Un largo viaje para el turismo gallego

El año 2018 concluirá con un cambio de ciclo para la industria en Galicia tras los espectaculares registros del ejercicio precedente. Pese a la saturación de algunos espacios, sector y administraciones necesitan planificar y meditar el futuro para aprovechar las oportunidades que se presenten. La llegada del AVE y el año Xacobeo en el 2021 se presentan como hitos a corto plazo


Subdirector del Foro Económico de Galicia

Pocos sectores han cambiado tanto en la última década como el turístico y Galicia no es ajena a esta tendencia. Lejos quedan aquellos tiempos donde los viajes (y los viajeros) se limitaban al sol y playa. Hoy, los desplazamientos se realizan por las más variadas razones. Sobre este particular, el punto de partida para la reflexión es que el año pasado visitaron Galicia más de cinco millones de personas (en concreto, 5,1 millones según datos del INE). Esto supone casi duplicar la población residente en Galicia y, especialmente, un incremento de viajeros de un millón de personas en los últimos diez años y de más de dos millones en los últimos quince. Asimismo, las estimaciones oficiales hablan de que el sector supone más del 10 % del PIB de nuestra comunidad (un 11 %), lo cual da idea de su relevancia, no solo dentro del conjunto de los servicios, sino del total de la economía gallega.

Sin embargo, este año asistimos a un inevitable cambio de ciclo ya que el 2018 cerrará con menos viajeros visitando nuestras tierras. Así, las previsiones más optimistas (que serían que se mantuvieran los visitantes del año pasado en los últimos meses) nos situarían en una cifra cercana a los 4,8 millones, lo cual supondría un descenso del 6 %. Una cifra considerable que parece indicar que se acabaron los buenos tiempos y que asistimos a una nueva etapa en la que ya no nos beneficiaremos de efectos colaterales como, por ejemplo, los problemas de los países del norte de África.

¿Podemos extraer alguna conclusión de este período de bonanza y recomendación para el futuro? La respuesta a esta pregunta es un contundente sí que nos permita proyectar cómo queremos que sea el turismo en Galicia en las próximas décadas. Y este debe pivotar sobre dos pilares: la cantidad y, especialmente, la calidad.

Sobre el primero, la cifra de los cinco millones de turistas marca una referencia a tener muy presente. Con estos niveles hemos asistido a algo que hasta hace poco nos resultaría impensable, como es la saturación. Y no estamos hablando de casos puntuales, puesto que hablar de Camino de Santiago (con su finalización en un centro histórico de Santiago afectado de lo que ya se conoce como «contaminación turística») o de recursos naturales como las islas Cíes o la playa de As Catedrais nos conduce a un destino turístico claramente masificado. Ello contrasta con el otro indicador fundamental de la cantidad como es el gasto turístico. Esta magnitud está íntimamente relacionada con la estancia media de los turistas, y aquí la comparación de Galicia con otros destinos nacionales y la media del Estado nos sitúa considerablemente por debajo: a modo de ejemplo, este mes de agosto la media nacional fue de 3,7 días y la de Galicia, de 2,4. Esta circunstancia tiene mucho que ver con una de las grandes asignaturas pendientes del turismo gallego, que es su capacidad de atracción de turismo extranjero (el que realiza viajes más largos). Bien es cierto que el avance en los últimos años ha sido significativo, pero no lo suficiente para colocarse a la altura de los grandes destinos ibéricos para los mercados internacionales.

Meditar y planificar

El otro eje de actuación en materia turística lo supone la calidad. Pese a lo manido de este término en muchos ámbitos, constituye un claro referente de que no todo vale y que se debe meditar y planificar cuidadosamente hacia dónde se quiere ir. En este sentido, la estrategia 2020 del turismo gallego habla expresamente de «reforzar el atractivo turístico y situar a Galicia como destino único a través de un modelo más competitivo, sostenible y adaptado a los cambios del mercado».

Este ambicioso objetivo supone tomar un conjunto de decisiones que tengan muy claro qué es lo puede ofertar Galicia, a quién y cómo. En la medida en que se acierte en dar respuestas a estas preguntas, se estarán consolidando las bases para un crecimiento sostenido y rentable. Con esta finalidad, lo primero que hay que tener presente es que los tiempos han cambiado, y en materia de turismo más si cabe. La competencia es cada vez mayor y se espera siga incrementado con la puesta en escena de nuevos competidores y destinos alternativos.

Igualmente también es imprescindible recordar que, si algo caracteriza al turismo de hoy en día, son las experiencias, percepciones y sensaciones de cada uno de los viajeros. Así pues, estamos hablando de una actividad experiencial donde resulta determinante trabajar con la calidad anteriormente mencionada. Esta se encuentra relacionada en gran medida con la acogida por parte de la población local, lo que supone que la ciudadanía reconozca la importancia del turismo. Por ello resulta crucial convencer a todos los agentes implicados (tanto públicos como privados) sobre el papel de este sector en el desarrollo económico del territorio. Se trata, en definitiva, de poner en valor los recursos patrimoniales de nuestra comunidad.

El binomio clave

En definitiva, hay que incidir sobre la importancia de aprovechar las oportunidades que puedan existir de cara a la potenciación del turismo gallego a partir de sus dos recursos fundamentales: un medio ambiente y un binomio cultura-patrimonio privilegiados. En este escenario, surgen dos hitos fundamentales que deben ser mencionados. En primer lugar, la [esperemos] inminente llegada del AVE, que permitirá solucionar en parte una de las grandes limitaciones hasta la fecha, que es la movilidad terrestre. Concretamente, el poder situarnos en el centro de la Península en tiempos de viaje razonables abre la puerta a la realización de nuevas actividades turísticas que marcarán un antes y después.

En segundo lugar, la próxima celebración del año Xacobeo en el 2021 supondrá una auténtica prueba de fuego, porque no llegará solo con batir registros de años anteriores, sino que tendrá que hacerse de otra manera. Más aún, no se tratará solo del año 21, sino del poso o legado que deje para los años siguientes en aspectos tales como la proyección internacional, el reconocimiento de marca o el desarrollo de infraestructuras.

Por tanto, es momento de pensar en el turismo a largo plazo y olvidarnos de políticas cortoplacistas que tanto gustan a nuestros responsables. En nuestra mano está decidir los turistas del futuro y qué queremos que Galicia sea en la próxima década en la esfera turística internacional. ¡Comienza un largo viaje!

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