La arquitectura se viste de verde contra la crisis medioambiental

La apuesta por la construcción sostenible toma fuerza para ganar en bienestar. Son proyectos que aprovechan los recursos naturales para lograr un gasto energético mínimo o nulo


Redacción / La Voz

No muy lejos de la penúltima salida de la Blue Line, en Oak Park (Chicago), cerca de la casa en la que nació Ernest Hemingway, hay otro inmueble que se confunde con los árboles que dan nombre a este pequeño pueblo anexionado ahora a la ciudad del viento. Es la vivienda que Frank Lloyd Write construyó para él y a la que pronto añadió el estudio en el que experimentó con distintos conceptos del diseño con los que construyó una filosofía arquitectónica que, transformada por una constante mutación de conceptos, está ahora más vigente que nunca. Porque, como explica la decana de la IE School of Arquitecture and Design, Martha Thorne, «en un momento en el que el planeta se enfrenta a una crisis medioambiental hay que dar pasos hacia adelante apostando por la arquitectura sostenible, no solo desde el punto de vista del ahorro energético, también pensando en el uso de materiales cercanos, de la reutilización del edificio cuando ponga fin a su vida, del bienestar de los usuarios... En definitiva, construir edificios más holísticos, al igual que hay que pensar en una ciudad para todos».

La filosofía de Lloyd Write entendía que «ninguna casa debería estar nunca sobre una colina ni sobre nada. Debería ser de la colina. Perteneciente a ella. Colina y casa deberían vivir juntas, cada una feliz de la otra», dando pie a un concepto de arquitectura orgánica que está más vigente que nunca y que puede verse en obras que tratan de aprovechar y optimizar los recursos que brinda la naturaleza.

El problema que describen algunos arquitectos como Luis de Garrido, uno de los primeros en hablar hace ya 20 años de arquitectura sostenible en España, es que aunque el concepto no es nuevo, se ha puesto tanto de moda que ha acabado disfrazando construcciones que no son nada ecológicas, como tal.

Autor de libros como Social Green Housing, Dream Green Architectura o Green in Green. Green roofs and vertical gardens, o de proyectos como la Casa Mariposa (Cali, 2011) o del eco restaurante Casas del Río (Requena, 2003), la verdadera arquitectura sostenible, «la realmente ecológica y autosuficiente en agua y energía con consumo cero real, es lo que debería ser, pero no es lo que se hace porque hay un montón de intereses por medio. De ahí que muchas veces lo que dicen ecológico es lo menos ecológico. Solo tenemos que mirar pinturas al agua que ahora tienen sellos ecológicos, pero que al fijarse son prácticamente las mismas de antes. No han cambiado», resume.

¿Qué es entonces la verdadera arquitectura verde? Durante sus veinte años de trabajo, Luis de Garrido ha desarrollado una metodología de diseño y evaluación basada en seis pilares con sus respectivos marcadores ecológicos sobre los que, a su juicio, debería apoyarse esa verdadera arquitectura verde. «Son la optimización de recursos naturales y artificiales, la reducción del consumo de energía, la promoción de fuentes de energía naturales, la reducción de residuos o emisiones, la mejora de la calidad de vida de los ocupantes del edificio y la reducción del coste de los edificios, tanto de construcción como de mantenimiento. El grado de cumplimiento de estos principios equivale al grado de construcción de la ecología», explica. Porque, al igual que Lloyd Write, cree en la arquitectura para todo el mundo.

Por esa razón, sus edificios tienen el menor consumo de energía posible y, por lo tanto, un coste económico muy bajo, tanto en su construcción como en su uso. Un ejemplo es Bio-Tecnópolis, cuya primera fase está construida en Jamundí (Colombia). La empresa de desarrollo de software Parquesoft decidió construir una nueva ciudad para que vivieran agrupados todos sus empleados, sus familiares y amigos, en el sur de la ciudad de Cali en un entorno natural excepcional. Fueron levantadas por un coste de entre 16.000 y 5.500 euros cada una. Además, cada uno de esos edificios puede ser desmontado y, con sus componentes, realizar nuevos edificios. De esa forma, explica, usando los edificios pueden reconfigurarse continuamente usando los mismos componentes. Otro ejemplo es la casa Ramatvlneva, construida hace ocho años. «Costó 220.000 euros. Los usuarios -explica Garrido- no pagan ni agua, ni luz, ni nada. Lo han logrado debido al cambio de hábitos, el diseño especial del inmueble y el uso de una mínima tecnología. En este orden. Por ello, cualquier persona puede acceder».

Martha Thorne está de acuerdo en que no es necesario gastar una cantidad ingente de dinero para acceder a este tipo de viviendas. Más allá de proyectos que están en el mercado de la vivienda libre como el bosque vertical de Stefano Boeri, en Milán, hay otros proyectos sociales más asequibles. «No solo hay que mirar el ahorro energético, hay que evaluar los materiales del edificio, que sean preferentemente locales, cómo se producen, cuánto cuesta que lleguen a su destino, ver cómo va a circular la luz.. Todo lo que pueda contribuir a la salud. Los promotores deben de entender el concepto. Este experimento puede hacerse económicamente viable para todos», apunta.

Pero el primer paso para avanzar hacia este tipo de arquitectura verde y sostenible es la educación. Los arquitectos que trabajan en ello coinciden en que el ciudadano ha de aprender a reutilizar cada elemento, un pilar del ahorro.

Esta filosofía que se usa para inmuebles particulares ha de usarse también para la ciudad y para el entorno. La directora de la Escuela Gallega del Paisaje de la Fundación Juana de Vega, Isabel Aguirre de Úrcola, habla de eso precisamente: «En la ciudad tenemos que promover las fachadas verdes, suelos drenantes, hacer corredores ecológicos, respetar la naturaleza». Mirar, en suma, a Lloyd Write.

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