Galicia recurre a buses itinerantes para tratar de paliar la exclusión financiera

Es otra de las consecuencias de la despoblación. El cierre de oficinas bancarias ha mantenido un goteo constante desde el año 2008, una tendencia también a nivel nacional


Redacción / La Voz

Son los clientes más puntuales. Ellos marcan el calendario. A día uno son los primeros que llegan para ingresar la pensión. Pero, a pesar de su fidelidad, muchos se han encontrado con la puerta de su banco cerrada una mañana. ¿La alternativa? En su bolsillo. La banca ya no necesita paredes, sino móviles. La brecha digital, sin embargo, se transforma en un muro entre la población de mayor edad. La más afectada por una tendencia que no va a parar. Un reto del comercio virtual que no podía pasar por alto al sector de las finanzas.

Galicia perdió un tercio de sus oficinas bancarias desde el inicio de la crisis. Un 35 % -936 en total- cerraron desde el 2008. En 43 concellos hay una o ninguna entidad bancaria. Es decir, 220.000 clientes afectados. La media nacional de cierres es similar, se sitúa en el 40 %. Dos provincias gallegas superan este porcentaje. En Ourense y Pontevedra bajaron la persiana el 46 y el 41 % de sus entidades bancarias.

En su último informe, el sindicato UGT describe esta realidad como «exclusión bancaria». Pasamos de 2.263 oficinas en 1990 -cifra que se mantuvo casi intacta hasta el 2008- a las 1.562 actuales. «La exclusión financiera es un hecho. Hay concellos donde la gente tiene que recorrer 20 kilómetros para ir a la oficina más próxima. Por encima, muchas localidades también se quedaron sin cajero automático», expone el profesor del departamento de Economía de la Universidade da Coruña (UdC) Joan Carles Maixé-Altés. El choque, admite este docente, es especialmente acusado en España. «Pasamos de un exceso de capacidad, en los 90 éramos uno de los países del mundo con más cajeros por habitante, a que los clientes no tengan de dónde sacar dinero en efectivo». Los informes del Fondo Monetario Internacional, advierte Maixé-Altés, quieren que el camino siga por esta senda: reducir costes.

¿UN BANCO POR PUEBLO?

Con todo, la cifra de oficinas bancarias en España sigue siendo muy superior a la media existente en Europa. «Los habitantes de un pueblo sin oficina bancaria no carecen de servicios financieros; del mismo modo que los residentes en una población sin escuela o centro médico siguen disponiendo de acceso a estos servicios», defienden desde el Banco Santander, al que pertenece una de las redes de oficinas con más implantación en el rural gallego, las del antiguo Banco Pastor.

«Apenas el 2,9 % de la población española vive en pequeños municipios sin oficina bancaria -en Galicia es el 2 %-. De hecho, el ajuste en la red de oficinas en la última década se ha centrado en municipios donde había dos o más oficinas. Ayuntamientos, por otra parte, que según datos de la AEB, la Asociación Española de Banca, concentran a más del 92 % de la población», detallan desde la entidad presidida por Ana Botín.

En una comunidad que aglutina la mitad de los núcleos de población de toda España -30.246 pueblos de los que 9.200 tienen menos de diez vecinos- la premisa de contar con un banco por municipio se complica. Desde los sindicatos piden responsabilidad social. «La falta de oferta impide el acceso sin peajes al sistema bancario», apunta Ángel Iglesias, responsable de banca en UGT Galicia. Hay otro factor. En las zonas más despobladas sus habitantes suelen tener una edad media avanzada. «No todos los clientes son reconducibles a la banca digital. Ni las aplicaciones más intuitivas son aptas para todos los públicos», reprocha Iglesias.

las alternativas

Los cajeros y las oficinas móviles, los llamados offibuses, y los agentes financieros desplazados son una de las alternativas. «Unos parches», según Ángel Iglesias, de UGT, que también «entrañan algunos riesgos», admite la especialista Sara Fernández, pero que son el único contacto real y físico con un banco que tienen ya muchos gallegos. «Tenemos dos autobuses adaptados tecnológicamente para permitir la realización de las operaciones habituales en poblaciones sin oficina bancaria. Estas oficinas móviles dan servicio a 16 pequeños núcleos de población en A Coruña y Ourense», informan desde Abanca. La entidad resultado de la fusión de las cajas gallegas sigue liderando el sector en Galicia. Están en 274 municipios y un tercio de sus oficinas están ubicadas en localidades de menos de 5.000 habitantes.

Para la responsable del máster de Banca y Finanzas de la Universidade de Santiago (USC), Sara Fernández, la pregunta no debe situarse tanto en cómo acercar la banca digital a los clientes de mayor edad sino en saber si esta cubre sus necesidades. «De momento, la banca electrónica no permite el acceso al efectivo, que sigue siendo el principal medio de pago para la mayoría de la población española y gallega», revela Fernández. «Mucha población por encima de los 75-80 años en el medio rural se limita a hacer retiradas de efectivo, para lo que la banca electrónica no es necesaria», continúa la docente de la USC. Además, recuerda, no se trata solo de un problema generacional, también de infraestructura. En muchos núcleos rurales, simplemente, no hay Internet.

Las oficinas con apertura a tiempo parcial dan soporte en pequeños núcleos rurales, apuntan desde Abanca, que realiza talleres de educación financiera dirigidos a mayores de 55 años. En el Santander, con 4,3 millones de clientes digitales, hablan de «digilosofía». Sara Fernández apunta otra posibilidad. «Al menos para parchear el problema del acceso al efectivo, una alternativa es que agentes no bancarios, como en algunos casos ya está haciendo Correos en colaboración con alguna entidad bancaria, provean el acceso al efectivo. ¿Por qué no Amazon en un futuro?», pregunta la experta de la USC.

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