durante años, ha sido rescatado tras la llegada al poder, el año pasado, del presidente peruano Martín Vizcarra y por el gran interés del boliviano Evo Morales de dar a su país una salida comercial al mar. Se trataría de una vía férrea de entre 3.700 y 3.860 kilómetros de extensión que conectaría los puertos de Santos, en Brasil, e Ilo, en Perú.

El coste total del proyecto está evaluado en unos 14.000 millones de dólares. Transportaría unos diez millones de toneladas de mercancías al año y hasta a seis millones de pasajeros, aunque su finalidad principal sería la comercial. El tiempo medio de transporte de bienes de Brasil a China, mediante el uso del nuevo ferrocarril, y la salida al Pacífico por el puerto de Ilo sería de unos 42 días, según estudios de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA).

Actualmente, los envíos brasileños por mar tardan 67 días en llegar a China si se utiliza el Canal de Panamá o 58 días si se cruza el Cabo de Hornos. El gigante americano pondría 1.435 kilómetros de vías. Ya las tiene construidas, pero deberían ser acondicionadas para poder operar al máximo de capacidad. Bolivia deberá adecuar también sus vías, además de construir 780 kilómetros más para unir sus corredores andino y oriental.

Perú, por su parte, debería ejecutar una gran inversión al empezar de cero. Tendría que construir 450 kilómetros de vía férrea, lo que supondría una inversión de unos 7.550 millones de dólares, calculan los expertos de Lima. La obra incluiría la creación de 180 puentes y 40 kilómetros de túneles. El presidente Vizcarra sugirió en mayo la posibilidad de que China -mayor socio comercial de Perú- invirtiese en la construcción al ser uno de los países que más se beneficiaría de la obra.

Paraguay, otro país sin costa, se uniría también al proyecto, mediante la creación de un enlace con Bolivia que le permitiese sacar sus mercancías al océano.

El proyecto está actualmente pendiente de la aprobación de los imprescindibles estudios de viabilidad integral, que revisan asuntos técnicos y de costes. Se espera que sean exhaustivos. Muchos analistas albergan serias dudas sobre la posibilidad de que se materialice por creer que la inversión no vale la pena. Sostienen que será difícil convencer a los dueños de la carga de que la ruta es, además de más veloz, más barata. «La viabilidad no está demostrada. La carga entre Perú y Brasil, y viceversa, difícilmente va a tener el volumen que justifique el tren, y la carga entre Brasil y China cuenta con vías alternativas que probablemente sean más cortas y más económicas. No se ha estudiado la competitividad del tren con esas rutas», explica a La Voz de Galicia el economista peruano Iván Alonso.

Otros analistas advierten que no tiene sentido subir al altiplano boliviano, a más de 3.000 metros de altitud, para luego bajar a Perú. Incluso matizan que la mejor ruta sería desde el puerto de Santos hasta Arica, en Chile, una alternativa que no habría sido contemplada por Bolivia porque el presidente Morales quiere reducir su dependencia de los puertos chilenos tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia, que rechazó el año pasado la demanda de La Paz para obligar al Ejecutivo de Santiago a negociar un acceso soberano al Pacífico.

Es decir, creen que la ruta se está delimitando más por motivos políticos que por motivos económicos. Sea como fuere, son muchos los países interesados en participar en la construcción del tren bioceánico. España, Rusia, Reino Unido, Alemania y Suiza ya han tenido contactos al respecto con los gobiernos sudamericanos. Por el momento, los dos países alpinos parecen llevar ventaja en las conversaciones.

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