«Tenemos cadena de valor, pero China e India son China e India»

El negocio del viento remonta el vuelo después de unos años de oscuridad, en los que algunos parques entraron en pérdidas. Pazo avisa de que la transición ecológica es ya imparable: «Si me llegan a decir hace unos años que iba a ser más barato colocar una placa fotovoltaica que una teja, no me lo creería», reconoce el presidente de la patronal eólica, que agrupa a 26 empresas promotoras


Redacción / La Voz

Manuel Pazo Paniagua dirige la Asociación Eólica de Galicia (EGA), una entidad que cuenta con 26 asociados, entre ellos las grandes industrias del sector.

-Los consumidores gallegos tienen que pagar un suplemento territorial por los impuestos que aplica la Xunta a su actividad, como el canon eólico, pero solo los del 2013. ¿Deberían abonarlos siempre en lugar de las empresas productoras?

-Nunca jamás dijimos que tuvieran que pagarlos los consumidores, a lo mejor, sí el sistema. El canon eólico no nos gusta, porque lo que queremos es ser competitivos con otras comunidades, y si se establecen unos impuestos, que sean los mismos para toda España. Es injusto que el consumidor pague, pero también lo es que la energía eólica limpia y renovable pague 23 millones de impuestos ambientales y la contaminación atmosférica, cuatro. Ahí pasa algo.

-¿Los parques eólicos ya son rentables sin incentivos? Cuando los suprimieron pusieron el grito en el cielo.

-Empiezan a ser competitivos. Hubo años que lo pasamos bien y años que lo pasamos mal, con parques que entraron en pérdidas. No llegaron a parar, pero las empresas tuvieron que hacer ampliaciones de capital...

-Este 2019 van a batir el récord de potencia eólica instalada, pero ¿por qué cree que sigue habiendo cierta oposición a los parques?

-No supimos comunicar bien lo que hacíamos, vas por Europa adelante y conviven perfectamente con los aerogeneradores, saben que producen energía limpia. Parte de los recursos del canon eólico tienen que dedicarse a educación ambiental en colegios, universidades...

-Pero quizá no es solo un problema de comunicación, sino que igual algunos vecinos los ven como empresarios que pagan poco, llenan los montes de molinos y sacan muchos beneficios.

-El que critica estos proyectos es el que no recibe. Hay que poner en una balanza y decidir qué queremos. Queremos tener luz y algo hay que hacer, hay otras muchas actividades con mayor impacto sobre el paisaje que la energía eólica.

-Se vuelven a construir parques, a usted le gusta hablar de que el sector está en otra revolución industrial, ¿cuánto durará?

-Tenemos contactos semanales con la Xunta y vamos por el mismo camino. La revolución (la transición energética) es inevitable.

-¿Será la eólica capaz de sustituir a las centrales de carbón, que son más gestionables y predecibles?

-Nosotros no somos quiénes para decir si el carbón es mejor o peor, pero es que producimos a precio más bajo. Tampoco va a ser un proceso inmediato, pero sí inevitable, sobre todo por costes.

-¿Está el cambio climático afectando al viento?

-Es curioso, el recurso es más o menos el mismo, pero se están desplazando curvas, lo que antes era más estable en ciertos meses, ahora es más anárquico.

-El viento gallego es el mejor, dicen ustedes.

-Por horas de funcionamiento, la productividad de nuestros parques está un 15 % por encima de la media nacional, y eso que son de los más antiguos.

-¿Qué limitaciones tienen para la instalación de más parques, están llegando al tope?

-Para nada, a finales de este año habrá unos 4.000 megavatios instalados, pero hay solicitados 5.000 más.

-La tierra está muy bien, pero ¿para cuándo parques en el mar gallego?

-Los parques flotantes todavía son un experimento, pero esto va mucho más rápido de lo que se piensa. Si me llegan a decir hace unos años que iba a ser más barato colocar una placa que una teja no me lo creería y la vas a instalar, aunque no te dé el sol. El coche casi no se usará, pero va a ser una batería que va a estar conectada a la red, y compraré y venderé electricidad con una aplicación. Eso es la electrificación de la economía.

-¿Para qué sirvieron los concursos eólicos?

-Todas las comunidades los tenían, se pusieron de moda, pero coincidió con una época de parálisis. El que sí fue un éxito fue el del 95, planeabas una serie de actuaciones industriales y te daban megavatios, nos convertimos en el número 1 de todo, pero era un concurso ligado a la industria eólica, luego se hizo otro vinculado a otras, ahí empezó a desmoronarse.

-Cerraron muchas fábricas, ¿se va a recuperar ese tejido industrial con el nuevo bum eólico?

-Tenemos toda la cadena de valor en Galicia, no debemos pensar en que mañana se va a poner una fábrica de aerogeneradores, ya tenemos una de palas muy moderna, una de tubos que trabaja a tres turnos con 400 empleados... China e India son China e India, tenemos que añadir otro tipo de valor, el que tiene una gestión de la energía, la digitalización de la energía, actividades que aporten valor y conocimiento, más que hacer un tubo.

La pesadilla del Quijote: molinos como dos torres de Hércules para exprimir el viento

F. Fernández

Los nuevos aerogeneradores que se están instalando en Galicia multiplican por seis la potencia de los antiguos. A finales de año, la comunidad contará ya casi con 200 parques

Máquinas seis veces más potentes, el doble de altas, dotadas con unas palas de 136 metros de diámetro. Así de monumentales son los nuevos molinos de viento que, sin duda, Alonso Quijano volvería a confundir con amenazantes gigantes de brazos infinitos. La reactivación del negocio eólico en Galicia hará convivir en los montes aerogeneradores considerados ya anticuados, aunque la mayoría no han cumplido la veintena, y con una capacidad media de generación eléctrica de 0,6 megavatios, con otros ultramodernos de 3,6. Seis veces más poderosos.

Los viejitos son pequeños, pero matones. Y, además, todavía son más que mayoría. Aunque no vivirán para siempre.

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