El sector forestal, en la encrucijada por el abandono del rural, la burocracia y la viabilidad económica

Los productores piden un cambio de mentalidad social que reconozca su aportación a Galicia. Esperan que se les valore al definir la política que les afecta


Pontevedra / La Voz

Solo basta darse una vuelta por Galicia para ver árboles por todas partes y, sin embargo, los propios profesionales del sector admiten que España «no es un país forestalista». Para el 2030, el déficit de madera en la UE se situará en los 300 millones de metros cúbicos, la bioeconomía avanza ya en la actualidad a marchas agigantadas y el futuro carpetazo a la excesiva dependencia de los derivados del petróleo deja a Galicia, potencialmente, en una posición privilegiada. Y, no obstante, el rural se despuebla, el monte se abandona y toxos y zarzas lo invaden todo. ¿Qué es necesario cambiar para aprovechar la oportunidad de oro que Galicia tiene al alcance de sus manos?

Este es el eje de un Foro Voz, organizado dentro del Plan Social de Ence y en la sede de Afundación en Pontevedra, con el título de Desarrollo económico y creación de empleo. Participaron cuatro expertos que analizaron los grandes retos pendientes. Asistieron Elier Ojea, presidente de la Federación de Aserraderos y Rematistas de Galicia (Fearmaga); Juan Picos, director de la Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra; José Manuel Iglesias, presidente del Clúster de la Madera; y Alejandro Oliveros, director de ordenación forestal de Ence.

En el transcurso de este foro, moderado por el periodista Eugenio Giráldez, se identificaron tres problemas principales en el sector forestal. Por una parte, el gravísimo abandono del rural, que ha debilitado el milenario lazo que unía a los gallegos con el monte; por otro, la burocracia tan abrumadora que aplasta el desarrollo de las empresas y obstaculiza una y otra vez las iniciativas innovadoras; y finalmente las dificultades para conseguir cuadrar los números y que las pymes del sector puedan salir adelante a fin de mes. Se podrían añadir otros, como la presencia de plagas cada vez más extendidas; los incendios forestales y otras cuestiones, pero estos tres son los mayores obstáculos, los objetivos que hay que vencer para salir adelante.

Aunque este es el cuadro general, Juan Picos admitió que existen muchas excepciones, ya que las diferencias por áreas geográficas son muy grandes. Por ejemplo, el grueso de las cortas de madera del año pasado se centraron en áreas costeras y el norte de las provincias de Lugo y A Coruña. El interior y sobre todo la provincia de Ourense son un diamante en bruto aún por explotar, ya que de ahí solo procede el 5 % del valor de la madera que se consume al año. Y esto es más llamativo, porque el sector forestal «ha demostrado su resiliencia y se ha recuperado del golpe de la crisis» mejor que otros ámbitos económicos.

José Manuel Iglesias indicó que es necesario un cambio de mentalidad para conseguir garantizar su futuro. «Hay un conflicto porque la sociedad tiene una percepción muy bucólica de lo que es el bosque, pero tiene que tenerse en cuenta de que la mayoría del monte es privado y hay que hacerlo rentable». Esta es la clave para solucionar dos problemas: el futuro empresarial del bosque y el freno al despoblamiento del rural.

Elier Ojea añadió que en la actualidad existe un problema con la madera de calidad. No hay suficiente en Galicia y hay que importarla. No es que no exista ya, sino que no se regula debidamente. Por este motivo, afirmó que el plan forestal tiene que «trabajar los dos ámbitos: un ciclo corto de madera y otro más largo de madera de calidad». Asimismo, hay que luchar por conseguir un cambio de mentalidad en la sociedad urbanita, a la que está hoy unida la mayoría de los gallegos. Ojeda apuntó que hace cincuenta años, «el monte era la caja de ahorros de las familias», que se utilizaba con relativa frecuencia. Hoy en día esta perspectiva ha quedado atrás y las fincas estorban.

DIGNIFICAR LA PROFESIÓN

El director de la facultad de ingenieros forestales respaldó esta visión de la necesidad de dignificar el trabajo del monte, una visión que tiene que asumir tanto la sociedad como la Administración. Picos resaltó que nos encontramos en un momento único en la historia humana. «Por primera vez nos sobra la tierra», expresó como forma de describir la mentalidad moderna, que ya no encuentra en el monte un modo de vida imprescindible. Precisamente por esta razón, se está produciendo una descapitalización del monte, porque el dinero que se consigue con ventas de madera en muchos casos no se reinvierte, ni siquiera parcialmente en las fincas. Esta circunstancia agrava todavía más las dificultades para garantizar el futuro forestal. La solución pasa por que la gente sepa que ese bosque puede llegar a ser rentable y es necesario cuidarlo.

Alejandro Oliveros, de Ence, abundando en esta problemática, destacó que «el abandono del rural no es solo no aprovechar un recurso, sino que también tiene su coste». Oliveros apuesta por la profesionalización de la gestión del bosque y el trabajo en red entre todos los segmentos económicos implicados, desde los productores hasta la industria de la transformación.

Iglesias apuntó que muchos de los problemas que afrontan las pymes y los propietarios del sector forestal se solucionarían con una menor burocracia. El minifundio es un problema real, pero la proliferación de normas sobre una misma parcela o parte de un monte hacen muy complicado sacarle rendimiento. «Padecemos todos los problemas de un exceso de burocracia en el monte, que puede llegar a ser asfixiante», lamentó para preguntarse, «¿qué empresa hay que tenga que dedicar ingentes recursos a asuntos burocráticos?».

Por su parte, desde el punto de vista de Iglesias, los legisladores, presionados por una sociedad que se ha alejado de la vida real en el campo, no actúan con perspectiva de futuro. Indicó, como ejemplo, que mucha gente del rural no lo cuida porque, además, no solo lo ve como no rentable, sino que se le imponen trabas para hacerlo. Ironizó con la mentalidad de aquellos que critican al sector forestal y a los vecinos del rural: «Usted me cuida el monte para que vaya a pasear y usted me lo limpia y si no lo tiene como yo quiero, usted es un criminal». Para el presidente del Clúster de la Madera, esta mentalidad tiene que acabarse, en la Administración y la sociedad, y cuanto antes mejor para que se respete el trabajo forestal. De otra manera, «con toda esta normativa lo que provocamos es miseria».

Ojea se suma a esta lucha por dignificar al ámbito que representa su asociación. Recalcó: «Hay quien protesta si se cierra Alcoa, pero si desaparece Ence hay gente que se siente feliz». Para el presidente de Fearmaga, esto es un sinsentido.

cUIDAR AL PROPIETARIO

Recordó que él es la quinta generación de su familia que se dedica a este trabajo, pero también resaltó que el «batiburrillo» legislativo y los intereses de las contiendas políticas partidistas, ponen a aserraderos, madereros y afines contra la espada y la pared al no tenerlos en cuenta y no legislar desde un punto de vista realista. «Que se dejen de hacer políticas barateiras. Tiene que haber un plan forestal consensuado», precisó.

El presidene del Clúster de la Madera, José Manuel Iglesias, profundizó sobre el compás de espera en el que se encuentra este colectivo. «Pongamos un ejemplo, si queremos lobo no podemos cargar el coste sobre el ganadero, sino no vamos a tener ni ganadero ni lobo», puntualizó. Al trasladar este caso al ámbito de la madera aseguró: «Si hay un monte que no es rentable y queremos que lo cuiden por nosotros, lo que tenemos que hacer es conseguir que lo sea».

Recordó que en algunos ámbitos se apuesta por la expropiación como una posible solución, pero sostuvo que lejos de serlo solo serviría para aumentar el problema. «¿Qué ocurre con el monte público? ¿Por qué arde O Xurés todos los años? Porque nadie lo cuida, nadie tiene interés en él», precisó.

Por esta misma razón, y dado que la mayor parte del monte gallego está en manos privadas, lo que hay que hacer, según Iglesias, es mimar a estos propietarios para que al ver un rendimiento que favorece sus economías, se impliquen en su preservación. «A Mariña ardía todos los años, hasta que empezó a ser rentable y ya no lo hace».

Iglesias es consciente de que la rentabilidad del monte no debe serlo a expensas del medio ambiente. En este aspecto, cree que hay unanimidad en todos los segmentos económicos implicados, desde el propietario a la industria y los aserraderos. En su opinión, es posible compatibilizar una cosa con la otra. Y como justificación a su argumento, manifestó que el propio mercado regulará este respeto ambiental cada vez más. ¿Cómo? «Con la decisión soberana de compra. La sociedad puede decir yo no voy a comprar ningún producto que no esté certificado, no voy a adquirir nada que proceda de una tala ilegal. La certificación forestal es una nueva forma de control», concretó.

Precisamente en el manejo de la madera certificada, Ence es una de las empresas punteras de su ámbito. Oliveros explicó que el 90 % de la madera que se utiliza en las factorías de Pontevedra y Navia es certificada y que esta decisión ha facilitado la fijación de empleo en el medio rural y una mejora ambiental del monte. Apuntó que la apuesta de Ence por la madera certificada «no es un capricho», sino que «nos lo pide el mercado». Un ejemplo de cómo dignificar el trabajo del bosque, el respeto ambiental y la viabilidad económica empresarial y social. 

La amenaza que suponen las plagas impone la urgencia de la investigación

Las plagas se han convertido en un nuevo elemento que amenaza el futuro del bosque gallego. El goníptero del eucalipto, la avispilla del castaño, el picudo rojo de las palmeras son insectos que, pese a sus pequeñas dimensiones, están provocando grandes problemas a las especies de árboles que parasitan y matan. Es uno de los problemas para los que el sector forestal urge medidas de investigación y de puesta en marcha de planes preventivos y de control.

«El escenario que se presta a futuro es que las plagas forestales y agrícolas van a ser clave. El cambio de las condiciones ambientales genera situaciones nuevas», precisa Juan Picos. Desde su punto de vista, es de esperar que nuevos problemas surjan, por la globalización, que hacen que una plaga se extienda con rapidez en lugares donde ni siquiera se sabía que existían esos insectos. «Hay que tener una capacidad para prospectar cuáles son los posibles problemas futuros e irnos preparando para ello y no esperar a que lleguen y tardar en buscar una solución», recalcó.

Desde el punto de vista de la producción forestal, incidió en que hay que tener en cuenta que los factores climatológicos a los que estamos acostumbrados pueden variar y no mantenerse, por lo que «hay que jugar en ese campo». Picos da por hecho que esa variación va a tener lugar, más tarde o más temprano, y que hay que prepararse.

En este sentido, y ya con una visión de problemáticas estructurales más generales, el director de la Escola de Enxeñaría Forestal detecta también la necesidad de coordinar más a los productores y a los investigadores para que se puedan aprovechar mejor la experiencia de unos y los resultados de otros.

Pequeños propietarios

Por su parte, en este Foro Voz también se habló del importante papel que desarrollan los pequeños propietarios forestales en Galicia, que funcionan mucho mejor que muchas comunidades de montes. En Galicia, afirmó Picos, «la madera viene de las familias, las comunidades de montes solo cortan el 10 %». Este es un factor que hay que evaluar porque permite definir que, pese al alto minifundismo gallego, hay una parte importante de los propietarios que están esforzándose por hacerlo bien y lo están logrando. Es a este segmento de propietarios a los que hay que cuidar aún más.

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