Hacerse de oro vendiendo una mala imagen

Sara Cabrero
Sara Cabrero REDACCIÓN / LA VOZ

MERCADOS

MARIA PEDREDA

Muchas marcas engrosan sus cuentas con campañas publicitarias que rozan el mal gusto; los expertos aseguran que una buena gestión de la polémica puede traducirse en un repunte de las ventas

11 nov 2018 . Actualizado a las 05:08 h.

Nike sorprendía hace unas semanas a los fieles seguidores que suspiran por calzarse unas de sus zapatillas anunciando una campaña publicitaria en la que los focos se centraban en el deportista Colin Kaepernick. Y la reacción fue un auténtico huracán. La parte más conservadora de la sociedad que habita al otro lado del charco se rasgó las vestiduras llegando incluso a quemar las zapatillas de la firma como signo de boicot. Apostar por el antiguo quaterback -que hace unos años copó varios titulares realmente críticos después de arrodillarse al escuchar el himno nacional de EE.UU. durante un partido a modo de protesta por la discriminación racial- no parecía haber sido un acierto. Hubo quien pidió no volver a pagar por una prenda de la famosa marca. Hubo quien hizo verdaderos esfuerzos por hundirla. Pero la realidad fue otra completamente diferente.

La compañía deportiva ha aumentado un 5 % su valor desde que Kapernick comenzó a protagonizar sus anuncios.

Nike es la última de una infinita lista de campañas de publicidad que juegan en el filo de la navaja. Se presentan al público con una apuesta arriesgada, algunas directamente abrazando la polémica. Hay quien incluso sale a la palestra con una propuesta blanca, inocente y se encuentran con un revés por el camino que mancha la imagen de una marca que lleva tiempo trabajando por mantener una seña impoluta.

Marcas de coches que animan a los compradores a «dejar sus problemas atrás» mostrando caricaturas de personas famosas (entre ellas Berlusconi) y el maletero lleno de esos supuestos inconvenientes (en el caso del político italiano se puede ver a varias chicas amordazadas). Firmas de higiene que tratan de demostrar su poder exponiendo a una persona de color que va «blanqueando» su imagen a medida que va utilizando el producto en sí mismo o que incluso llegan a pregonar a los cuatro vientos que «el blanco es la pureza».