Galicia y la resiliencia frente a la crisis

Una población envejecida, una excesiva dependencia de dos actividades y un esfuerzo insuficiente en educación e investigación. La radiografía económica de la comunidad gallega presenta desde hace años déficits que es preciso atacar para impulsar un crecimiento más sostenido y menos volátil, para contener en definitiva las vulnerabilidades del modelo


Catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña

La última gran recesión mundial, la del 2008, afectó de manera muy severa al continente europeo, con unos efectos notables en lo tocante a los niveles de crecimiento, producción y empleo. Dichos impactos, sin embargo, han sido muy desiguales tanto a nivel de países como en lo que concierne al interior de los mismos, con implicaciones diferentes según las regiones y territorios. Conscientes de estas tendencias, el análisis económico utiliza el concepto de resiliencia para poder comprender la dinámica que se ha producido en los diferentes espacios económicos en función del impacto de la crisis y, con ello, saber cuáles fueron las repuestas. La resiliencia económica viene definida por la capacidad que posee una economía regional o local para poder resistir o volver a situaciones anteriores a los impactos de una crisis. Un estudio de dichos factores sirve para aprender a soportar y afrontar nuevos acontecimientos similares y para detectar las fragilidades de una economía territorial.

La mayor parte de los estudios sobre la resiliencia ponen el acento en la composición de la estructura regional y en los niveles de especialización. Se interrogan para saber si la diversificación o la especialización del sector industrial son suficientes para asegurar la robustez de su economía; o si el sector industrial es suficiente para poder resistir los embates de una nueva crisis o poder afrontar una fuerte desaceleración. Sin embargo, a través de las últimas investigaciones se puede afirmar que la resiliencia económica no depende de dichos factores, sino que debemos tener en cuenta los niveles institucionales, los sistemas de innovación y las condiciones socioeconómicas para poder explicar la mayor o menor resiliencia de las regiones europeas. Una segunda respuesta vendría dada por la heterogeneidad y especificidad local, así como por su legado histórico. Las disparidades regionales se han acentuado a partir de la crisis, aumentando las desigualdades económicas dentro de cada país. Lo que prueba que han existido efectos negativos diferenciados en función de los territorios y en función de los propios desarrollos de las regiones.

Las variables cuantitativas claves para explicar la resiliencia económica de las regiones son cuatro. En primer lugar, hay que referirse a los factores socio demográficos. Queremos advertir que los efectos más claros afectan al tamaño de la población, a los niveles de desarrollo urbano y a los efectos de aglomeración. La explicación es la siguiente, las economías de aglomeración implican una mayor densidad de población y de empleos; suponen economías en los costes de transporte y reducen las dificultades de intercambio de bienes, de personas y de ideas. Por tanto, estas zonas urbanizadas y concentradas están más expuestas a una recesión y serían las primeras en sufrir los efectos de una crisis económica o de una desaceleración. De ahí, las contantes y sucesivas reivindicaciones en contrabalancear los equilibrios de los saldos poblacionales por medio de las llamadas a las políticas de inmigración. No obstante, los estudios prueban el carácter ambiguo de esta solución, no llegando a ser la solución más segura y sólida. El indicador clave será, por tanto, la edad media de la población.

La segunda variable es la relativa a la innovación y el conocimiento. Aquellos elementos que favorecen la creación de conocimientos (educación y esfuerzos en I+D) constituyen y poseen efectos positivos sobre la resiliencia porque, en períodos de recesión, la destrucción creativa es susceptible de poseer un efecto potencialmente beneficioso sobre el desarrollo de nuevas vías de conocimiento, si las antiguas estructuras son reemplazadas por unas nuevas. En consecuencia, los factores vinculados a los conocimientos mitigan los efectos de la crisis o son propicios para atenuar las consecuencias negativas de las crisis. El indicador clave serían los gastos en I+D sobre el PIB y el porcentaje de población entre 24 y 65 años con diplomatura superior.

El tercer factor es el relativo a la estructura productiva. La primera intuición nos dice que una estructura productiva diversificada permite a una economía regional repartir el riesgo, reduciendo la inestabilidad de las fluctuaciones coyunturales, y aumentando la resiliencia. Dicho de otro modo, una región dependiente excesivamente de un pequeño número de actividades es potencialmente más vulnerable e inestable en caso de una desaceleración económica, porque ella posee menos márgenes de maniobra para amortizar las perturbaciones. De ahí que el indicador básico sea el grado de especialización sectorial de las actividades regionales.

Por último, la cuarta variable hace referencia a la calidad de las instituciones. En el análisis de la resiliencia tiene mucha importancia la calidad del gobierno en la medida que desempeña un rol muy importante a la hora de poder minimizar los choques financieros que afectan a los mercados; a eliminar los niveles de corrupción; a mejorar las respuestas políticas; o a fomentar la eficiencia de las inversiones públicas, por citar algunos ejemplos. En este supuesto, el indicador clave es la calidad de la gobernanza regional, que vendría dada por los valores de la imparcialidad en las actuaciones, los niveles de corrupción y por la calidad de la gestión pública, ponderadas para poder formar un índice regional.

Inversión en i+d

Con este análisis, Europa se divide en los siguientes planos. En primer lugar, las regiones más meridionales poseen un grado de resiliencia más débil; en segundo término, la geografía de la resiliencia a la crisis es dependiente de un efecto país; y, finalmente, aquellos países más afectados por la crisis han generado peores grados de resiliencia regional. En segundo término, los análisis nos permiten mostrar otras conclusiones de alto valor estratégico como, por ejemplo, que entre los factores que más han influido en aumentar los niveles de resiliencia se sitúan la calidad de las instituciones y los niveles de inversión en I+D en las regiones. Se destaca, asimismo, que regiones con un PIB elevado y con una población joven encaran las crisis y las desaceleraciones económicas con mejores opciones de futuro. Por el contrario, las regiones metropolitanas y que albergan actividades financieras son las que peor encajan las crisis al registrar bajos niveles de resiliencia.

Las consideraciones de Galicia son específicas dentro de la heterogeneidad europea. Pero a nadie se le oculta que tenemos una población mayor; que dedicamos poco esfuerzo y gasto a la investigación en tecnología; que contabilizamos dos actividades que concentran en torno al 50 % de las exportaciones; y que el cuestionamiento de ciertas actividades institucionales es recurrente desde hace años. Los expertos preconizan una atención particular a aquellas condiciones que permitan mejorar la resistencia a las crisis. Sugieren potenciar, fomentar e impulsar la educación, la accesibilidad y la movilización de los activos territoriales para poder formular estrategias regionales inteligentes. Si no somos capaces de comprender estos fenómenos, difícilmente podremos pensar en un crecimiento menos volátil y potencialmente más sostenido.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Tags
PIB
Comentarios

Galicia y la resiliencia frente a la crisis