Digital e innovador: el secreto del negocio cambiante

Han pasado de multinacionales o compañías tradicionales a «startups» con éxitos y fracasos; los empresarios gallegos que forman parte de esta nueva era tecnológica no paran de emprender o incluso compaginar varios proyectos a la vez


Redacción / La Voz

Si algo no les falta a estos profesionales es valentía. Una sentencia que se podría aplicar a cualquier tipo de emprendedor, pero en su caso, en pleno ecosistema digital, podría decirse que los cimientos se tambalean con mucha más facilidad. Su mercado es el mundo. Su competencia también, y su entorno y retos cambian a la velocidad de la luz. Por eso, sorprende aún más que este tipo de emprendedores no solo hayan puesto en marcha empresas y las hayan vendido poco después, sino que puedan convivir moviendo los hilos de varios proyectos a la vez. Proyectos que en muchos casos poco tienen que ver los unos con los otros.

El compostelano Daniel Seijo se convirtió en emprendedor digital cuando pocos vislumbraban qué sería eso. «Era el 2005. Tenía 21 años y no sabía qué era una empresa. Vi una corriente de blogs que estaba cambiando la forma de consumir información. El plan de negocio era una servilleta. No imaginaba lo que vendría después». Esa empresa se llamaba Diariomotor, después llegó ¿Qué coche me compro? y, desde el 2016, es el CEO de Menéame. «El reto actual es muy diferente, una plataforma ya madura. Emprender no es lo mismo. No todo el mundo vale, igual que los emprendedores no valemos para muchas otras cosas», comenta. Además de sus múltiples proyectos, desde el 2013 capitanea Civeta Investment. Desde su veteranía, apoya a los primerizos. «Cuando empezamos, los fondos de inversión hablaban un lenguaje distinto al de las startups. Nosotros podemos estar más cerca de los emprendedores. Por suerte, el panorama ha cambiado mucho». Por ello, Daniel anima a quien tenga una idea a que pruebe. «El error más habitual es creer tener una idea fantástica y pensar que el disparo no va a fallar y prepararse un año para hacerlo. El emprendimiento no es un tiro con arco. Es la selva. Cuando antes se empiece, mejor».

El vigués Pablo López ha estado y está en cuatro o cinco proyectos al mismo tiempo: desde las apps al 3D. Él disfruta de esta vida de emprendimiento en serie, pero pide «sentidiño». «Muchos se han ido al hoyo. Solo el 3 % de las startups sobrevive más de tres años. Mi consejo es que hay que contar con una idea testada, validada, con clientes o inversores o un colchón financiero desde el minuto uno. No es malo darse un golpe, pero hay que tenerlo claro». Sabe de lo que habla. A él le ha pasado y tiene más que asumido que el fracaso volverá a asomar en algún momento. «Este mundo se mueve muy rápido. Hay quien monta proyectos con la intención de venderlos en un par de años. Para especular. Otros lo vemos diferente: yo tengo cinco proyectos en marcha y cada uno me genera un tanto. Pero sí, es probable que si la idea es buena, llegue una empresa y se la lleve». Es lo que le sucede a muchos emprendedores en serie como Juan Carlos Riveiro. La cotizada Broadcom compró su Gigle Networks por varios millones de euros. Él permaneció en la estructura para después arrancar una nueva startup, Vilynx. «Las compañías compran otras para crecer y hacerse más grandes. Se decide comprar porque avanzas más rápido y adquieres talento. La gente solo ve los millones, pero en esto hay que analizar dos valores. Por un lado, la tecnología, el producto o la propiedad intelectual. Por otro, el equipo. ¿Cuántos jugadores puede fichar el Barcelona o el Real Madrid que tengan un impacto real, como Messi o Cristiano? ¿No es más barata la cantera y hacerla crecer? Pues lo mismo: en tecnología no se compra presente que tenga impacto en el tamaño de la compañía. Se compra mirando al futuro. Cuando Google compró Android eran 15 personas. Incluso Apple, que no se caracteriza por comprar, obtiene todos sus procesadores de un grupo dentro de la compañía que en su día empezó con la compra de una startup», explica Juan Carlos, poniendo por delante que hay compras que funcionan y otras no. «Si las grandes empresas españolas quieren seguir siendo grandes, tendrán que aumentar las adquisiciones. Me sorprende lo poco que compran compañías tipo Telefónica. El mundo trae cambios y van a tener que asumir esas transformaciones».

NO IMPORTA EL SECTOR

El de Lalo García Torres es uno de esos ejemplos que a cualquier mortal le harían pensar un buen rato. Trabajó en Cupa Group, uno de los grandes imperios de la pizarra, y ahora tanto invierte en startups, como tiene las suyas propias. Proyectos que a veces no están en sus manos a largo plazo. «Los profesionales de las startups tenemos en común que nos gusta vivir la fase inicial del ciclo de las empresas y no tanto la madurez de las mismas. Creo que depende más del perfil del emprendedor que del modelo de la empresa. No debemos identificar a las startups solo en un sector. Piensa que aportan su grano de arena a la transformación digital de sectores más tradicionales, como la banca, la automoción o la sanidad», apunta.

De giros profesionales sabe bastante David Bonilla. Este empresario presume de gallego y habla muy claro. «¿Si soy un emprendedor en serie? Si eso significa que he cometido la idiotez de emprender más de una vez, sí. Lo soy», explica. Y es que tanto en su página web, en sus redes, como en sus eventos, explica su experiencia de forma muy franca. Sin adornos. David tenía ahorros para dos años cuando lanzó Otogami, un comparador de videojuegos. «Me lancé con más de 30 años y más de una década ahorrando. Podía haberlo dedicado a una hipoteca o a otra inversión, pero fui un afortunado. No todo el mundo puede ahorrar con los sueldos de este país». Tener ese peto tenía una explicación. Estaba preparado para no tener ingresos a corto plazo. «En el mundo startup había mucho humo. Gente que pintaba el proceso de color de rosa. Como si fuera algo que resuelves en un par de tardes tomando café. La realidad es más complicada. El 75 % no salen adelante y las que lo hacen es después de años de duro trabajo». Cree que, en cuanto a la financiación, las cosas están cambiando, «hay muchos más fondos que antes y una red de business angels importante. Pero la mejor inversión de todas es el dinero de tus clientes. Primero vende, luego invierte, construye, contrata, haz lo que quieras, pero primero vende». Lo dice porque sabe tanto lo que es lanzarse como emprendedor, como formar parte de la sólida estructura de una compañía. «No todo el mundo vale para esto. Parece que hay presión para emprender, como si fueses un vago sin derecho a quejarse si no te lanzas. La gente que lo hace alegremente se da contra un muro de cemento. Se llama realidad».

«Volví a la fase inicial de una startup: la más divertida»

Gladys Vázquez

El ingeniero de Telecomunicaciones Juan Carlos Riveiro tiene sus raíces en Estorde y Fisterra pero vive en Palo Alto

El de Juan Carlos Riveiro es uno de esos nombres tras la innovación global. Ingeniero de Telecomunicaciones, de la cosecha del 74, tiene sus raíces en Estorde y Fisterra, aunque sus padres emigraron a Barcelona. Entre escapadas anuales a Galicia, está su vida en Palo Alto, en Vilynx, su tercera startup. La primera, DS2, fue adquirida por Marvel. La segunda, Gigle Networks, se la llevó la cotizada Broadcom por 56 millones. Diseñaban soluciones de conexiones multimedia dentro de las viviendas. Tras Broadcom, necesitaba algo nuevo. «Le pregunté a mi hijo qué problema quería que solucionase. Me dijo: ‘que mi robot sea más listo’. No tenía prisa y volví a la fase inicial de las startups, la más divertida para mí». Lo hizo en 2011 junto a Elisenda Bou, antes en el MIT y en la NASA. «Vilynx es la primera plataforma de inteligencia artificial que aprende por sí misma. Comprende texto, vídeo y audio». Por ejemplo, entiende los contenidos de los medios para que la búsqueda sea mejor y más rápida o selecciona los mejores momentos y los recomienda a la audiencia en base a su consumo. «Estamos pasando de una app o web por medio a millones. Pronto habrá una app y web por consumidor». Entre otras cosas, su tecnología analiza el vídeo que generan los coches autónomos. Hace poco cerraban una ronda de inversión de 7 millones de euros. Y eso que empezaron el proyecto con 430.000. «El momento es extraordinario. Jon Klein, expresidente de la CNN, se acaba de unir a nosotros». Y esto no es el final. «Hay personas que se dedican a solucionar problemas que requieren tecnologías que aún no se han inventado. Eso es lo que me gusta y no podré dejarlo nunca».

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«¿Invertir en mis proyectos o en otros? No sabría elegir»

Gladys Vázquez

Invertir en sus propios proyectos, en los de otros y apoyar las nuevas ideas. Así se podría definir en pocas palabras el día a día de Lalo García Torres (Ourense, 1974). Este ingeniero industrial se ha movido en su carrera entre extremos: las comunicaciones, la pizarra y las startups. «Trabajaba en Comunitel y conocí a una persona que venía de EE. UU. y me habló del modelo Y-Combinator (la gran incubadora de startups del mundo). Decidimos aplicarlo en Galicia». Así nació Knowledge Investors. «Llegamos pronto y tuvimos que pivotar el modelo a una consultora de innovación. No era el momento. En 2016 retomé el proyecto, tratando de aportar mentorización y capacidad de inversión a las startups. Lanzamos dos programas de aceleración, un programa generalista con Conector Accelerator y un vertical fintech. Entendiendo que era el momento de las aceleradoras corporativas montamos el programa de aceleración de Abanca».

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«No me rindo. Si me meto en algo, voy hasta el final»

Gladys Vázquez

David Bonilla siempre ha llevado su propio rumbo. Dejó Derecho porque no se resignaba a ser «infeliz toda la vida» y se pasó a la programación. «Es mi vocación, pero como en mi entorno nadie quería hacer ‘el resto’, el márketing o la gestión, también lo hice yo». Se define como un profesional «cabezón y transparente». «No me rindo. Si me meto en algo, voy hasta el final». Una sentencia que explica por qué dejó Atlassian para crear su propio proyecto. «La verdad es que como startup iba como un tiro. Cuando empecé éramos 400, cuando me fui, 2.000. La empresa salió a bolsa. Si me hubiera quedado con las stock options que me correspondían, tendría la vida resuelta. No pienso en ello». Ni lo piensa ni tuvo tiempo para hacerlo porque David arrancó Otogami, un comparador de videojuegos. Dos años después, a su amparo, surgía Runnics, un comparador de zapatillas de atletismo. No funcionó y él fue el primero en contar en su web, bonillaware, por qué vendían sus participaciones por 1 euro. «Todos aprendimos y el equipo se unió más. No cambiaría nada de lo sucedido. En tres años aprendí tanto como en 15. Cada experiencia nos va modelando». Con Otogami en otras manos, David volvió a trabajar por cuenta ajena. «Nunca he tenido problema en integrarme en una estructura si comparto sus valores y me motiva lo que hago». Una relación de año y medio antes de que volviese a la carga con Manfred, una plataforma donde los profesionales de la informática pueden encontrar los mejores empleos, «esos que no salen en ninguna parte». Entre sus objetivos: «Trabajar en la empresa más divertida del mundo. Es un objetivo a largo plazo. Tengo espacio de mejora».

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«Si estás en esto, tienes que acostumbrarte a la tensión»

Gladys Vázquez

Muchos dirían que el vigués Pablo López hizo hace diez años el camino a la inversa. Pasó de trabajar en Inditex a lanzarse a su propia aventura. «La relación se acabó y dije: ahora voy a dedicarme a lo que me gusta. Me siento innovador. Si veo algo interesante, me gusta ponerlo en marcha». Su nueva trayectoria arrancaba con la consultoría de innovación, desde hace tres años, bajo el nombre de Creativigo. Pero no solo eso. A punto de cumplir los 40, Pablo está en el mundo del blockchain, las aplicaciones informáticas y, como inversor, en Lánzame Capital. «Buscamos financiación para startups. Son microinversiones, sin que el capital tenga capacidad de decisión en la empresa. Lo que hubiese querido para mí cuando empecé». Y es que cuando arrancó, echando mano del desempleo y de mucha inseguridad, puso en marcha una plataforma similar a lo que después fue Linkedin. «Era más local, pero ponía en contacto a empresas y profesionales».

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