Crónica de un fracaso anunciado

El Gobierno turco invierte 12.000 millones en un nuevo aeropuerto con graves problemas operativos, pues durante 160 días del año no se dan las condiciones necesarias para volar


Estambul / La Voz

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, tenía grandes planes para Estambul. Megaplanes. Pero una serie de decisiones precipitadas, la inestabilidad de la lira turca y la presión por la deuda con inversores extranjeros podrían hacer fracasar su último proyecto insignia: el tercer aeropuerto de la capital. Con un coste de más de 12.000 millones de dólares, la nueva terminal aspira a convertirse en la más grande del mundo, albergando hasta 200 millones de pasajeros al año. Actualmente, el récord lo ostenta la de Atlanta, con poco más de 100 millones de pasajeros. Un nuevo despliegue de la ambición geopolítica de Erdogan.

El caso es que la construcción de este nuevo aeropuerto no está falta de controversia. A la inversión desmesurada se unen el gran daño ecológico que ha sufrido la región y las protestas de los trabajadores, que denuncian unas condiciones de trabajo infrahumanas. La inauguración de la primera fase del proyecto, que tiene un tamaño equivalente a 265 campos de fútbol, tuvo lugar hace unos días, aunque la infraestructura aún no está en servicio.

Mücella Yapici, secretaria general de la Cámara de Arquitectos de Estambul, recuerda que en el plan urbanístico del 2009 no estaban previstos ni el aeropuerto ni el tercer puente, y que son totalmente innecesarios. «Erdogan decía lo mismo cuando era alcalde de Estambul. Además, la ciudad debería crecer hacia el este y el oeste, no hacia el norte. La zona del mar Negro es un ecosistema muy importante para la región», argumenta Yacipi.

Entre las preocupaciones de los ecologistas se encuentran las aves migratorias que anidan en la zona y que podrían provocar accidentes al chocar con los motores de los aviones. Además, un informe asegura que en la zona se registran más de 65 días de niebla espesa al año y más de 107 días de fuertes vientos. «Más de la mitad del año no se dan las condiciones para volar», sostiene la arquitecta.

Desde el punto de vista económico, Atilla Yesilada, analista de Global Source Partners, apunta al riesgo de la inversión. «Turquía ha incrementado su gasto en infraestructuras, lo cual es una buena noticia, pero está invirtiendo demasiado en estos megaproyectos y no lo suficiente en capital humano. Al final, este tipo de obras no crean tantos puestos de trabajo», advierte. Sobre el informe de junio del 2016 publicado por la constructora adjudicataria de la obra en el que se asegura que el nuevo aeropuerto generará el 4,9 % del PIB de Turquía para el 2025, Yesilada lo califica de «broma. ¿Cómo puede un aeropuerto cambiar el panorama económico de un país?», se pregunta.

Estrecha sintonía

Los constructores, un consorcio de cinco grandes empresas turcas, están bien conectados con el Gobierno, y algunos críticos lamentan su estrecha sintonía a la hora de desarrollar estos megaproyectos.

A pesar de que el Ejecutivo defiende el proyecto como una gran inversión, no hay informes de transparencia, ni siquiera sobre el número de puestos de trabajo creados hasta el momento. La construcción va con retraso, incluidos el nuevo metro y la carretera de acceso al aeropuerto, y la presión sobre los trabajadores va en aumento.

Desde el Sindicato de los Trabajadores de la Construcción, Ismail Sahin denuncia condiciones infrahumanas y turnos de hasta 14 horas al día. «Eso sin incluir los desplazamientos en bus, que pueden llevar hasta tres horas», cuenta. A finales de septiembre, tras una serie de accidentes en los que fallecieron varios empleados, comenzaron las protestas. Al día siguiente militares y policía detuvieron a casi 600 obreros. Las condiciones no han mejorado, y desde entonces trabajan bajo el control de la policía turca. «Ni siquiera así conseguirán que el aeropuerto esté acabado a tiempo», dice Sahin.

La gran pregunta que sobrevuela el país es cómo afectará el aeropuerto a los ciudadanos. Con una deuda extranjera de más de 200.000 millones de dólares, Turquía no puede permitirse que su gran proyecto de infraestructuras fracase.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Crónica de un fracaso anunciado