Androides a la conquista del mundo

Los robots ya sustituyen a los trabajadores e incluso a productos físicos en tiendas. Los expertos alertan de las consecuencias de este fenómeno: deshumanización o una revolución del modelo


Redacción / La Voz

Los robots aterrizaron hace unos años en nuestras vidas para quedarse. Y para conquistar, poco a poco, todos los aspectos de nuestro día a día. Al principio lo hicieron sin que se notara mucho. Las tablets o los móviles facilitaron tareas como la de comunicarse desde cualquier lugar del mundo para después ir copando otras más complejas como la de gestionar las finanzas personales o comprar cualquier producto que se pase por nuestra mente.

Pero estos cacharros avanzan a un ritmo endiablado. Y empiezan a sustituir tareas que hasta ahora solo aparecían en series como Black Mirror. Ciencia ficción. Eso creíamos. A principios del 2018, medios de todo el mundo se hicieron eco del aterrizaje de la revolucionaria tienda Amazon Go en Seattle. Sin dependientes y sin caja, prometían. Y como la inauguración era al otro lado del charco, pensábamos aquí en España que esto de las tiendas sin gente era cosa de otro mundo. Nada más lejos de la realidad. Tudecora -empresa especializada en la venta de muebles- se ha convertido en la primera tienda de su sector sin dependientes ni horarios comerciales. Su sistema funciona a través de una app que permite a los clientes abrir la puerta de la tienda desde el móvil en el momento que lo deseen para, acto seguido, acceder al interior y ver y tocar los muebles de la exposición. Y hay más. Porque en caso de ver algo que les guste, podrán realizar, allí mismo y a través de las máquinas, el pedido que deseen.

Lo de las tiendas sin dependientes ya empieza a ser algo hasta cierto punto corriente. Pero el sector tiene preparados a los consumidores cosas insólitas que están a la vuelta de la esquina.

Sin producto

La apuesta de distribución textil de Nordstrom no elimina a los dependientes, pero sí el producto. Tres de sus tiendas -situadas en Los Ángeles y Nueva York- funcionan sin inventario. Es decir, venden ropa pero sin ropa. La superficie está dirigida a la recogida de las compras hechas online y todo el espacio que les sobra lo dedican a permitir a sus clientes vivir toda una experiencia. Servicio de manicura, cafetería o zona de relax son solo algunas de las posibilidades que se encuentran los consumidores cuando traspasan la puerta de Nordstrom, que también ofrece un servicio de personal shoppers.

Los primeros avisos ya empezaron a dárnoslos las empresas hace algunos años, cuando en los supermercados más tradicionales aparecieron las cajas para pagar con autoservicio o dispersas por toda la geografía empezaron a levantarse gasolineras sin empleados. Ya lo tenemos normalizado. Pero lo que viene es impredecible. En China, por ejemplo, la marca de ropa urbana JD ha demostrado que con solo cuatro personas es capaz de gestionar 200.000 pedidos diarios.

Pero la robotización de la vida tiene sus consecuencias. Y muy serias. «Caminamos hacia una profunda deshumanización del comercio. Ir a comprar dejará de ser una actividad social para ser algo meramente mecánico», asegura Miguel López, secretario general de la Unión de Consumidores de Galicia (Ucgal). A este experto tampoco lo coge desprevenido el nuevo modelo: «Es algo que viene sucediendo desde hace tiempo. El cierre del pequeño comercio y la apertura de grandes superficies ya estaba provocando que fuéramos perdiendo el valor personal y la calidad humana a la hora de comprar. Esto es un paso más». Eso sí, Miguel López alerta: «La principal preocupación que tenemos es que la mecanización del comercio suponga un problema en la salvaguarda de los derechos de los consumidores. En principio, la robotización no debe convertirse en un inconveniente, pero hay ocasiones, con las que ya estamos conviviendo como es el caso de las gasolineras autoservicio, en las que está suponiendo una merma de derechos para colectivos como el de los ciudadanos con algún tipo de discapacidad, que se encuentran con que muchas veces no pueden acceder al servicio».

un cambio de modelo

Muchos expertos ya han dado la voz de alarma. La irrupción de las máquinas en las tiendas puede acabar sangrando el sector laboral. Si la tecnología es capaz de ocupar los puestos de trabajo de los humanos, ¿cómo se sostendrá el sistema? ¿En qué trabajarán los empleados del futuro? Y si no hay trabajo y, por consiguiente, no hay dinero, ¿quién consumirá?

Antonio Izquierdo, catedrático de Sociología en la Universidade de A Coruña (UDC), va incluso un paso más allá. Sostiene que el sistema por el que caminamos «está corroyendo nuestro carácter». «Tradicionalmente, el tiempo que las personas dedicábamos al trabajo tenía un transcurrir lógico. Empezamos con empleos más precarios, nos estabilizamos y poco a poco vamos creciendo y progresando. Ahora ya no. El tiempo de esta nueva economía es quebradizo. Hoy tienes un empleo cualificado y mañana uno que no lo es para de repente pasar por una situación de desempleo...», explica este experto, para añadir: «Los robots hacen básicamente tareas repetitivas, por lo que esta nueva economía exige que los humanos creemos valor añadido y que lo hagamos de manera autónoma. Antes los empleos se generaban desde las instituciones, con grandes empresas, a partir de ahora habrá pequeñas compañías que un solo individuo se montará desde su casa con un simple ordenador», sentencia.

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