Jubilarse antes de los 40: Hay quien dice que es posible

En la era consumista por antonomasia surge el movimiento FIRE, que anima a los jóvenes a ahorrar tanto que puedan permitirse dejar de trabajar. Aquí te explicamos su teoría


Redacción / La Voz

Manirroto y socarrón, Groucho Marx tendía a utilizar su vis cómica para soltar frases, hoy en día célebres, que ponían sobre la mesa la verdadera cara del ser humano. Una de ellas, que dice eso de que «la felicidad está hecha de pequeñas cosas como un pequeño yate, una pequeña mansión o una pequeña fortuna», puede sacar los colores a buena parte de la sociedad, que sueña con amasar billetes que sirvan de pasaporte directo a una prohibitiva cena, un exquisito viaje o una extravagante joya. España, una vez más, forma parte de la plana mayor de países que tienen que entonar el mea culpa. De vivir por encima de sus posibilidades sabe, y mucho, el sur de Europa, y parece que los ciudadanos se resisten a cambiar sus hábitos de vida. Al menos, de manera abrupta. Los españoles son los cuartos del mundo, según la revista Global Finance, que menos ahorran, solo superados en este ránking por japoneses, daneses y finlandeses. Pese al altísimo puesto que ocupa España en esta lista, una corriente que ejerce de contrapeso del capitalismo y su exacerbado consumo comienza a ganar adeptos. Se trata del movimiento FIRE (Financial independence, retire early) que además de avanzar en pro de la frugalidad y el minimalismo, tiene como eje central una idea que seguramente conquiste a algún escéptico: la libertad financiera. Con lo que eso conlleva, claro; que no es otra cosa que la posibilidad de abandonar el panorama laboral antes de los 40. La jubilación que muchos sueñan hay quien la tiene al alcance de la mano. Y con 33 años.

Esmeralda Gómez es uno de esos casos. Estudió Matemáticas, se especializó en Astrofísica y en la actualidad trabaja en un banco como analista estratégico. Pero podría perfectamente no hacerlo. Esta renacentista del siglo XXI, que también se dedica a la moda y la escritura, explica que el FIRE -término acuñado por Peter Adeney, un exingeniero que creó un blog para explicar cómo había podido dejar de trabajar reduciendo sus gastos un 75 %- la conoció a ella. Y no al revés. «Yo siempre he gastado poco pero, además, al empezar a trabajar ya decidí invertir, con lo que comencé a tener unas ganancias extra que, ahora, me permitirían no trabajar más; pero me gusta lo que hago».

Según explica Gómez, para alcanzar esa panacea de dejar de fichar lo primero que hay que hacer es reconfigurar el cerebro. «Es difícil si te dejas llevar por tu entorno porque todo son compras y gasto, pero hay muchas formas de ser feliz: yo, por ejemplo, hasta hace muy poco no me iba de vacaciones porque me lo paso igual de bien pintando, escribiendo o yendo a visitar a mis amigos a sus casas; pasa lo mismo con la moda o con la alimentación, donde no derrocho. Y ya no solo por mí, sino por tener en cuenta la sostenibilidad». Esta matemática, que tiene un hijo, explica que la maternidad no le ha impedido continuar con su libertad financiera. «No hace falta que los niños tengan mil prendas o mil juguetes y, además, es fácil recurrir a amigos o familia y reutilizar las cosas». Otro factor clave que, mantiene, deberíamos imitar en España si realmente queremos estar a los 40 sin un jefe en el cogote es rentabilizar nuestras destrezas. «En los países nórdicos, como pasan mucho tiempo en casa, se especializan en una habilidad, la monetizan, y generan unos ingresos pasivos que ayudan».

Lejos está el país de los bares y de la burbuja inmobiliaria de llegar a este extremo. Entre otras cosas, explica esta empleada de banca, porque a los españoles les cuesta especialmente desligarse del factor emocional. «Te intentan vender de todo y, al final, caes». Hasta con la vivienda: el principal lastre de no pocos españoles de mediana edad. Si la mejoría de la coyuntura económica debería haber aumentado la capacidad de ahorro en los últimos años, lo cierto es que en la actualidad los españoles, según datos del INE, derrochan más que antes. Es por eso que esta matemática no quiere dejar de dar un consejo a los millennials. «La clave está en cambiar el chip. En España la posesión está excesivamente bien vista y hay que tener en cuenta que la vivienda forma parte de un mercado cíclico. Por eso yo no le aconsejaría a nadie que gane 1.200 euros que invierta en una casa más de 120.000. Y para saber el límite del gasto en la vivienda yo recomiendo multiplicar por 100 tu salario mensual neto».

Apretarse el cinturón está bien. De hecho, será la llave que permita al futuro jubilado treintañero vivir, literalmente, de rentas. La obtención de ingresos pasivos (esos que no requieren de una presencia física o actuación directa) es la otra pata del banco en el que se sientan los que huelen la libertad financiera. ¿Ideas? Desde la compra de acciones hasta la creación de un curso online. 

«Vivo de vacaciones todo el año»

L. G. V.

El 90 % de las frases que pronuncia Agustín Grau son la envidia de cualquier trabajador. Desde una de sus primeras respuestas en la conversación telefónica mantenida para elaborar este reportaje, en la que asegura que tras licenciarse en Derecho solo ejerció dos años la abogacía y a partir de ahí pudo vivir de ingresos pasivos, hasta el momento en el que asegura que no trabaja en nada, sino que vive «de las cosas que me gustan». Y así es. Pese a que es contrario a la frugalidad y a la austeridad que colindan con el movimiento FIRE, Grau lleva lustros siendo libre financieramente: el objetivo último de esta corriente que, sobre todo, tiene seguidores en Estados Unidos (debido al hastío de muchos ante un sistema absorbido por la privatización) y Alemania (de fuerte tradición ahorradora). Dedicado ahora a explicar en sus libros cómo organiza sus finanzas, comenta: «Nada más empezar a trabajar ahorré, lo recomendable es hacerlo con el 50 % de tu salario, e invertí. Conseguí recibir más ingresos que los gastos que tenía y dejé mi trabajo. No quería trabajar de lunes a viernes en una oficina; me parece esclavizante».

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