Paraísos fiscales en la UE: cuando el enemigo vive en casa

La Eurocámara pone nombres y apellidos a los países europeos que sabotean las Haciendas de sus vecinos


Los papeles de Luxemburgo, los de Panamá, los papeles del Paraíso, el escándalo Cum-Ex, los visados de oro o los casos interminables de delincuencia financiera perpetrados en los últimos años por bancos alemanes, británicos, daneses u holandeses demuestran que, a la hora de evadir, defraudar y blanquear dinero, la nacionalidad no importa. La tendencia global es trasladar la carga impositiva del «patrimonio a los ingresos, de las rentas del capital a las rentas del trabajo, de las multinacionales a las pymes y del sector financiero a la economía real», como bien apuntó recientemente la Eurocámara. Y las grietas se agrandan.

Las cifras

Un 40 % de los beneficios de las multinacionales están escondidos en paraísos fiscales. El 35 % del total procede de la actividad de estas empresas en países de la UE, donde el fraude y la evasión fiscal ascienden en conjunto a 1 billón de euros al año, el equivalente al presupuesto comunitario para siete ejercicios. Un agujero negro fiscal difícil de cerrar por el trato de favor que reciben los gigantes empresariales dentro de Europa. La UE ha intentado llegar a acuerdos de mínimos en torno a sus listas negras de paraísos fiscales para remediar de alguna forma la sangría financiera. Un «verdadero éxito», según la Comisión Europea que subraya la importancia de poner el foco en las jurisdicciones no cooperadoras: Guam, las Islas Vírgenes de los Estados Unidos, Samoa, Samoa Americana, Trinidad y Tobago, Barbados, los Emiratos Árabes Unidos, las Islas Marshall, Aruba, Belice, Bermudas, Dominica, Fiyi, Omán y Vanuatu. No busquen a Andorra o Panamá. No han sido incluidos, a pesar de que el país centroamericano da nombre a uno de los escándalos fiscales globales más célebres de la última década. ¿Qué implica poner el estigma público a estas jurisdicciones? Los fondos procedentes de la UE no se podrán canalizar o transitar a través de entidades de estos países para evitar que los fondos escapen a la lupa de las Haciendas europeas.

El enemigo en casa

Las escandalosas cifras de evasión fiscal han puesto en pie de guerra a activistas y políticos de diversas familias políticas. Sus dedos acusadores no apuntan solo a las multinacionales. También señalan a algunos gobiernos europeos cómplices y facilitadores de las trampas fiscales que cometen en la UE gigantes empresariales como Apple, Sturbucks, Amazon, Facebook, Google y sus rivales. A pesar del escrupuloso trabajo por diseñar listas negras de paraísos fiscales, Bruselas siempre ha caminado con pies de plomo a la hora de poner orden en casa, donde proliferan sin pudor regímenes fiscales a la carta, solo para ricos. Tanto es así, que la Comisión Europea se vio obligada en el 2016 a llamar a los Veintiocho a «predicar con el ejemplo» antes de exigir a terceros países poner fin a las prácticas de fiscalidad agresivas. «Hay países de la UE que son paraísos fiscales, así de sencillo», aseguró con rotundidad en el último plenario de marzo la eurodiputada francesa Pervenche Berès. La bancada socialdemócrata fue la más beligerante durante el debate sobre fiscalidad que tuvo lugar en el hemiciclo. Allí se alumbró una durísima resolución en la que se ponen nombres y apellidos a los socios más desleales: Bélgica, Irlanda, Luxemburgo, Holanda, Malta, Chipre y Hungría «presentan características de paraísos fiscales» y «facilitan la planificación fiscal agresiva», reza el texto sin ambages. También se pone el foco en el progresivo declive del impuesto de sociedades, que se ha reducido en la UE un 32 % desde el 2000, pasando de un promedio del 32 % al 21,9 % del 2018. En este contexto, la propuesta de una base imponible mínima es una quimera, como lo es la posibilidad de alumbrar una tasa digital común para los gigantes de Internet. Países como Suecia, Dinamarca o Irlanda se oponen a pesar de que las empresas tradicionales tributan de media un 23 % frente al 9,5 % de las digitales.

El «sándwich holandés» o el «doble irlandés» no son especialidades culinarias sino trampas fiscales bendecidas por gobiernos europeos para permitir a las grandes empresas adelgazar sus facturas. «Es un gran paso adelante tener una lista de terceros países que no cooperan en materia fiscal, pero si se aplican los mismos criterios a los Estados miembro de la UE, vemos que algunos también facilitan estas prácticas agresivas. Tienen que parar porque perjudica a sus vecinos», denunció el responsable del texto, el socialista danés Jeppe Kofod. «Hay algunos Estados que se están aprovechando vergonzosamente», se quejó el español Ramón Jáuregui, quien responsabiliza de estos desfalcos al bloqueo del Consejo a propuestas para soldar las brechas. ¿Cómo desatascar el problema? El socialista sugiere superar el veto de algunas capitales acabando con el voto unánime en las negociaciones de carácter fiscal.

«Hay muchos gobiernos que no han tenido voluntad para luchar contra la evasión fiscal, bloqueando la tasa digital o la base común para el impuesto de sociedades. Luxemburgo, Bélgica o Países Bajos están actuando de facto como paraísos fiscales», denunció el eurodiputado italiano Nicola Caputo. No es coincidencia que, cinco años después de que estallase el escándalo Luxleaks, la Comisión Europea, dirigida por el entonces primer ministro y ministro de Finanzas luxemburgués, Jean Claude Juncker, solo abriese la investigación a uno de los cerca de 500 menús fiscales que ofreció su país a grandes empresas. A Bruselas no le ha temblado el pulso cuando otros países europeos perpetraron trampas similares. La comisaria de Competencia, Margrethe Vestager, obligó a Irlanda en agosto del 2016 a recuperar alrededor de 13.000 millones de euros que su Hacienda le había perdonado a Apple. Dublín se opuso al ver peligrar su modelo de negocio. Lo mismo tuvo que hacer Holanda con Sturbucks.

Policía financiera europea

«No deben existir agujeros negros ni se debería tener que sospechar de nadie […]. Hay que acabar con la planificación fiscal agresiva entre países miembro», deslizó el comisario de Economía, Pierre Moscovici. El francés deja un legado de 18 propuestas de fiscalidad y 8 contra el fraude y evasión fiscal. Ha sido el abanderado en la cruzada de la Comisión Juncker contra la erosión de las arcas públicas. En otro tiempo se consideró un logro cerrar acuerdos de intercambio automático de información con países como Andorra, Mónaco, Suiza, San Marino y Liechtenstein, hoy los ojos están puestos en la competencia fiscal entre Estados miembro. ¿Cómo evitar que las multinacionales aprovechen la competencia entre capitales europeas? Como nadie saca la bandera blanca, el Parlamento Europeo ha exigido a Bruselas crear en el marco de Europol una policía financiera europea que cuente con competencias propias para investigar y perseguir delitos transfronterizos.

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