Tecnología solo para ricos

Cacharros de lo más pintoresco, entre los que destacan coches voladores, neveras inteligentes o incluso submarinos, inundan un mercado solo apto para los bolsillos más abultados


Redacción / La Voz

El excéntrico Elon Musk ya ha desvelado el nombre del que será su primer turista espacial. Yusaku Maezawa será el primer hombre en disfrutar de una experiencia de estas características y de posar sus pies sobre la Luna. Pero este lujo de viaje no estaba al alcance de cualquier bolsillo. Maezawa, dueño de la mayor tienda de ropa online de Japón y con un patrimonio valorado en casi 3.000 millones de dólares, ha desembolsado una cantidad por ahora desconocida que seguro sonrojaría a más de uno. Viajar a la Luna no está al alcance de los bolsillos más comunes. Pero esta revolución tecnológica no es la única reservada para unos pocos privilegiados. Porque disfrutar del último grito en los avances técnicos requiere disponer de muchos ceros en la cuenta bancaria.

Solo unos pocos escogidos podrán experimentar en los próximos meses la sensación de conducir un cacharro sacado de una película de ciencia ficción. El primer coche volador del mercado -desarrollado por la empresa emergente Terrafugia, subsidiaria del gigante chino Geely- abrirá a lo largo del mes de octubre su período de preventa. El precio de este peculiar aparato, que no necesita pista para despegar ni aterrizar y que puede ser conducido sin tener nociones de vuelo, no ha sido todavía desvelado, pero se prevé que su coste impedirá una rápida popularización en los mercados. En los próximos años, solo los millonarios podrán saber qué se siente al tener uno de estos aparcado en el garaje.

Por cielo y tierra, pero también por mar. Los bolsillos más abultados han encontrado en el agua un perfecto lugar para disfrutar de sus juguetes más exclusivos. Y no hablamos de los yates. Porque las marcas más lujosas empiezan a apostar por otro tipo de transportes. La última moda entre los propietarios de los barcos más lujosos del mundo es disponer, además, de su propio submarino. Las marcas se han dado cuenta del filón y cada vez son más las empresas -algunas de ellas hasta de renombre- que compiten por ofrecer características que mejoren lo que ya hay en el mercado. Submarinos elegantes, rápidos o incluso que pueden sumergirse más que el resto. En esta batalla, todo vale.

En septiembre del 2017, Aston Martin se aliaba con Triton Submarines para sacar al mercado su Proyecto Neptuno, un submarino que aúna la elegancia y exclusividad de la popular casa automovilística y la funcionalidad y rendimiento de Triton. Por un precio que ronda los 3,5 millones de euros, este aparato es sumergible hasta los 500 metros, tiene una autonomía de unas 12 horas y su interior ofrece una visión de 360º de las profundidades marinas. No son los únicos que han querido competir en este mercado. El último submarino de DeepFlight, el Super Falcon 3S, también ha conseguido atrapar la atención de algunos de los más ricos del planeta. Cuesta más de un millón de euros y promete vivir la experiencia de «volar por el mar».

Lo de volar se ha convertido en una obsesión para las marcas que buscan seducir a los millonarios. Además de coches, en los próximos meses se podrán encontrar en el mercado motos voladoras. El inventor chino Zhao Deli ha sido el último en presentar un artilugio de estas características, pero ya hay otros gigantes que se afanan por encontrar la fórmula perfecta para crear uno de estos vehículos. Uber o Airbus llevan ya tiempo investigando cómo fabricar una moto voladora. La de Zhao Deli, que se presentó el pasado mes de agosto con un vuelo inaugural, podría salir al mercado el año que viene por un precio de más de 5.000 euros.

Hogares último modelo

Pero no solo de medios de transporte se nutre el mercado de los más ricos. Vestir los hogares más lujosos con productos revolucionarios y de precio abultado también tiene su público. LG y Samsung han sacado al mercado una línea de frigoríficos que no bajan de los 8.000 euros. ¿La razón? Son inteligentes. La esencia es la misma que la de los frigoríficos más mundanos: conservar los alimentos. Pero los detalles son los que marcan la diferencia. La pantalla táctil que incluye en sus puertas de cristal nos permite consultar recetas o el tiempo, poner vídeos, editar las listas de la compra o planificar las comidas en base a las fechas de caducidad de los alimentos.

Algo más asequible es Zenbo, el robot asistente del hogar de ASUS. Por unos 800 dólares, este tierno autómata tiene un amplio abanico de funcionalidades: podemos pedirle comida, contratar servicios, comprar por Internet, jugar con los más pequeños de casa, videovigilar nuestra vivienda, realizar videollamadas a emergencias o detectar caídas de las personas más mayores.

Disfrutar de la mejor calidad de imagen y sonido que hay ahora mismo en el mercado supone desembolsar, por lo menos, 20.000 euros. Eso es lo que cuesta el último televisor que LG ha colocado en los estantes del mercado. Este impresionante aparato de poco más de 3 milímetros de grosor y con un sonido digno de las mejores salas de cine se ha convertido en el objeto de deseo de los amantes de la pequeña pantalla. Pero como tantas otras cosas, no está al alcance de todo el mundo.

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