KWs verdes de Galicia

Enrique Valero OPINIÓN ENRIQUE VALERO

MERCADOS

07 oct 2018 . Actualizado a las 04:45 h.

Se supone que estamos en un escenario de lucha contra el cambio climático y en pleno desarrollo de la bioeconomía. Ambas, políticas basadas en sustituir átomos de carbono negros por verdes. Es decir, renunciar a los combustibles fósiles y sus derivados, reemplazándolos por naturales renovables. Por alguna ininteligible razón, no se han incentivado robustamente las inversiones para lograr este objetivo, mientras el petróleo sigue subiendo, la factura de la luz se dispara y los montes arden.

Los consumos de biomasa en la UE están alcanzando los 100 millones de toneladas equivalentes de petróleo anuales. En el último año se han instalado más de 46.000 estufas domésticas de pellets en España, suponiendo un ahorro doméstico cercano al 50 %, debido al fuerte incremento en el precio del gasoil y del gas natural. Esta tendencia sería más que deseable transferirla a pequeñas empresas, talleres, fábricas... Así las cosas, surgen recientes iniciativas en Pontevedra, Curtis-Teixeiro y El Bierzo para nuevas biofactorías. Bienvenidas sean. Hace décadas que deberían estar en funcionamiento. Sin embargo, el desarrollo de la bioenergía no solo se debe nuclear sobre grandes plantas. Centroeuropa y Escandinavia ya propagaron pequeñas centrales hace 20 años a lo largo de todo su territorio para dotar de electricidad y calor a pueblos, edificios públicos y granjas.

La gran paradoja es que, siendo en Galicia un recurso tan abundante que constituye un problema de gestión forestal (aunque, absurdamente, con la tecnología del siglo XXI no se sepa cuánta, dónde y de qué características), no solo no se aprovecha racionalmente, sino que o se impone su corta y desbroce a los particulares, o se elimina de miles de cunetas, a muy alto coste y sin beneficio para nadie, mientras los montes siguen sucios y abandonados.