La flexibilidad horaria del futuro será, desde mayo, cosa del pasado

Expertos en RRHH rechazan de plano la norma que obliga a fichar a los trabajadores. Piensan que fomenta una competitividad innecesaria y resta autonomía y libertad a los empleados


Redacción / La Voz

Existen dos tendencias enfrentadas en el entorno laboral español que no dejan de ganar seguidores. Aunque las razones por las que un empleado se adhiere a uno u otro bando son diametralmente opuestas. Por un lado, el presentismo, o lo que en el 2019 se entiende como procrastinar de manera continuada mirando las redes sociales o buceando por WhatsApp, no deja de crecer según los datos aportados por las empresas españolas, y que se ha visto reflejado en un informe de la consultora de recursos humanos Adecco. Según este gigante de la orientación laboral, hasta un 43 % de las compañías consultadas han detectado casos de presentistas en sus filas. Lejos de esa realidad se encuentran las empresas mejor valoradas por sus trabajadores, que suman cada vez más candidatos interesados en formar parte de su equipo porque, casualidad, son aquellas que fomentan la flexibilidad horaria como punto de partida para que el empleado pueda ser más productivo, sentirse realizado y, además, disponga de tiempo para la familia y el ocio.

A pesar de que la conciliación está en las antípodas del presentismo, a partir del 12 de mayo el decreto que obliga a las empresas a garantizar «el registro diario de jornada» modificará los comportamientos de los que disfrutan haciendo scroll infinito en sus webs de cabecera. Pero también influirá, y mucho, sobre los trabajadores que hasta la fecha gozaban de la oportunidad de plantear un horario a su medida habida cuenta del estallido de la órbita digital. ¿Pagan entonces justos por pecadores?

El fin de los excesos

El Ejecutivo de Pedro Sánchez argumentó que la medida va encaminada a perseguir a aquellas empresas que promueven excesos de jornada y horas computadas no extraordinarias ni pagadas y que, sin duda, fomentan eso de que los empleados «calienten la silla» en el trabajo hasta que el jefe o la jefa cierran la puerta del despacho. Además, vinculan la norma con el principio de desconexión digital al permitir establecer un marco horario estricto. Las expertas en recursos humanos consultadas ponen un interrogante a estos supuestos beneficios que traerá, en escasos días, este mecanismo de control que ya utilizan grandes corporaciones pero que apenas se usa en las pymes españolas.

Patricia Barros, que ha gestionado personal y el departamento de formación de una empresa de automoción en Vigo, mantiene que será poco menos que una quimera «la implicación a nivel organizativo y burocrático de la modificación del artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores en las empresas con horario flexible». Pero le pone más pegas al asunto. «El control de entradas y salidas va a ser imposible, y es difícil que consiga trasladar la realidad de las horas efectivas realizadas por el trabajador porque hay múltiples formas de manipular o mostrar información incompleta en estos registros».

El tiempo no es una vara de medir la productividad de un empleado. Y menos debería ser un arma arrojadiza contra el trabajador. No es baladí este punto si se tiene en cuenta que los españoles son, junto a italianos, portugueses y griegos, los que más horas dedican al trabajo al año. Eso sí, con una productividad menor que la media europea. Es lo que piensa Aida Domonte, responsable de recursos humanos en Aimen Centro Tecnológico. «Aunque estoy de acuerdo en que de alguna manera hay que fichar, porque da a la empresa unos datos objetivos relevantes respecto a los trabajadores, también hay que valorar otros factores: en mi empresa, por ejemplo, hay personas que traen millones de euros y no tardan lo mismo que sus compañeros porque dedican más horas, quizás, a establecer contactos; pero son buenísimos. Sin embargo, ahora probablemente veamos una competitividad innecesaria entre empleados». Además, a esta especialista le surgen dudas: «¿Qué pasa por ejemplo con los comerciales que no acuden a la oficina? ¿Y con la flexibilidad laboral por la que tanto se pelea? Con esta norma, de una manera o de otra, se acaba con ella porque cuando le das tanto control a la empresa el trabajador pierde libertad».

Tilda Domonte de arma de doble filo este cambio en la legislación. Precisamente lo que piensa María Dorrego, titulada en Recursos Humanos que se ha enfrentado a múltiples procesos de captación de personal en una multinacional. «Las empresas han tenido que sumarse a las nuevas tendencias laborales para ser más competitivas. Si antes en una entrevista de trabajo el eje de la negociación era el aspecto económico, ahora cada vez gana más importancia el factor tiempo; la conciliación».

El teletrabajo ha venido para quedarse y, «aunque los empresarios aún lo miran con recelo, es una manera óptima de compaginar la vida profesional con la laboral sin dejar de ser productivo». Es más, asegura esta experta: «Dotando de mayor autonomía al trabajador le damos más responsabilidad y potenciamos su implicación en proyectos empresariales, mientras que con el registro de jornada lo que hacemos es volver a un sistema paternalista». Ya saben, como en aquella mítica serie de los noventa en la que Antonio Resines le decía a su hija eso de «a las once en casa».

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