El sistema de pensiones pide ayuda a gritos

A pesar de la mejoría del mercado laboral, en Galicia hay 1,3 cotizantes por pensionista. La demografía no ayuda y la factura de las pensiones supera por primera vez los 9.300 millones


Redacción / La Voz

Cada vez hay menos trabajadores y sus empleos son cada vez más precarios. Es el escenario que marca el futuro de las pensiones. La Seguridad Social no deja de perder ingresos y el último mazazo demográfico confirma que la tendencia no mejora. Galicia tiene ya menos de 2.700.000 habitantes. Es decir, el censo de 1972. Desde hace 30 años mueren más de los que nacen.

En Galicia se pagan en total 760.000 pensiones. Es decir, hay 1,3 cotizantes por jubilado. La media española son 2,2 por pensionista.

El 2018 se cerró en España con un gasto en pensiones mensual de 9.300 millones de euros, 6.600 en jubilaciones. Un 4,92 % más que en diciembre del 2017. La diferencia entre ingresos y gastos es de más de 4.500 millones. «La demografía influye, pero el problema es económico. Nuestro mercado laboral es incapaz de generar rentas que autofinancien el actual sistema de pensiones contributivas», explica Alberto Vaquero, profesor de Economía Aplicada de la Universidade de Vigo. «Hacen falta empleos de calidad, que posibiliten remuneraciones y cotizaciones más elevadas. El problema de las pensiones será mayor cuando se jubile la generación del baby boom: han tenido cotizaciones elevadas y durante muchos años. Hay que pagarles una pensión mayor». Y es que son muchos los que se cuestionan si, en el actual escenario, los hoy en día cotizantes tendrían que aportar más. «Urxe derrogar a reforma laboral e recuperar a causalidade na contratación. Non se trata de que todo o mundo achegue máis, senón de que sexa proporcional aos ingresos de cada persoa. Ademais, habería que penalizar a contratación temporal inxustificada», argumenta Maica Bouza, secretaria de Emprego e Previsión Social de CC. OO. de Galicia. «O principal problema da mocidade é a falta de emprego. Sen el, non hai proxecto de vida no presente, nin prestacións futuras», añade Bouza. Y es que más o menos afectados por la crisis, España sigue en el segundo puesto del ránking en desempleo juvenil de la UE, solo por detrás de Grecia. «El problema demográfico se veía venir y, con la crisis, ha ido a más. Las pensiones necesitan un auténtico pacto de Estado y en él habría que determinar si vamos hacia un modelo público de pensiones, mixto o privado. Aun así, hay que recordar que las pensiones están garantizadas por la Constitución», dice Carmen Judel, economista y socia del despacho Caruncho, Tomé y Judel.

Los reguladores no paran de lanzar advertencias sobre la situación de España, pero lo cierto es que la tendencia es y ha sido hasta el momento recortar gastos, en lugar de aumentar los ingresos. Y eso, en un país con más de 8,7 millones de pensionistas, es urgente. La Seguridad Social ingresó en el 2017 18.800 millones de euros menos de lo que gastó en pensiones. De los casi 67.000 millones que acumuló la hucha de las pensiones, quedan unos 8.000. ¿Será inevitable que las pensiones se completen con los llamados y publicitados planes de previsión social complementarios? «Hay tres vías de ahorro: las pensiones públicas, los planes de pensiones empresariales y los planes de pensiones individuales. Son complementarios, pero nunca una alternativa. El problema es que solo un 10 % de los asalariados en España cuenta con un plan de empleo y únicamente el 20 % tiene contratado algún plan de previsión social», dice Alberto Vaquero, que apunta a Holanda, Dinamarca o Suecia como ejemplos de países donde el plan de previsión empresarial es casi obligatorio. «Coa desvalorización salarial e a perda de emprego, parece unha tomadura de pelo falar de plans de pensións privados. En todo caso, son complementarios. Hainos e podería haber máis en empresas que están a obter beneficios. Esa tamén é unha fórmula para remunerar o traballo», comenta Maica Bouza. «Lo que no te pueden decir es que cambian las reglas del juego y que ahora la jubilación hay que completarla con inversión privada. La mayoría de los trabajadores no pueden con la vida diaria, como para aportar para su jubilación», dice Judel.

El retraso en la edad de jubilación está en marcha de diferentes formas. En el 2027 la edad para retirarse será de 67 años. Eso, si no se han cotizado 38 años y seis meses. Se busca tener a los trabajadores más tiempo activos. Y eso que la aplicación del factor de sostenibilidad (desvincular la revalorización de las pensiones del IPC y calcular la prestación en base a la esperanza de vida) se retrasa hasta el 2023. «Hai que incrementar os ingresos con melloras no emprego, subindo as bases máximas, loitando contra a fraude e usando impostos como complemento», sentencia Maica Bouza. «Necesitamos trabajadores: empleo serio, conciliación y políticas de inmigración», apunta Carmen Judel. «Hay que reducir la temporalidad del empleo y crear puestos de calidad. Las pensiones no contributivas deben pasar a los Presupuestos y establecer líneas de cooperación entre el sector público y privado con sistemas de previsión social, tanto a nivel individual, con aportaciones del trabajador, como de la empresa», concluye Alberto Vaquero.

«Hai que garantir o sistema, é un logro irrenunciable»

G. Vázquez

Fueron durante la crisis el sustento de muchas familias. Cuando el desempleo no dejaba de aumentar, ellos mantuvieron a los suyos con sus pensiones. Y eso que sus ingresos mensuales situaban y sitúan aún a muchos por debajo del umbral de la pobreza. Las pensiones de los gallegos siguen siendo las segundas más bajas de España. Si la media del país es de 1.107 euros, en Galicia está en poco más de 800. Solo Extremadura tiene pensiones más bajas. Además, la brecha entre hombres y mujeres es muy acusada. Hace un año, la diferencia entre sus nóminas era superior al 30 %. Si un jubilado gallego cobra 1.350 euros, una mujer en su misma situación no llega a mileurista. Se quedaría en los 930 euros, 400 menos.

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«Tengo asumidísimo que no voy a cobrar una pensión»

G. Vázquez

Esta arquitecta considera que lo que paga al mes por su cuota de autónomos es «una barbaridad» y se plantea un plan de pensiones para garantizar su futuro

Su currículo es impecable. Solo tiene 33 años, pero Nuria Prieto se ha formado al máximo nivel. Trabajó mientras hacía la carrera, fue una de las arquitectas más jóvenes de España en doctorarse y tiene un máster en rehabilitación. Esta mitad gallega, mitad berciana, es una de los más de 3 millones de autónomos que hay en nuestro país. «Trabajé para una empresa mientras pude ser becaria, después me di cuenta que ser autónoma era la forma de poder compaginar varios proyectos». La fórmula se adaptaba, por familia sabía lo que era eso del IVA, pero no lo que era ser «autónoma pura». «Es un trabajo de fondo de buscar clientes. No hay seguridad ni sabes lo que vas a cobrar. Aún así, me lo planteo de por vida. Lo ideal sería poder tener un ingreso fijo, aunque sea bajo. Algo con lo que puedas comer». Ese fijo le gustaría que fuese en la universidad.

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«Nuestros problemas son los de los mayores de mañana»

G. Vázquez

Tiene 93 años y no sabe calcular cuántos de su vida ha trabajado. «Desde un chaval. Eran otros tiempos. Estuve 40 años en Uruguay y aún sigo en activo». José Piñeiro es el presidente de la Confederación Gallega de Organizaciones de Mayores. «Con esta última revalorización, no vamos a mejorar casi nada. La subida es pírrica. No nos conformamos».

José tiene una pensión baja. Apenas ingresa 700 euros al mes. Suspira al responder sobre cómo es su día a día. «Si tuviera que vivir de mi pensión, tendría que pedir limosna. Menos mal que me ayuda mi familia. Tengo mucha suerte. Desde luego, yo invitaría a los políticos a que viviesen con ese dinero. Ya no te digo un mes. Solo lo equivalente a una semana. Lo único que pedimos los mayores es poder llevar una vida normal», insiste.

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