Europa borra las fronteras de la red

Bruselas ha eliminado el geobloqueo que impedía a los ciudadanos comprar productos «online» en países diferentes al suyo. Quedan excluidos los artículos protegidos por derechos de autor


Redacción / La Voz

La Unión Europea ha dado un paso más hacia el mercado único. El club de los Veintisiete ha borrado las fronteras que impedían a sus ciudadanos moverse con total libertad a través del mercado digital europeo. Los comerciantes que ofrecen un producto o servicio a través de Internet en la UE ya no podrán bloquear a los usuarios o redirigirlos a una versión local de su sitio en función del lugar en el que se estén conectando. Lo que popularmente se conocía como geobloqueo llega a su fin a golpe de reglamento. Los consumidores ya no tendrán que preocuparse por si una página web los bloquea o redirige por el simple hecho de que su tarjeta de crédito o su dirección IP proceda de un país diferente.

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) le había declarado la guerra a esta práctica hace ya un tiempo. Desde la asociación criticaban que mientras que las empresas se beneficiaban de la libre prestación de bienes y servicios en toda Europa, los consumidores carecían de las mismas oportunidades para comprar un servicio o acceder a un producto de otro país de la UE: «Según la normativa europea, las empresas no pueden discriminar por razón de la nacionalidad o lugar de residencia de sus clientes. Pero existe una incertidumbre jurídica acerca de cuándo podría estar justificado un tratamiento diferente, como por ejemplo razones logísticas o por existir diferentes regímenes fiscales».

Parece que las excusas ya no tienen cabida. Electrodomésticos, entradas a espectáculos o parques de atracciones, hoteles, alquiler de vehículos, ropa… La lista es interminable. Sin embargo, no todos los productos quedarán libres del geoblocking. Del largo inventario que han propuesto los jefes de la Unión quedan excluidos, por el momento, los contenidos protegidos por derechos de autor. Libros electrónicos, música descargable o servicios audiovisuales tendrán que esperar. Al menos dos años, momento en el que los europarlamentarios se volverán a sentar para revisar lo sucedido y valorar si se levanta el veto a estos otros bienes.

El fin del geobloqueo no implica la llegada de un comercio completamente liberado. Hacerlo podría suponer un coste desorbitado en servicios de logística para las empresas. Que se elimine esta medida no implica que las compañías tengan que comprometerse a enviar sus productos a cualquier remoto punto de la UE. Las empresas no estarán obligadas a entregar a todas las personas en todos los lugares y todos los países, pero sí tendrán que facilitárselo a los compradores que se muestren interesados y busquen una fórmula para organizar la recogida y el transporte del producto por su cuenta. Si un ciudadano alemán está dispuesto a recoger un móvil en territorio español, el comercio que se lo vende tiene que estar dispuesto a ofrecerle una solución dentro de este territorio, aunque la compra se haga desde una ciudad teutona.

Las reglas tampoco prohibirán una diferenciación de precios, por lo que las empresas podrán seguir ofreciendo condiciones generales diferentes, en función de grupos de clientes en territorios específicos. De esta forma, seguiremos encontrando la misma camiseta con un precio diferente en una web polaca y en una gala. El cliente tendrá que sacar la calculadora y estudiar si con los gastos de envío le compensa más hacer la compra en una web patria o en la de otro país.

La cuestión del pago preocupa, y mucho, a los comerciantes. Si un ecommerce en España ofrece a sus clientes españoles pagar con Visa, esta posibilidad debe extenderse al resto de europeos. Y esta cuestión, advierten, puede traer consigo serias complicaciones en el control de fraude, que puede funcionar de manera limitada en los bancos de algunos países.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. La supresión del geobloqueo comercial es una propuesta que se puso por primera vez sobre las mesas de los despachos de Bruselas en el año 2015, cuando se comenzó a valorar la posibilidad de crear un mercado único digital que facilitara el comercio a través de la red entre todos los Estados miembros. Según los datos que manejaban entonces los expertos, el 63 % de los comercios online no permitían a los usuarios realizar pedidos desde otro país. La logística y el cobro eran las principales razones que aducían. Según un informe de la CE, el 27 % de los comerciantes bloqueaban geográficamente sus productos para evitar realizar envíos lejanos, mientras que el 22 % lo justificaba para no usar determinados métodos de pago.

Tendrán que adaptarse. Encontrar soluciones imaginativas para estos pequeños baches permitirá a las más pequeñas ampliar su negocio y empezar a ganar relevancia más allá de sus fronteras.

ILUSTRACIÓN: MABEL RODRÍGUEZ

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