La empresa gallega consolida su apuesta por la inversión en responsabilidad social

El compromiso con el medio ambiente, con la igualdad y con la acción social mejora la reputación de una compañía y le ayuda a fidelizar sus clientes


Santiago / La Voz

Los programas voluntarios con fines solidarios, económicos y ambientales vienen ganando desde hace ya tiempo un mayor peso en las agendas de las compañías gallegas. Algunas empresas se refieren a la responsabilidad social corporativa (RSC) y otras prefieren hablar de responsabilidad social empresarial (RSE). Una de ellas, por ejemplo, es Mercadona, empresa valenciana, pero afincada en Galicia desde hace más de tres lustros y que se ha convertido en uno de los principales referentes en políticas de RSE en esta comunidad. La Voz la ha reunido en un foro junto a Caeiro, el Consorcio de Santiago y la consultora U.NA Grupo para analizar a fondo esta realidad: cómo crear las condiciones de trabajo dignas que favorezcan la seguridad, la salud y el desarrollo humano y profesional, ajustándose a los cánones ambientales y legales en el marco laboral.

Mercadona basa su gestión empresarial en un «modelo de calidad total y que se sustenta en cinco componentes: jefe, trabajador, proveedor, sociedad y capital», en palabras de Carmen Fernández, su responsable de Relaciones Exteriores. Esto significa que la responsabilidad social empresarial tiene que ser transversal a todo. «Para nosotros la igualdad es un valor irrenunciable y el componente trabajador es la pieza fundamental; Mercadona creó el año pasado cinco mil puestos de trabajo; para nosotros invertir en personas es invertir en talento, y si el trabajador está satisfecho al cien por cien, se puede satisfacer al cliente», explica Fernández.

estabilidad

La empresa tiene además una política retributiva en la que establece que, a igual responsabilidad, idéntico sueldo, y que busca que el salario esté por encima de la media del sector. Además, apuesta por la promoción interna y, dentro de la cuestión de género, cuenta con un plan de igualdad firmado desde el 2003. En el caso de Galicia, la empresa tiene 57 supermercados, con 2.085 personas trabajando, indefinidos desde el primer día. «El año pasado tuvimos 77 madres en nuestra plantilla en Galicia», recuerda Carmen Fernández.

Mercadona se ha convertido en uno de los referentes en responsabilidad social en un contexto como el gallego que, en cambio, está dominado por pequeñas empresas, en las que quizá esta cultura se halla menos extendida. Caeiro, un grupo nacido en Santiago y que se dedica a la venta de automóviles, es otro de los ejemplos en materia de políticas de RSC dentro del tejido empresarial compostelano.

 El eNTORNO

«Nosotros, en vez de empezar a obtener las ISO por calidad, las empezamos a obtener por medio ambiente, y fuimos los primeros en Galicia; un taller contamina mucho más que una fábrica, nuestra preocupación era respetar el entorno, y si respetas el entorno, respetas la sociedad», explica María Caeiro, consejera delegada del Grupo Caeiro.

Desde esta empresa gallega se insiste en que, aunque el objetivo de cualquier compañía es ganar dinero, es importante generar un clima interno propicio y adecuado, de forma que la plantilla llegue a diario a su puesto con «una sonrisa», sostiene María Caeiro, quien aboga por la flexibilidad horaria para conciliar.

«Nosotros estamos en un sector muy masculino, el de los coches, en el que la igualdad no existía. Cuando yo entré no había ni una sola mujer, y mis propios compañeros no me aceptaban: joven, hija y mujer; ahora todo ha cambiado y hemos avanzado muchísimo», recuerda la consejera delegada. Otra de las cuestiones que surgen en este debate es cuál debe ser el papel de las administraciones públicas en materia de responsabilidad social, un reto que viene importado de la empresa privada. «La Administración juega un doble papel: la tutela y acompañamiento, los incentivos para ayudar a poner en marcha esos procesos, y luego está ver qué ha hecho en su parte interna», recuerda Belén Hernández, la gerente del Consorcio, quien sostiene que muchos de los pasos que las empresas están dando en materia de RSC ya se habían dado previamente en la Administración, muchas de las cuales no tienen un plan implantado propiamente dicho. Es el caso, por ejemplo, de las políticas de igualdad, de conciliación familiar o de respeto al medio ambiente, medidas que se autoimpuso la Administración y que luego han ido replicando las empresas.

 la proyección social

María Fraga es directora de proyectos de U.NA Grupo, una consultora que trabaja las cuestiones de RSC con clientes, bien sean administraciones públicas o empresas. Y en su análisis aborda cuestiones relacionadas con la visibilidad: empresas o organizaciones que hacen RSC y que en cambio no son capaces de transmitirlo, o incluso que no son conscientes de que determinados procesos o decisiones que toman son RSC porque ya forman parte de su ADN empresarial. Es el caso, por ejemplo, de todas las compañías que en su política de recursos humanos, a la hora de hacer entrevistas con mujeres, erradican cualquier cuestión que esté relacionada con un embarazo a la hora de hacer una selección para un puesto, algo que estaba a la orden del día y que supone, de facto, una discriminación hacia la mujer.

«La RSC es la única estrategia empresarial que atiende a todos los stakeholders, a las partes interesadas. Esto es lo que hace que, en épocas de crisis, todas las empresas, con independencia de su tamaño, sigan apostando por la RSC: se trata de una visión estratégica», sostiene María Fraga.

Esta es una de las cuestiones que suscita un mayor debate: hasta qué punto en estos años de larga recesión las empresas gallegas no han bajado la guardia en materia de responsabilidad social, sobre todo en lo relativo al cuidado del trabajador y de sus condiciones laborales. «Nosotros recibimos el reconocimiento de la Xunta en una época de crisis. Es cuando más trabajábamos este ámbito, porque es justo cuando te tienes que diferenciar, mantenerte en el mercado y distinguirte de los demás», subraya María Caeiro.

Sin embargo, entre las expertas no hay coincidencia sobre cuál ha sido el impacto de la crisis. Las consultoras advierten de que hay empresas que ven la RSC como algo que les va a suponer un gasto sin retorno, una pérdida, como una pura estrategia de márketing. «Mercadona y Caeiro están empapadas de la transversalidad de la RSE, pero hay otras empresas que no, que no lo tienen tan claro, y ahí es muy importante la labor que pueda desempeñar la Administración», precisa María Fraga.

Otro de los aspectos en los que es necesario avanzar en Galicia, según las ponentes, es mejorar las relaciones entre la empresa y la universidad. Un diálogo que tiene que ser mucho más productivo, y estar despojado de las inercias burocráticas que imperan en los foros de diálogo ahora establecidos.

«La responsabilidad social empresarial es vincularnos a los centros académicos y de investigación; pero también establecer vínculos con muchas más cosas. A mí me encanta por ejemplo todo lo relacionado con los hábitos de alimentación saludables, y trabajamos un montón de aspectos: con el colectivo de niños celíacos, con la tercera edad para el envejecimiento activo, todo eso es responsabilidad social», precisa Carmen Fernández. Uno de los indicadores más precisos para ver el grado de bienestar de los trabajadores es el nivel de absentismo, y que impacta directamente sobre las cuentas de la empresa, y en el caso de Mercadona, es un índice muy bajo. Aquí entra todo lo relacionado con la salud laboral, y la gestión especializada del capital humano. Es la estela que marcan las grandes empresas, y que luego siguen el resto de compañías, que cuentan con menor tamaño. Lo mismo sucede a la hora de implantar medidas en la propia Administración.

 el tamaño

«En un organismo pequeño, como es el Consorcio, resulta relativamente fácil adoptar una decisión porque tienes que seducir a menos trabajadores, pero en las estructuras grandes, como la Xunta, ya resulta más difícil; la parte buena es que cuando consigue poner algo en marcha el impacto es brutal por el número de trabajadores», sostiene Belén Hernández, del Consorcio.

Las ponentes reunidas en el foro de La Voz en Santiago coinciden en que la base de todo es convencer: que la Administración a la hora de tutelar y dar incentivos, y las empresas, sean capaces de transmitir al resto de negocios o compañías que empiezan que la responsabilidad social no es un gasto ni una mera campaña de imagen, sino una inversión que redunda en beneficio de la propia compañía y del conjunto de la sociedad.

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