«Queremos las cosas ya sin pensar qué supone a empresa y trabajadores»

Dice que servir a los consumidores es clave para sobrevivir, pero hay que hacerlo de forma rentable. Además, hay que conciliar el interés empresarial con los derechos sociales. De ahí que en logística aún hay muchos desafíos.


Redacción / La Voz

En esa carrera para lograr la inmediatez de servicio que requieren los consumidores, las empresas tienen grandes retos que superar en su estrategia logística. Para el catedrático de Organización de Empresas y director del grupo de Ingeniería de la Organización de la Universidade de Vigo Carlos Prado, hay varios. Uno fundamental es lograr la rentabilidad. Porque, como explica, «servir a los consumidores es la clave para sobrevivir, pero hay que hacerlo de forma rentable». Además, habla del futuro de los autónomos que copan el sector del transporte terrestre: «Hay que ver cómo se podrían conciliar las necesidades económicas de rentabilidad de las empresas con los derechos sociales».

-¿La rapidez es fundamental para competir?

-Sin duda. Para muchas compañías, sobre todo en comercio electrónico, está sirviendo como eje de posicionamiento. El hecho de ser capaz de dar un servicio de entrega en dos horas es un elemento de competitividad. Pero en general en logística hay que tener en cuenta tres parámetros: servicio, calidad y coste. Y hay que tratar de equilibrar los tres. Estamos dando el servicio, pero hay que ver a qué coste. Uno de los asuntos en los que más se trabaja es en cómo ser capaz de hacer la entrega de forma económica.

-¿Veremos repartos con drones?

-Muchas veces hay más de estrategia de comunicación que de realidad, pero por qué no. Está todo por escribirse precisamente por esa necesidad de abaratar el servicio. Es verdad que el consumidor se ha habituado a no pagar por cosas, algo que en cierto modo también es la razón de por qué todas estas actividades de e-commerce se han desarrollado. Vale lo mismo que te lleven algo a casa que ir por él a la tienda, pero ese servicio tiene un coste.

-¿Habrá que pagar un mínimo?

-Pero eso lleva a una trampita que hacemos los consumidores. Me vas a cobrar por una gorra que vale 7 euros cuando el pedido mínimo son 25, pues te compro una camiseta y luego te la devuelvo.

-Eso tiene un coste también.

-La logística inversa es muy importante y cara. En este mundo que se está iniciando aún queda mucho por investigar, desarrollar y hacer.

-¿El buen cálculo de «stocks» también es fundamental?

-Eso es lo más difícil del mundo. Más ahora que el entorno es cada vez más cambiante. Hoy (por el día de la entrevista en que hizo mucho calor) es 25 de febrero y probablemente se vendan más cervezas que cualquier fin de semana. Prever la demanda es uno de los aspectos más relevantes a la hora de aplicar la inteligencia artificial.

-En un escenario de estrategia logística global, ¿Galicia está bien ubicada, o no?

-La posición geográfica no es perjudicial ni beneficiosa. Volvemos a ver el flujo global, qué infraestructuras tenemos que faciliten todo eso. (...) Tendríamos que hacer un plan de país para optimizar recursos.

-¿Acabará la hegemonía de Amazon o Alibaba?

-(Risas). Como decía antes, prever es lo más difícil que hay. No se sabe. Hace no tantos años los teléfonos eran de Nokia y Motorola. Ahora prácticamente han desaparecido. Esto es una guerra global en la que los mejores sobrevivirán.

-¿Hay futuro para el autónomo en este campo?

-En el mundo de los autónomos el tema legislativo está encima de la mesa. Veremos cómo evolucionará. (...) La situación actual (y previsible futura) del mercado requiere mucha flexibilidad y evidentemente la flexibilidad necesaria en las empresas y la legislación se llevan mal porque todos queremos tener un empleo fijo en una compañía buena y para siempre. El mundo de la empresa no va tanto por ahí. Entonces hay que conciliar ambas, las necesidades económicas de las empresas con el mundo social.

-¿Es otro de los desafíos?

- Pero ¡ojo!, las demandas de las empresas derivan de las necesidades de los consumidores, no son por capricho. Queremos las cosas ya (plazos de entrega cada vez más cortos, mayor variedad de productos, precios competitivos…), sin pensar a veces en las implicaciones que eso tiene en las empresas y, consecuentemente, en las personas que trabajan en ellas. Por ejemplo, quiero que me entreguen el producto en mi casa cuando estoy. A mediodía o por la noche de lunes a viernes, o el fin de semana. ¡Genial! ¿Quién tiene ese horario para servirlo? De ahí la necesaria flexibilidad de servicio, que se lleva mal con la estabilidad de los puestos de trabajo que nos gustaría a los trabajadores. En un almacén que sirve a supermercados es similar. El trabajo necesario en el almacén no es uniforme. (...) Gestionar esos picos de demanda a veces imprevisibles no es fácil, ni en el almacén, ni en el transporte. Ese es el desafío.

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