¿Preparados para la próxima crisis?

OpSeeker es un «coach» financiero «online» que mejora la salud económica de sus usuarios entrenándolos psicológicamente. Sus herramientas intentan que no caigan en errores cognitivos y sesgos emocionales cuando se enfrentan a una situación de incertidumbre y riesgo


Redacción / La Voz

El ser humano suele tomar malas decisiones. Por muy racional que sea, el cerebro comete errores, víctima de múltiples sesgos cognitivos que alteran el procesamiento de la información que captan los sentidos. Influyen así, por ejemplo, en la interpretación de la realidad factores como el contexto -efecto encuadre-, la generalización -efecto halo-, las circunstancias personales y las expectativas -efecto de atención selectiva: cuando solo vemos una marca determinada de coches porque es la que estamos tanteando comprar- o, entre otras particularidades psicológicas, lo que haga la mayoría -el efecto rebaño o de arrastre-. «En los mercados financieros esto es muy peligroso y es lo que crea las burbujas. Nuestras herramientas evitan que cometamos este tipo de errores mediante un chatbot y un proceso educativo gamificado (técnica de aprendizaje basada en el juego)», explica Gonzalo Camiña, fundador y director ejecutivo de OpSeeker, primer coach financiero online basado en inteligencia artificial y economía conductual.

¿Qué significa esto? OpSeeker nació oficialmente en Santiago en el verano del 2016, pero su historia se remonta casi un año atrás. Camiña vivía entonces en París, donde cursaba un máster en gestión y finanzas. Se decantó en su proyecto final por estudiar si el vino era una buena alternativa como activo financiero para inversores de diferentes zonas del mundo y fue así como conoció a Lucie Hefnerová, una estudiante de ingeniería informática checa que le echó un cable en tareas de programación para calcular diferentes ratios de análisis bursátil.

De esta alianza salió una puntuación de 19 sobre 20 en su TFM, una amistad -que luego se convertiría en historia de amor- y una ambición, la aplicación comercial de su trabajo, proyecto al que enseguida se unió un amigo de la infancia de Camiña, Carlos Rodríguez, ingeniero aeronáutico compostelano que trabajaba para Airbus. Se apretaron las manos en Praga, tres millennials -26, 25 y 24 años, respectivamente- con una pretensión común: crear un modelo que redujese los costes de acceso a la inversión para el inversor medio. «Ahí nos dimos cuenta que antes de lanzarnos necesitábamos a alguien con canas».

Casualidades de la vida, los gallegos encontraron un artículo de una tesis doctoral titulado La industrialización del asesoramiento financiero, de Carlos Casanueva Nárdiz, quien, curiosamente, resultó que había sido profesor en la universidad en la que Camiña había estudiado en París. Cogió un avión a Madrid y, tras una conversación de un par de horas, Casanueva entró en el equipo de la startup.

Fue este último y experto fichaje -ingeniero informático, 55 años- el que recondujo la idea hasta lo que actualmente es, un sistema centrado en la preparación psicológica de los inversores medios. Ahí radica su éxito: en la curiosidad, en el interés por los factores sociales y cognitivos, por cuánto pesan a la hora de tomar decisiones: «Nos servimos de ello para empujar al usuario hacia mejores hábitos financieros». OpSeeker combina esta rama del conocimiento de la economía, conocida como «finanzas conductuales», con la inteligencia artificial, que le permite dar en el clavo, conocer mejor al usuario y, así, personalizar su mensaje, adaptándolo a situaciones concretas.

La firma santiaguesa desarrolla por tanto herramientas que comercializa a entidades financieras, para mejorar la salud económica del mayor número de personas posible: para prever sus gastos, ayudarlos a afrontar los imprevistos, a gestionar sus ahorros. Porque estar en forma pasa aquí por tener el suficiente dinero para cubrir todos los desembolsos, incluyendo las reservas necesarias para hacer frente a situaciones inesperadas y gastos mayores del futuro. «Lo que hace nuestra tecnología es intentar que no caigamos en sesgos emocionales cuando nos enfrentamos a una situación de incertidumbre y riesgo», reitera Camiña, intentando concretar la complejidad de una app que el año pasado fue seleccionada en Amsterdam entre 500 ideas de todo el mundo para desarrollar su proyecto junto a gigantes como ABN, ING o Nationale Nederlanden, y que este verano se hizo con el galardón de MetLife, que premia a aquellas empresas que apuestan por la inclusión financiera. «Es nuestro deber empezar a acortar la brecha entre ricos y pobres», valoran. No es la única consideración que hacen: «Como nuestra generación no cambie, sus hábitos financieros va a experimentar una de las mayores crisis económica y social jamás vivida». Es el momento de autocorregirse.

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