¿Está la solución al tráfico bajo tierra?

El visionario Elon Musk apuesta por solucionar la congestión en las ciudades con una red de subterráneos con coches eléctricos guiados. Los expertos en túneles se muestran escépticos


Redacción / La Voz

El magnate y físico sudafricano Elon Musk, fundador de Tesla, tiene todas las características de un visionario. Ha acertado plenamente en algunas aventuras y el tiempo dirá qué sucede con algunas de sus incursiones en el mundo de la movilidad y su apuesta contra el calentamiento global a través de la energía solar. Su proyecto Hyperloop, el tren ultrarrápido, es ya algo más que una quimera -España será uno de sus principales campos de prueba-, y sus progresos en la exploración espacial son palpables. Ahora, Musk se ha introducido en el complejo mundo de la movilidad urbana con un proyecto de vehículos eléctricos guiados que circulan a alta velocidad por túneles, conectados con la superficie por ascensores. Su plan ha recibido críticas -algunos ingenieros ven a Musk como un intruso oportunista en el mundo del transporte-, pero también cuenta con defensores.

El profesor universitario Carlos Nárdiz, en su doble faceta de ingeniero de Caminos y urbanista, es quizás la persona más adecuada para analizar si esta nueva aventura es producto de la conocida afición por los cómics de Musk o si una vez más el empresario y científico ha dado con la tecla del futuro. En principio, Nárdiz recuerda que la idea no es en absoluto original y se remite el proyecto de Norman Foster para Masdar, en los Emiratos Árabes Unidos, una ciudad sostenible en construcción en la que los coches están prohibidos en superficie. Como alternativa, han diseñado un sistema denominado Transporte Rápido Personalizado, consistente en coches-cápsula guiados que circulan por una amplia red subterránea que, en una ciudad construida desde cero, es más fácil de habilitar. «La idea de futuro es solucionar los problemas de tráfico en las grandes ciudades y, al tiempo, recuperar espacio para peatones y ciclistas en la superficie», explica Nárdiz, que insiste en la idea de que el espacio urbano es limitado y que la calidad de vida en las ciudades dependerá de cómo se recupere ese espacio para las personas. Así, recuerda la experiencia de Madrid con el soterramiento de la M-30, un proyecto muy criticado por el endeudamiento que supuso, «pero que hoy nadie cuestiona».

¿Cuál es el proyecto de Musk? Su empresa, The Boring Company [la Compañía Aburrida], asume que la solución al problema del tráfico en las ciudades pasa por una alternativa tridimensional. Descartan una red de puentes por su impacto visual, su exposición a la meteorología, a los terremotos y a otro tipo de riesgos, así que apuestan por redes de túneles con el tamaño justo para que circule un coche y cuya construcción es «invisible y menos molesta» para los ciudadanos. ¿Cuál es el problema? El alto coste que aún supone excavar túneles, principalmente porque su construcción se demora en el tiempo, con el consiguiente gasto en mucha mano de obra durante períodos muy prolongados. Musk y su gente están diseñando una tuneladora más rápida que las actuales -un caracol es 14 veces más rápido que una perforadora en suelo blando, dicen-, en un sector, constatan, en el que se ha invertido muy poco en investigación e innovación. Incluso han pensado en reciclar en material de construcción los residuos generados por la perforación. La idea futurista no sería factible sin estos túneles low cost. El experto en ingeniería y geotecnia de túneles Francisco Martínez Lozano, de la empresa Eptisa, no rechaza que pueda haber mejoras en la perforación, pero cree que al proyecto le falta realismo. «Los aumentos del coste vendrán dados por las características del terreno a perforar y las dificultades que surjan en el proceso», explica. Problemas con el agua, materiales blandos... «El terreno es variable y con sorpresas. No conozco ningún túnel que no haya dado problemas». Y alerta de más problemas: el riesgo sísmico en ciudades como Los Ángeles -donde Musk quiere aplicar su idea- y las eventuales complicaciones para los cimientos de los edificios.

Los coches eléctricos autónomos serán individuales, pero Musk cree que pueden servir tanto como transporte público como privado. ¿Es sostenible esta apuesta por la movilidad individual frente a realidades de probada eficacia como el metro? «El transporte en vehículos individuales está muy internalizado y habrá que dar respuesta a esta demanda», explica Carlos Nárdiz, convencido de que el futuro de la movilidad urbana será subterránea. Martínez, sin embargo, cree que cualquier experiencia de este tipo debería basarse en el transporte colectivo.

ILUSTRACIÓN: maría pedreda

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