1.094 días en la sombra

Juan Castro-Gil VICEPRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN RENOVABLES

MERCADOS

18 nov 2018 . Actualizado a las 04:45 h.

Entre el 9 de octubre del 2015 y el 6 de octubre del 2018 han transcurrido 1.094 días. Ese es el período de vida de una de las normas más absurdas que este país ha conocido, la que instauró el impuesto al sol. Someramente, recordaré que se ceñía a dar complejidad administrativa y económica a la posibilidad de que la gente corriente generase la energía que consumía. Ese oprobio legislativo venía precedido por otras muchas medidas que habían complicado la vida a los españoles que habían apostado por la energía solar. Con aquellos barros, se creó un lodazal social en el que aún demasiada gente mira sospechosa a todo aquel que dice producir energía con el sol, sin acabar de fiarse realmente de si se trata de una secta o simplemente de un atolondrado.

Sin embargo, el sentido común empieza a asomar la patita. Pronto, todo esto no habrá sido más que un mal sueño. El que quiera producir energía solar para autoconsumirla o incluso, para vender la que le sobre, lo podrá hacer con la mayor naturalidad del mundo. Muestra palmaria es la cantidad de instalaciones que están apareciendo en las granjas del rural gallego, o más intuitivo aún, la advertencia de Ikea de que pronto venderá kits solares para uso doméstico. Ese será el baño de realidad en el que la gente interiorizará lo que unos pocos llevamos defendiendo desde hace años.

Pero ese no será el final del camino, este solo acaba de empezar. La relación del ciudadano con la energía, de la mano de las nuevas tecnologías y de la electrificación integral de nuestra vida (sobre todo en el transporte y la climatización), va a provocar una disrupción en nuestros hábitos que ni siquiera somos capaces de imaginar, como tampoco admitíamos hace 20 años que podríamos llevar un ordenador en el bolsillo para todas nuestras rutinas diarias.