«El turismo de conciertos y ocio promociona Galicia»

Siempre le sonó bien la música; por afición, por amor y hasta por trabajo, ya que su primer empleo lo consiguió en una productora musical. Vio que se le daba bien y no tardó en crear su propia empresa, con la que lo mismo trae a Galicia a El canto del Loco que a Ringo Starr. Y eso que es un mundo de hombres que se mueven de noche, pero Raquel Seijo nunca se planteó dar ni un solo paso atrás


Redacción / La Voz

Raquel Seijo (Vigo, 1980) estudió Periodismo en Salamanca y, tras realizar prácticas en varios medios de comunicación, encontró su primer trabajo en la productora Articket, y ya nunca dejó la música, un sector que no le era ajeno porque, por aquel entonces, su pareja tenía un grupo «y me recorría con ellos festivales y conciertos y conocía el mundo del directo, y acabé echándoles una mano».

-¿Tuvo siempre claro que quería desarrollar su profesión en el mundo de la música?

- Yo entré en Articket para encargarme de la comunicación, pero cuando organizaron Para Vigo me voy, un espectáculo de música latina, empecé a trabajar en la parte de la organización y se me dio cada vez más responsabilidad.

-Se estableció por su cuenta enseguida. ¿Por qué?

-Estuve tres años y decidí que ese ciclo ya lo había cumplido. Aprendí mucho en Articket y fue una decisión mutua, además, conté con el apoyo de la gente del sector. A pesar de que era muy joven me animaron a montar mi empresa. Empecé con un fin de gira de El canto del Loco, y salió todo muy bien, con el Multiusos de Santiago a reventar. Fue una prueba de fuego, pero así nació Sweet Nocturna. Trece años después, aquí sigo. Es mucho trabajo y mucho desgaste pero le estoy muy agradecida a la gente que me ayudó al principio.

-¿Por qué Sweet Nocturna?

-Nocturna Producción fue el primer nombre, pero al año siguiente, en el 2007, me junté con mi socio actual, David Lago, que tenía su propia empresa, que se llamaba Sweet. Él venía de una experiencia similar a la mía pero trabajaba más en el campo internacional y vimos que nos complementábamos muy bien.

-¿Se especializaron en algún tipo de música?

-Nosotros no quisimos especializarnos. El ciclo Galicia importa, por ejemplo, que va por su octava edición, es apropiado para auditorios y para traer a músicos que no han venido mucho a Galicia. A nuestro entender, eso es compatible con los conciertos de verano, que son más masivos. Ahora acabamos de traer al Circo del Sol en A Coruña y luego, en los veranos, trabajamos más con la programación de los ayuntamientos.

-¿Con qué plantilla cuentan?

-Para los grandes eventos contamos con mucha gente, lógicamente. Estoy pensando en el último Xacobeo en el Monte do Gozo... Pues fueron cientos de personas de seguridad, mantenimiento, recepción, transporte, producción, comunicación... Como plantilla estable somos cinco personas, pero cada evento tiene su infraestructura. Es un sector que genera mucha riqueza y eso no siempre se tiene en cuenta.

-¿Han calculado ese impacto económico?

-Hay un impacto económico muy fuerte que va más allá del directo. Pasó en eventos como el Circo del Sol en A Coruña o cuando trajimos a Maná a Vigo. Se mueve mucha gente alrededor e impacta en la hostelería, el transporte... Tuvimos a Ringo Starr en A Coruña y la promoción para la ciudad que supone que venga un beatle a Galicia es difícil de evaluar. Contabilizamos las entradas y el 30 % era de gente de fuera. El turismo de conciertos y ocio promociona Galicia, es una oferta turística más. Si voy a pasar el fin de semana fuera, miro dónde hay un concierto y voy.

-¿No hay una oferta excesiva de festivales?

-Sí, se habla de la burbuja de los festivales; siempre que hay una fórmula que funciona, se explota. En Galicia se pasó de hacer tres festivales a que cada zona tenga el suyo, y al final, la economía es la misma y hay que compartirla.

Aunque su negocio gira en torno a la noche, el trabajo de Raquel Seijo se desarrolla en horario de oficina. | óscar vázquez

esa difícil logística familiar

el detalle

Raquel Seijo admite que la logística familiar en su caso es difícil, y eso que, al menos, ella tiene una pareja con un horario «normal» que se ajusta al de sus hijos de 2 y 4 años. «Pero es duro no poder pasar el fin de semana con los niños, que es lo que todas las madres queremos». No los lleva a los conciertos: «No, porque estoy trabajando, aunque a veces me hacen ellos una visita. Sí los llevo cuando estoy de vacaciones». Sorprende que le apetezca ir a conciertos en sus días libres. «Es que la música me gusta, pero los escojo mucho, solo los que me apetece». Así que es el padre el que se hace cargo de los niños cuando mamá trabaja. «Pero eso en mi casa es algo normal. Para mis padres, el trabajo de mi madre era tan importante como el de mi padre, y eso es lo que les transmito a mis hijos. Y mi pareja también conoce el mundo de la música y sabe lo que es».

El canto del Loco fue mi primer concierto y doce años después le pedí a Dani Martín que me firmara el cartel, por lo mucho que significa para mí»

«Las negociaciones antes se hacían de noche, en la barra; ahora se hacen en horario de oficina»

No es un mundo fácil; se mueve por la noche, vinculado al ocio, la fiesta y los excesos, y a veces, al margen de la profesionalidad.

-¿Sufren mucho intrusismo?

-Antes parecía que cualquiera podía contratar a quien fuese y eso es peligroso, porque hay que tener en cuenta muchos factores, que luego pasan las cosas que pasan. Nosotros formamos parte de la Asociación Galega de Empresas Musicais y de la Asociación de Promotores Musicales y hemos mandado unas directrices a las administraciones para que solo contraten con empresas solventes.

-¿La crisis discográfica provocó el resurgimiento del directo?

-El modelo de negocio ha cambiado, la gente consume más música pero de una forma más impulsiva, conoce las canciones pero no a los artistas que hay detrás y eso obliga al artista a hacer más directos, y de ahí el auge de los festivales. Eso es positivo, porque un concierto grabado nunca va a ser lo mismo que un directo.

-¿Es un negocio duro?

-Vivir de esto es duro, sí, porque tienes que tener una programación todo el año. Hay otros que trabajan solo en verano pero nosotros pensamos que tenemos que hacerlo así.

-Porque desestacionalizar es complicado...

-El ciclo Galicia importa se hizo con esa idea, en otoño-invierno, cuando casi no hay programación. De ese ciclo acabamos de traer a Yo la Tengo y agotamos. Lo que pasa es que requiere un trabajo y un desgaste mayor, y una oficina dedicada a eso.

-Trabajar de noche también será duro, y más siendo mujer.

-Este es un mundo muy masculino en el que las mujeres no llegamos al diez por ciento en los cargos directivos. Se mueve mucho por la noche y a veces no es fácil que te respeten porque la noche tiene sus hábitos. Las negociaciones antes se hacían por la noche, en la barra; ahora se hacen en horario de oficina. Luego, lógicamente, tienes que atender los conciertos, pero yo siempre fui reivindicativa. Monté mi propia empresa siendo joven y he tenido algunas experiencias malas, no solo de noche, también con algún político. Me he encontrado de todo, pero siempre me consideré igual que los hombres y, desde luego, nunca ni un paso atrás.

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