La batalla del siglo se llama Itaipú

El Gobierno brasileño explora un acuerdo histórico con Paraguay para poder seguir accediendo a la energía que produce la mayor infraestructura energética del planeta


Bogotá / La Voz

Las cataratas del Iguazú, en la triple frontera argentina, brasileña y paraguaya, son unos de los mayores espectáculos naturales del mundo. Hace no mucho tiempo, sin embargo, rivalizaban en belleza con los saltos del Guairá, situados a muy poca distancia. Eran las mayores cascadas del globo, pero ahora han caído en el olvido. Fueron sepultadas en 1982 por la represa hidroeléctrica Itaipú. Un gigante de hormigón. La mayor productora de energía del planeta. Alrededor de 94 millones de MWh de media al año, que sustituyen a la quema de unos 500.000 barriles de petróleo al día. Una siempre polémica instalación, que ahora va a ser objeto de una dura negociación entre sus dos propietarios, Brasil y Paraguay.

Las dos dictaduras militares de la época sellaron la construcción de la represa en 1973, con el Tratado de Itaipú, que establece un condominio a partes iguales entre ambos países. Pero, según el controvertido anexo C de ese pacto, Paraguay, que no necesita toda la energía generada en la hidroeléctrica -consumió apenas el 7 % de la producción en 35 años, según un estudio- cede sus excedentes, un 35 % del total generado actualmente, a precio de coste a Brasil. Ese punto del acuerdo vence en el 2023 y deberá ser renegociado antes entre los dos países. «Paraguay debe asegurarse un precio justo de mercado por la energía que exporta a Brasil», advierte a La Voz de Galicia Miguel Carter, analista y director del Centro para la Democracia, la Creatividad y la Inclusión Social.

Carter es el autor de un estudio que estima que el bajo valor de compensación pagado a cambio de la energía cedida por Paraguay a Brasil hizo que el país guaraní dejara de percibir 75.400 millones de dólares entre 1985 y el 2018. El Gobierno de Asunción se queja de que sus colegas cariocas han administrado la hidroeléctrica como una empresa netamente brasileña y muchos paraguayos reclaman también que el país pueda exportar libremente la energía sobrante a estados como Chile o Argentina.

A precios de mercado, los beneficios de Paraguay por exportar su energía podrían elevarse de los actuales 360 millones de dólares anuales a 1.500 millones, según el ingeniero y parlamentario Ricardo Canese. El tratado será renegociado por los presidentes Mario Abdo y Jair Bolsonaro, que mantienen una estrecha afinidad ideológica y, hasta ahora, muy buenas relaciones.

Pero el tira y afloja no será sencillo. Bolsonaro ya habría avisado a Abdo de que Brasil «no está en condiciones» de dejar que Paraguay acceda libremente a su mitad de energía porque no tiene una fuente alternativa que cubra esa producción. El líder brasileño le habría propuesto a su contraparte «todo tipo de inversiones en Paraguay», a cambio de mantener el statu quo en Itaipú, argumentando, además, que la vida útil de la instalación se agotará en no más de tres décadas.

Brasil, que subrogó inicialmente mediante un préstamo el dinero que Paraguay iba a destinar a pagar su 50 % del presupuesto de construcción de Itaipú, parece dispuesto a luchar por seguir contando con la energía a bajo coste de la represa. «Si Paraguay opta por exigir una solución justa, podrían brotar puntos de tensión, dependiendo del grado de intransigencia que pueda adoptar Brasil», interpreta Carter.

Parte de los paraguayos no creen que Abdo vaya a plantear un debate duro. Otros creen que Asunción está conformando un equipo de negociación con un perfil político, mientras que Brasilia está optando por perfiles más técnicos, poniendo a Paraguay en desventaja. «La mejor opción para nosotros sería seguir el ejemplo de Panamá en su larga lucha por restablecer la soberanía sobre su canal. Itaipú se debe convertir en una causa nacional, un movimiento cívico y pluralista que genere energía social en favor de una revisión justa de los acuerdos», cree Carter.

En Brasil también existe, curiosamente, preocupación porque el equipo negociador no esté lo suficientemente preparado. Pero lo cierto es que hace diez años ya se llegó a un entendimiento parcial. Los gobiernos de Fernando Lugo y Luiz Inácio Lula da Silva, aliados ideológicos como Abdo y Bolsonaro, pactaron en el 2009 triplicar la compensación que Paraguay recibía a cambio de su energía, un precedente que podría dar pistas sobre el desenlace de esta batalla geopolítica.

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