La reina de las galletas se retira

María Teresa Rodríguez Sainz-Roza, la presidenta de la emblemática Gullón durante los últimos 40 años, anuncia su relevo tras años de convulsiones internas y de éxitos de puertas afuera


Redacción / La Voz

Lleva 36 años al frente del dulce imperio familiar. Pero en el camino no han faltado los momentos amargos. Incluido un enconado enfrentamiento con sus hijos por el control de la empresa. Al que puede que ahora se le añada un nuevo capítulo.

Ha sido el alma del mayor fabricante de galletas del país durante casi 40 años, pero cree llegado el momento de hacerse a un lado. Aunque quienes de verdad la conocen no se lo creen. Insisten en que nunca se irá del todo. Dan por hecho que acudirá todos los días a la fábrica, como ha venido haciendo durante todos estos años. Atravesando el campo que rodea a la factoría. A pie. Saltando de un lado a otro. Como un colibrí, apodo con el que algunos se refieren a ella.

Y seguramente acierten porque, entre otras cosas, María Teresa Rodríguez Sainz-Roza (Aguilar de Campoo, 1942) es ahora la presidenta de honor de Galletas Gullón. Un cargo vitalicio.

«Gullón es y ha sido mi vida, y estoy profundamente orgullosa del trabajo que hemos realizado a lo largo de estas décadas. Cuando asumí la presidencia, Gullón era un pequeño negocio con escasas posibilidades de subsistencia, que con el paso del tiempo hemos convertido en el principal fabricante de galletas de nuestro país. Hoy doy el relevo a la siguiente generación convencida del gran futuro que le espera a esta compañía», dijo tras anunciar su marcha. Y los números respaldan sus palabras.

Cogió las riendas en 1983. Obligada por el trágico fallecimiento en un accidente de tráfico de su marido, José Manuel Gullón González, miembro de la tercera generación directiva que fundó Manuel Gullón allá por 1892. Cuando aterrizó, la facturación apenas llegaba a los seis millones y la plantilla la integraban unos 120 trabajadores. Solo vendían sus gallegas en España. Hoy las ventas son de 360 millones, cuenta con más de 1.500 empleados, presencia en más de cien países, y filiales en Portugal, Italia, el Reino Unido y Francia.

Y eso que, hasta que falleció su marido, apenas si había pisado la fábrica. Y mucho menos para trabajar. Por aquel entonces estaba volcada en el cuidado de los suyos. Aunque, eso sí, conocía de primera mano los desvelos y alegrías que el negocio le proporcionaba a su esposo. Lo que le sirvió, ha contado después ella, de gran ayuda en sus inicios al timón.

Entre sus primeros y grandes logros: la primera galleta integral de España. Un producto con el que logró salir airosa del gran desafío inicial: la incorporación de España al Mercado Común y el desembarco de competencia, con lo que eso supuso para un mercado dominado hasta entonces por las galleteras familiares. Gullón es hoy la única que sigue en pie.

Una brillante trayectoria la de la firma de Aguilar de Campoo, empañada únicamente por la cruenta batalla familiar por el control que se inició a finales del 2009 y que acabó, primero con la presidenta y el director general, José Miguel Martínez Gabaldón, fuera de la empresa por las maniobras de dos de los hermanos de María Teresa y de sus tres hijos varones; y luego, con la vuelta de estos y la salida de aquellos un año después, junta extraordinaria a bordo de un Mercedes negro en las inmediaciones de la empresa, incluida. «La empresa va a ser para mis hijos, pero cuando yo quiera, no cuando ellos digan», zanjó cuando recuperó el control.

El hacha de guerra lo enterraron en el 2014 con el regreso de los hijos no tan pródigos al consejo Pero, puede que en falso. Ahora se verá. Para sucederla al timón, la galletera ha elegido a su única hija, Lourdes Gullón, en detrimento de los tres varones. Los de la traición.

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