La minería revaloriza el precio de las parcelas forestales

Las fincas para la producción de madera se cotizan a la mitad del precio que las agrarias; los proyectos extractivos elevan su rentabilidad


Ferrol / La Voz

Aunque establecer generalidades en un aspecto tan complicado en el agro gallego como es el de fijar el valor de las parcelas es harto difícil, los precios medios de venta de las tierras agrarias han llegado a alcanzar el doble de lo que se paga por las que se dedican a explotación forestal. Así, el metro cuadrado de un terreno en el monte gallego se situó en torno a los 0,85 euros, frente a los 1,5 que se llegaron a pagar por esa misma superficie en una parcela para cultivo en el período 2008-2011.

La mayoría de los proyectos mineros que se ponen en marcha o se desarrollan en nuestro país afectan principalmente a terrenos forestales. En la industria extractiva de los minerales se entiende que con la presentación de nuevos proyectos para el sector se abren varias oportunidades. Por un lado, para los propietarios de esas parcelas forestales, ya que podrán venderlos a precios mayores de los que fija el mercado si fuesen a continuar siendo explotados para la misma actividad. Pero también se presentan otro tipo de ventajas a medio y largo plazo. Todos los proyectos mineros que se tramitan tienen que ir acompañados obligatoriamente de un plan para la regeneración de los terrenos para garantizar la reinserción posterior del área afectada en el entorno medioambiental en donde están enclavados. Una vez finalizada la vida útil de la explotación, esas actuaciones de recuperación también elevan el valor de las parcelas.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta que los trabajos de corta de los árboles en los terrenos forestales pueden llevarse a cabo habitualmente cada diez o doce años, para respetar el ciclo de crecimiento de los ejemplares. Así, habría que esperar más de dos décadas para obtener un beneficio de la explotación de esta actividad, con un rendimiento más bajo que otros aprovechamientos del sector.

En estos círculos se entiende que los propietarios de terrenos forestales de lugares en los que se llevará a cabo un proyecto minero para el que se prevé un desarrollo de explotación de quince años, como es el caso del de Touro, solamente perderían los beneficios de una producción maderera. Además, en la mayoría de los casos las empresas ofrecen cantidades superiores a lo que se paga por terrenos forestales. Los promotores de los proyectos tienen que hacer frente en numerosas ocasiones también al pago de las cantidades correspondientes a expropiaciones realizadas para la construcción de carreteras o túneles asociados a las obras.

Uso posterior del terreno

Una vez que ha finalizado el período de explotación del yacimiento en cuestión, los usos a los que habrá que destinar los terrenos pueden ser variados, como recreativo, agrícola, forestal, o como vertedero de residuos. Elegido el destino de esas parcelas, las tareas a acometer también serán variadas: «Hay que remodelar la zona, facilitar o mejorar las redes de drenaje que controlarán la erosión y reconstruir el suelo. A su vez, el estudio del medio físico de la zona donde está ubicada

la explotación y de su entorno va a proporcionar los datos referentes a las especies vegetales convenientes para su posterior selección e implantación», indica un estudio realizado por el Instituto Tecnológico Geominero de España sobre la restauración de terrenos.

También la Cámara Oficial Mineira de Galicia recuerda que «a restauración das zonas mineiras debe aspirar a dar ao terreo un valor de uso igual ou superior ao que tiña antes de iniciarse a actividade mineira. Nalgúns casos pode renovarse o uso anterior, e outras veces dase á terra un novo uso», recoge el organismo en su memoria del pasado año. De igual modo, reseñan que «os titulares das concesións ou autorizacións de explotacións de recursos mineiros teñen a obriga de asegurar a execución da restauración do espazo natural afectado mediante o establecemento, ante a Administración, de garantías financeiras antes de comezar os labores de aproveitamento».

El informe realizado por el mencionado instituto indica que el uso forestal de los terrenos recuperados tras el fin de la vida útil de un yacimiento no está muy extendido, aunque en ocasiones determinadas, resulta más económico que destinarlos a los fines agrícolas, aunque la rentabilidad no aparecerá hasta el medio plazo.

En el estudio realizado por el Instituto Tecnológico Geominero de España se subraya que «la reforestación se efectúa en superficies de cierta extensión y puede llevarse a cabo en suelos de baja fertilidad, en taludes con pendientes de hasta el 70 %, y en sitios pedregosos». No obstante, advierte de que «los pH bajos, la falta de nutrientes, el exceso de metales tóxicos y la compactación del sustrato pueden limitar su crecimiento». En resumen, los terrenos deben tener unas características adecuadas, tanto físicas como químicas y biológicas, para poder llevar a cabo de nuevo la actividad forestal.

Escombreras singulares

En Galicia, dos de los yacimientos de mayor tamaño, las minas de carbón que explotó Endesa en As Pontes y la antigua Fenosa (hoy Naturgy) en Meirama, dieron lugar posteriormente a sendos lagos artificiales y los espacios en los que se fueron depositando los inertes resultantes de la actividad extractiva, a escombreras que cuentan con una gran diversidad de flora y fauna.

La restauración de las zonas extractivas aspiran a dar a las parcelas un valor igual o mayor al que tenían

Los proyectos mineros deben ir acompañados de un plan de recuperación posterior de la zona

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