Nómadas digitales en una remota aldea gallega

María Viñas Sanmartín
María Viñas REDACCIÓN / LA VOZ

MERCADOS

Sende

Emprendedores de todo tipo y de todo el mundo recalan en Sende, en las entrañas de la Baixa Limia, para trabajar, demostrando que el lugar no es importante, pero sí lo es

11 dic 2018 . Actualizado a las 09:58 h.

Imaginen unas oficinas; tubos fluorescentes, suelo de moqueta, compartimentos trazados con escuadra y cartabón y aire acondicionado, viciado. Ahora imaginen trasladar esas oficinas a una remota aldea gallega con vistas a la sierra de O Xurés; la luz natural, clara, el sonido del río, el olor de la hierba mojada; un par de viejos graneros como salas de reunión y de menú, pimientos asados de Otilia, la vecina de enfrente. Pues esto es Sende, un espacio de coworking en el corazón de Lobeira donde emprendedores, programadores, creativos y makers llegados de todos los rincones del mundo exprimen sus ideas y talentos en soledad, y en común, bajo una parra.

Va de pueblos: Edo Sadikovic y María Rodríguez se conocieron en el 2012 en un pequeño núcleo de las montañas de Serbia donde Edo, que por entonces tenía 27 años, llevaba un tiempo organizando eventos a nivel internacional. «Allí entendí la relación poderosa entre espacios, aislamiento, naturaleza y resultados de productividad y aprendizaje», cuenta ahora, seis años después. En su cabeza había comenzado a hormiguear una idea, inquieta: una casa mundial en la que reunir a todos aquellos que había ido conociendo en sus viajes, para, juntos, «crear nuevos negocios sociales», poner en marcha las ideas que siempre habían querido desarrollar. María, con 26 años, educadora social recién llegada de Vigo, fue solo -y tanto- el empujón que necesitaba.

Juntos viajaron primero a Sintra, en Portugal, pero acabaron recalando en Senderiz, un apéndice ourensano con un censo de solo 20 habitantes. La pareja comenzó rehabilitando, en el 2013, un par de casas de piedra y en el 2014 abrió tímidamente las puertas de su espacio de creación. «Un buen día, alguien llamó a la puerta. Dijo que su coche se había quedado encajado en el camino del pueblo y le acompañamos a sacarlo. Se llamaba Joe y era un ingeniero de Google, trabajaba para Maps. Acabó instalado en Sende para trabajar desde aquí».