«De niña ya pintaba con betún»


Redacción / La Voz

La cabeza de Ana es un bule bule. Corazón y mente de artista. Multidisciplinar. Renacentista. Patronaje, diseño, videocreación... Al servicio de otros hasta que fue su propia jefa en lo que siempre había querido hacer: un proyecto personal que aunase dos de sus grandes pasiones, la cerámica y la pintura. «Witchneeds es fruto de la necesidad de magia, de crear algo que no existe, de investigar y encontrar algo que te remueva por dentro», explica su alma máter, todavía emocionada tras recibir un inesperado reconocimiento, el Premio Artesanía de Galicia 2018, por su trabajo titulado O bosque interior (con el que posa en la fotografía), un juego de café escultórico inspirado en la naturaleza. Hecho a mano, cada pieza es única. «Cada una de las seis tazas lleva una pasta diferente, tal y como en el bosque hay árboles de distintas especies mezclados». Los platos evocan rocas. Los removedores, ramas. En porcelana, frágiles. Auténticas obras de arte que han servido de lienzo para otras obras de arte... comestibles.

Ana Tenorio ha vestido las mesas de chefs como Pepe Solla o Iñaki Bretal. También llaman a su puerta clientes particulares, con los que contacta en ferias y «sobre todo a través de Internet». Outside fue su carta de presentación. Y Naked una evolución más abstracta de aquella primera colección. Aunque si nos remontamos al origen, habría que ir mucho más atrás, hasta una paleta de betún con la que su madre limpiaba los zapatos: «Empecé a pintar con betún hasta que mi familia me vio y dijo ‘uy, a esta niña hay que comprarle unas témperas’».

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