«Si nos vestimos bien salimos de casa y nos comemos el mundo»

Su atelier de Lestedo es un paraíso de telas, patrones y diseños que Carmen Pichel paseó por las pasarelas más cotizadas del mundo y desde donde vistió a las más importantes artistas. Un bagaje que se refleja en sus movimientos, en su forma de hablar y en su sonrisa. Porque ella se gusta. «Sí, me siento muy a gusto conmigo misma», admite cómplice


Redacción / La Voz

Se crio en Lestedo sin sospechar que esa afición suya por vestir muñecas y fijarse en los patrones de la costurera la llevaría a las mejores pasarelas de París, Milán o Nueva York. Pero así fue. Lo que pasa es que Carmen Pichel tiene un secreto; transmite y contagia ilusión, y con esas cualidades, conquista.

-¿Qué tienen la aguja y el dedal?

-Lo mío fue vocacional, absolutamente. Imitaba a las modistas a las que iba con mi madre y con mi abuela, teníamos tres hermanas muy cerquita que eran una maravilla, y yo pensaba que quería hacer lo mismo que ellas. Me ponían siempre guapísima, y había una tía abuela mía que calcetaba de forma divina, mi madre también lo hacía, y entonces yo quería aprendérmelo todo para hacerlo todo; el punto, el bordado, la costura y el figurín mismo... me apetecía todo, y por eso luego estudié diseño y estilismo en A Coruña, soy de la primera promoción de Goymar.

-¿No trataron de convencerla en casa para hacer otra cosa?

-No, siempre lo vieron claro. Me veían con pocos años que aún no tenía la máquina de coser y cosía a mano. Visualizaba los patrones a través de los figurines de las revistas que había, que eran muy gráficos y me ayudaban a imaginar cómo sería el modelo para hacer esos volúmenes, esas formas tan increíbles... Luego con la práctica y con el estudio fui descubriendo qué es lo más importante de la moda, y sobre todo, de la moda de atelier.

-¿Por qué lo es?

-¿Cuánto tiempo hace que no te haces un traje? Pensamos que es para un día especial y yo creo que no, que hay que decidir qué cosas son importantes en nuestra vida para disfrutarlas. Es cierto que ahora hay un montón de moda low cost con la que te puedes vestir, pero no se debería prescindir de un chaquetón precioso, un pantalón que te siente de vicio... Pues yo en los patrones buscaba esas formas y volúmenes que engañan al ojo para que parezcamos más altos, más estrechos de cintura... Que mostremos nuestro cuerpo como queremos que se nos vea, que es importantísimo, nos da muchísima seguridad y nos hace sentir bien. Deberíamos dedicarle más tiempo porque es una fuente de felicidad constante. Si nos vestimos bien, salimos de casa y nos comemos el mundo.

-Enseguida se puso a trabajar, ¿verdad?

-Mientras estudiaba ya había montado mi pequeño taller en casa de mis padres, en el salón, directamente. Allí empecé a vestir a las vecinas, y la verdad es que todo fue in crecendo de una manera impresionante, empezaron a surgir colaboraciones con empresas para hacer diseños, colecciones, pasarelas de moda...

-¿Tiene que ver con su don para las relaciones sociales?

-Hay que dejarse ver, pero yo creo que sobre todo es el énfasis que le puse siempre a mi profesión. Creo que fue también la causalidad que se dejó caer a mi alrededor. Organicé un desfile para las amas de casa y estaba el director de Desde Galicia para el mundo, que me pidió que fuese la estilista del programa, y de ahí pasé a llevar el estilismo de la TVE en Galicia. Luego hice un desfile en Santa Isabel con diseñadores gallegos y de ahí surgió mi colaboración con D’Aquela, la firma de moda de Lalín, que antes se dedicaba a moda de hombre y entonces querían sacar una línea de mujer, y ahí estuve hasta hace poco, cuando llegó la crisis, en el 2008, pero encantada, con notable éxito nacional e internacional.

Carmen Pichel anima a mirarse al espejo, a quererse y gustarse. paco rodríguez

la familia, el huerto y una mochila llena de vivencias

el detalle

Tiene marido, nieta y dos hijos ya criados. Haber llegado a ese momento de la vida con la mochila llena le ha permitido a Carmen Pichel descubrir otras aficiones, como la del huerto que cultiva con verdadera pasión. Interesada por la alimentación saludable, procura surtirse del huerto siempre que puede, «porque también me gusta cocinar mis propios productos, pero para eso no siempre tengo tiempo». Lo cierto es que el huerto tampoco le da muchos quebraderos de cabeza, ya que lo cultiva siguiendo la técnica de la permacultura, respetuosa con la naturaleza y que huye de la intervención del hombre. Lo que sí, es un huerto «muy internacional, porque mis amigos me van mandando semillas y plantas de todo el mundo: una alcachofa catalana, un espárrago del País Vasco... Cómo me gusta plantar la semilla de la naranja y ver luego esas naranjitas de tres centímetros...» Y pasear, «que vivo en el Pico Sacro, por donde pasa el Camino, ¡qué más voy a pedir!».

«Siempre reivindico el oficio de costurera»

Dedico el tiempo que puedo a mi huerto, que cultivo por la técnica de la permacultura, siguiendo su ciclo natural»

Tras TVE, llegó la TVG, ocuparse del estilismo de Luar, de Platos combinados, vestir a las actrices, colaborar con las compañías teatrales, los disfraces...

-¿Cómo recuerda aquellos años?

-Fue fantástico, tenía muchos equipos trabajando en distintos sitios y mi coche era como una oficina ambulante, de un lado para el otro. Yo era de las que tenía el móvil este de ocho kilos que llevaba en el coche.

-Usted es diseñadora y estilista pero presume también de seguir siendo costurera. ¿Por qué lo hace?

-Porque reivindico el oficio. Se pasó a que todo es una carrera y hay muchas carreras que son oficios. Yo aquí en mi taller soy una costurera pero con un plus, el que aprendes cuando estudias estilismo y diseño.

-¿Se dedica a la formación?

-Sí, pero solo de forma esporádica. Ahora estoy con un proyecto que me encanta, con talleres de reciclaje para aprovechar esas piezas que tienes ahí y no las tiras porque tienen algo, tienen alma y las convertimos en algo maravilloso para que su segunda vida sea incluso mejor que la primera.

-¿Lo más fácil y lo más difícil?

-Lo mejor es que conoces a gente maravillosa en el taller que te habla de su vida y lo mismo aprendes a cocinar que a cultivar un huerto. Pero cuando diseñas para alguien formas equipo con esa persona, es como un arquitecto; tú tienes tu casa en tu cabeza pero yo tengo que desarrollar los planos, pues esto es igual, tú tienes tu traje en tu cabeza y yo tengo que verlo. Y esa es, precisamente, la parte más difícil: convertir en realidad tu sueño.

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