Tictura, una empresa que hace del rigor histórico una aventura

La empresa, que nació en el CSIC, diseña materiales didácticos de divulgación histórica y patrimonial; se centran en el ámbito turístico y en el educativo


Redacción / La Voz

Roberto Aboal, arqueólogo de profesión, vio un día que a sus hijos les costaba estudiar historia. Que no se respondían todos los porqués. ¿Por qué el ser humano empezó a cultivar? ¿Cómo pasaron a la Edad de Hierro? ¿Qué significaba la monarquía en la antigua Roma? ¿Y la república? ¿Y el imperio? Como todas las buenas ideas, Tictura nació de una necesidad concreta: explicar de otra manera cómo ha ido evolucionando el ser humano. Intentar responder a todos esos porqués. Darles contexto, aunque no tengan que estudiarlo todo. Y generar interés. Sobre todo, generar interés.

A Yolanda Seoane, arqueóloga de profesión, le gustaba mucho la parte divulgativa de su trabajo en el Instituto de Ciencias do Patrimonio (Incipit) del CSIC, en el que tenía como compañero a Roberto. Se pusieron de acuerdo y así nació Tictura, un proyecto que se gestó a lo largo del 2014 y vio la luz oficialmente en el 2015. ¿Qué es Tictura? Una empresa que crea contenidos didácticos digitales sobre historia y patrimonio y que también ejerce labor de asesoría. Para evitar, por ejemplo, que en una película se vean mamuts en la construcción de las pirámides de Giza. Sí. Ha pasado.

turismo y educación

Tictura se centra en dos frentes: el educativo y el turístico. Han diseñado, por ejemplo, una app que propone una visita guiada por las Torres do Oeste y otra por el castro de Borneiro. Que reconstruye aquellas estructuras de las que hoy solo quedan restos. Que pone a los visitantes frente a su propio pasado. Sus propuestas son muy visuales. Usan dibujos para recrear, por ejemplo, aquel desembarco vikingo en Catoira que hoy se ha convertido en una romería. En su ilustración, no hay ni un solo casco con cuernos. Se ciñen a los hechos históricos hasta el mínimo de detalle.

En las aplicaciones, todas las recreaciones coinciden con los espacios que actualmente son solo cimientos. «Nós, como arqueólogos, non somos quen de saber como era isto. Imaxínate unha persoa que non é profesional», explica Yolanda Seoane. Sus aplicaciones sirven para paliar la deficiencia de explicación de los yacimientos «entre otras cosas porque un ayuntamiento no puede mantener a una persona 365 días al pie de un yacimiento para hacer visitas guiadas». ¿La solución? Colocar un cartel con un código QR para descargar la aplicación, que funciona como guía y además ofrece materiales complementarios.

Algo así ocurre con los materiales para escolares que diseña esta empresa que salió del CSIC. Tienen diversas experiencias que combinan los contenidos de una unidad didáctica sobre diferentes temas, con talleres y visitas didácticas.

Los materiales se pueden quedar en las bibliotecas del centro para que los escolares puedan aprender más allá de las clases cómo era la antigüedad y así saciar su curiosidad. Tienen incluso temas transversales, sobre por ejemplo por qué tenemos diferentes colores de piel, que aborda las migraciones prehistóricas; o sobre la intolerancia a la lactosa, que explica la mutación genética que permitió al ser humano consumir leche de vaca.

Y después, están las visitas didácticas, auténticas expediciones en la que proponen una búsqueda del tesoro a través de distintas pistas. Y los talleres. A través de un teatro kamishibai -un teatro japonés de madera en el que se van desplazando las láminas- Yolanda Seoane va contando la historia de Brica, una niña del neolítico, que permite acercar a los escolares cómo vivían las personas en la prehistoria: qué comían, dónde se resguardaban, con qué se vestían... Brica pierde su cuenco, así que al final realizan un cuenco con barro o con plastilina.

Otra de las propuestas lúdicas se llama Arqueoloxía dos sentidos. Dentro de diferentes cajas meten objetos relacionados con la vida en la prehistoria: pieles, hierbas, carbón, conchas... El alumnado descubre qué es a través del tacto y del olfato. Y además, hay una caja que no encaja: contiene maíz, una planta que llegó con el descubrimiento de América, así que no existía en la Galicia prehistórica.

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