El ladrillo vuelve a dar cobijo a los inversores gallegos

Tener un piso para alquilar es un tesoro, por eso cada vez más inversores deciden invertir sus ahorros en la compra de viviendas; en Galicia, la rentabilidad de un piso arrendado ronda el 6 % Esos buenos datos, sumados a unos precios de venta aún muy ajustados, hacen que cada vez haya más movimiento en el mercado


Vilagarcía / La Voz

La crisis hizo despertar a varias generaciones de gallegos de un sueño de bonanza económica. Demostró que, en estos tiempos que corren, todo es susceptible de desvanecerse en el aire. Y asentó en la sociedad un poso de desconfianza ante muchos de esos productos milagro que ofrecían grandes rentabilidades y ocultaban grandes riesgos. Por esa razón, quienes buscan dónde invertir el dinero que han ahorrado optan, cada vez más, por bienes tangibles. Bienes que están ahí, que se pueden tocar. Que no van a volatilizarse si las cartas vienen mal dadas -otra vez- o si la amenaza de una nueva crisis acaba por cumplirse. Y pocas cosas hay más tangibles, más rotundas, que el ladrillo.

Según los últimos datos facilitados por el Consejo General del Notariado, durante el año pasado se cerraron en Galicia 17.488 compraventas de viviendas. En ese ejercicio, al igual que en los dos anteriores, tres de cada cuatro de estas operaciones afectaban a inmuebles usados, según apuntan desde al Federación Galega de Empresas Inmobiliarias. Según esa misma fuente, quienes las adquieren son «personas con ahorros que se hacen con ellas con el objetivo de ponerlas en el mercado del alquiler». Un mercado que, en estos momentos, está lleno de oportunidades.

Así lo apuntan los datos. Según el informe sobre las tendencias del sector inmobiliario elaborado por la Sociedad de Tasación, los pisos en alquiler ofrecen una rentabilidad anual del 8,2 % en España. En Galicia, la cifra baja, pero se queda en un apetecible 6 %. En nuestra tierra, la rentabilidad es, curiosamente, más alta en las provincias de interior (un 6,4 % en Ourense, un 6,17 en Lugo) que en las de costa (el 5,9 % en Pontevedra, el 5,22 % en A Coruña). Porque, aunque el precio que pagan los inquilinos es más alto en la fachada atlántica, el desembolso para adquirir estos inmuebles también, y eso deja un margen de beneficio más estrecho a los arrendadores.

«Las rentabilidades que ofrece la compra para alquiler son interesantes en Galicia en estos momentos». Habla Ferrán Font, director de estudios en el portal inmobiliario Pisos.com. El escenario gallego es, en líneas generales, similar al del resto del país. «Desde hace un par de años, el ladrillo está de vuelta. La compra de vivienda está atrayendo tanto a inversores nacionales como internacionales, porque en estos momentos hay un stock de inmuebles con calidades muy atractivas en comparación con los precios». En el caso gallego, donde el crecimiento de estos es, de momento, «muy contenido», hace que invertir aquí y ahora en la compra de vivienda sea una excelente opción. Tanto por las promesas del alquiler, como por la revalorización que se presupone que los inmuebles tendrán si nada vuelve a torcerse.

En el sector inmobiliario comparten esa lectura. Y, aunque el escenario cambia mucho en función de un sinfín de variables, oficina tras oficina la respuesta es rotunda: los pequeños inversores han vuelto al ladrillo. De A Coruña a Ourense, de Vigo a Ribadeo, el veredicto es muy similar. «La situación se ha estabilizado, la gente está perdiendo el miedo y se anima a invertir; sobre todo, por el repunte del alquiler». Quien habla es Álvaro Rodríguez Fernández-Argüellos, director de Engel&Völkers en la ciudad herculina.

Desde fuera

Desde la oficina viguesa de la misma inmobiliaria, María Jesús Gil apunta un factor a tener en cuenta: la llegada de inversores de fuera de Galicia. Ese fenómeno parece estar, de momento, centrado en Vigo, una ciudad en crecimiento constante, en la que disponer de viviendas para alquilar es sinónimo de negocio seguro. Por eso, a los pequeños inversores locales se le suman cada vez más «tanto pequeños inversores de Madrid o de otros lugares de España, como incluso fondos de inversión que buscan paquetes de pisos para alquilar, ya en volúmenes mayores». Si se cumplen las previsiones y en los próximos dos años se desbloquea suelo para construir 1.500 viviendas en la ciudad, tal y como está previsto, el movimiento va a estar asegurado. «Hay interés por los pisos, pero también hay demanda de solares para construir».

También en eso Vigo es una excepción. En el resto de Galicia, los promotores siguen tomando todo tipo de cautelas antes de embarcarse en la construcción de nuevos edificios. Las promociones que durante la burbuja del ladrillo se lanzaban a diestro y siniestro, hoy se cuentan con los dedos de una mano en la mayoría de las localidades gallegas. «No hay falta de interés, lo que pasa es que la gente va muy a tiro fijo, muy a lo seguro», dicen en las inmobiliarias.

En O Grove, una localidad turística de las Rías Baixas, esperan la construcción de nuevos pisos con ansiedad. El urbanismo lleva años parado por falta de PXOM, así que los negocios inmobiliarios que se cierran son, obligatoriamente, de viviendas de segunda mano. «La gente que compra aquí sabe que, por alquiler, va a recibir un tope de 400 euros al mes, así que calcula e invierte entre cien y 120.000 euros en la compra del piso. Más allá no suelen ir», asegura Ana Porto, de la inmobiliaria que lleva su nombre. Lo que más triunfa, en O Grove y en todos lados, son las obras bien construidas, o con elementos singulares. «Para las cosas que están bien, la crisis siempre es menor», asegura Teodoro Moreda, de la Inmobiliaria Nós, en Lugo. También en esta provincia están convencidos de que se acercan buenos tiempos. «La ola del alquiler viene hacia el norte», dice con humor. Aunque está seguro de que «la locura de antes nunca volverá», también afirma que «este año se acabarán de vender los pisos que tienen los bancos y se va a volver a construir». Y la gente que disponga de una cantidad suficiente para invertir, lo hará.

He aquí otra característica de quienes invierten en ladrillo: les gusta pagar en mano. «Creo que la mayoría no recurre a hipotecas, o hipoteca solo una pequeña parte. Prefieren pedir un préstamo personal para cubrir determinados gastos antes que otra cosa, porque en estos momentos, de la banca solo se fía quien no tiene otro remedio», afirman desde la Inmobiliaria Guitián, en Vigo. Su opinión es compartida, aunque con matices, en la mayoría de las oficinas inmobiliarias. Y parece estar refrendada, también, por los datos del Consejo General del Notariado, según los cuales el 55 % de los gallegos que compraron una vivienda en el 2017 la abonaron al contado. Se realizaron el año pasado un total de 17.488 compraventas, mientras que únicamente se firmaron 7.879 préstamos hipotecarios. También las entidades financieras son conscientes de esta realidad. Entre enero y agosto de este año, las compraventas de viviendas crecieron en Galicia un 12,4 %, algo más que en el resto de España. La firma de hipotecas también ha crecido, pero lo hace de una manera más contenida: hasta un 4,1% hasta el pasado mes de julio. Según algunas de las entidades financieras gallegas, el sector inmobiliario presenta una «progresiva recuperación», aunque «los niveles de actividad y de precios todavía están muy lejos de los anteriores a la crisis».

«Crisis, preferentes... El pequeño ahorrador quiere bienes tangibles, que se vean y se toquen»

Rosa Estévez

El estallido de la burbuja que hizo tambalearse la economía mundial arrasó el mapa de las empresas inmobiliarias gallegas. Sin embargo, las firmas más sólidas y mejor ancladas, las que lograron soportar los fuertes vientos de los años más duros de la crisis, parecen haberse recolocado en la senda de la recuperación. Benito Iglesias, el presidente de la Federación Galega de Empresas Inmobiliarias (Fegein), conoce de primera mano todo lo que ha ocurrido en el sector al que representa. Y se muestra optimista ante el futuro. Los datos que maneja la asociación pasan por que este año el sector alcance los 2.000 millones de euros de facturación (1.800 millones en el 2017) y baje de las 20.000 viviendas en stock (21.564 a cierre del 2017).

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